Los senos humanos podrían haberse desarrollado, en parte, como una adaptación térmica para proteger a los recién nacidos del frío. Un nuevo trabajo científico muestra que las madres lactantes mantienen una temperatura más elevada en los pechos, una condición que favorecería el equilibrio térmico neonatal y habría influido en la supervivencia de la especie.
El tamaño y la forma de los senos en las mujeres es un rasgo exclusivamente humano, que nos diferencia de otros primates. Esta característica no tiene una explicación concluyente, ya que no es un requisito para la producción de leche. Además, los senos ya están agrandados en la pubertad, que suele ser mucho antes del primer embarazo.
Transferencia de calor y protección térmica de los bebés
Una investigación liderada por científicos de la Universidad de Oulu, en Finlandia, indica que la temperatura superficial y la morfología de los pechos facilitan la transferencia de calor entre madre e hijo, funcionando como una «almohadilla térmica» para el recién nacido y reduciendo el riesgo de hipotermia neonatal.
El estudio, publicado en la revista Evolutionary Human Sciences, se realizó en una cámara climática y comparó a mujeres lactantes con grupos de control, integrados por hombres y mujeres no lactantes. El objetivo fue medir la temperatura cutánea en distintas condiciones térmicas.
Los resultados muestran que la superficie de los senos en madres que están amamantando se mantiene, de forma sostenida, más calida con respecto a los grupos de control, incluso cuando la temperatura ambiental baja. Esa diferencia térmica, combinada con el tamaño y la forma de los pechos, que permiten un amplio contacto con el cuerpo del bebé, podría mejorar el balance térmico del recién nacido en sus primeras horas o días de vida, cuando su termorregulación todavía es inmadura.
Una posible explicación alternativa para el desarrollo de los senos humanos
De acuerdo a una nota de prensa, los investigadores no afirman que la razón única de la evolución de los senos humanos sea la protección térmica, pero sí ofrecen evidencias experimentales que suman una pieza al rompecabezas evolutivo y permiten un avance para intentar completarlo.
Referencia
Infant’s thermal balance and the evolution of the human breast – a proof-of-concept study. Tiina Kuvaja et al. Evolutionary Human Sciences (2025). DOI:https://dx.doi.org/10.1017/ehs.2025.10024
Habitualmente, las explicaciones alternativas para la evolución de los senos humanos se centran en su utilidad como reservorios de grasa, su papel en la selección sexual o su empleo como señal de fertilidad. Ahora, el nuevo estudio incorpora la hipótesis de la termorregulación neonatal como factor contributivo en la aparición de senos relativamente grandes y permanentes en nuestra especie.
Los especialistas destacan el posible impacto de la diferencia térmica: estiman que el calor adicional transferido por los pechos podría marcar la diferencia entre un recién nacido que mantiene su temperatura corporal y otro que entra en riesgo de hipotermia, un factor crítico para la supervivencia en ambientes fríos o en contextos en los que el calor materno es la principal fuente térmica para el bebé.














