Reconozco un rubor creciente sobre dos casos de información económica que incomodan particularmente. Quizá por ética o por simple derecho individual a la duda sobre su idoneidad. El primer principio es no escribir algo a sabiendas de que es falso. Ya es suficientemente complicado el mundo económico para dar veracidad a algo que se sabe incierto ya desde el minuto cero.
El segundo tabú que intranquiliza es el naciente mercado de la ‘tokenización’ de activos. Se diría que de la mano del token llega la revolución de la inversión del menudeo. No es más el token que un derecho parcial certificado en la red blockchain. El asunto es etéreo, pero está envuelto en contratos. Afectará a cualquier mercado. La ‘tokenización’ causa más angustia si cabe en el caso de la propiedad inmobiliaria. En momentos en los que crece la corriente pública que exige que la vivienda deje de ser un activo de inversión y se transforme en el derecho que se proclama en la Constitución, llega blockchain para facilitar una nueva versión de la multipropiedad a escala planetaria.
Algunas empresas ya están tomando posiciones en este suculento mercado que amenaza con disparar todavía más los precios de la vivienda o los inmuebles, tanto cutres como los de alto ‘standing’. Ya es posible ‘tokenizar’ la propiedad inmobiliaria, ser propietario parcial de un piso en alquiler y recibir ingresos de esa propiedad alquilada sin haberla visitado nunca ni saber siquiera dónde se ubica.
No deseo escribir sobre esta posibilidad de inversión ‘tokenizada’ que a buen seguro triunfará en el futuro, haciendo que los bienes inmuebles pasen a ser percentiles de propiedad, como en las comunidades de propietarios pero a lo salvaje y a nombre de empresas y caseros sin cara. Pero conocer su existencia es imperativo para entender los movimientos políticos que quieren censurar la propiedad más allá de la familia y el uso propio.
Y la ‘tokenización’ llega también para quedarse entre los ávidos de inversión. Ya es posible comprar partes de acciones de cualquier mercado a través de intermediarios. El mercado se está intermediando cada vez más y ya no se hablará de acciones de tal o cual compañía, sino de cuánto dinero se tiene aquí o allá, a través de contratos de derecho y propiedad, de ‘tokens’ virtuales con intermediarios de no se sabe donde. El asunto crecerá en nombre de blockchain y del deseo de participar de la fiesta de las plusvalías de cualquier cosa.
Los expertos ya auguran que el panorama inversor en vivienda cambiará a partir de 2030 de manera drástica. La ‘tokenización’ inmobiliaria podría integrarse plenamente en el sistema financiero global con movimientos de miles de millones. Consideran que la frontera entre activos tradicionales y digitales tenderá a desaparecer, dando paso a un modelo en el que la propiedad, la financiación y la gestión de los inmuebles se articularán de forma nativa sobre blockchain. Eso permitirá que el mercado ‘tokenizado’ represente una fracción estructural del valor inmobiliario mundial, generando un ecosistema más líquido. La ‘tokenización’ será la forma estándar de representar el valor inmobiliario en la economía digital. Será difícil controlar la evolución de los precios. En las técnicas de regateo de mercadillo se negocia primero por partes y después en forma de paquetes. Como en los bloques de las subprime, en los que lo que menos importaba era el activo al que se referían. ¿Recuerdan?













