La desclasificación de nuevos documentos oficiales sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 aporta detalles que respaldan, con informes internos, la actuación del entonces jefe del Estado, Juan Carlos I, en contra de la intentona. Los textos describen las órdenes impartidas para sostener el orden constitucional, las gestiones para asegurar un mensaje televisado y las comunicaciones directas con los mandos militares sublevados. La Casa del Rey no ha querido realizar ninguna valoración sobre los papeles y el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, se ha animado a pedir el regreso del emérito.
Los datos que vieron la luz este miércoles refuerzan la versión de que Juan Carlos I frenó el golpe desde el primer momento, aunque algunos expertos, como ha dicho en TVE el catedrático de Historia Contemporánea Julián Casanova, creen que muchos documentos fueron “destruidos” y no han llegado hasta nuestros días. El estudioso afirmó que ve “clarísimamente” que han “desaparecido” los informes que perjudicaban al exjefe de Estado. Con los publicados este miércoles por el Gobierno, sin embargo, la figura de Juan Carlos I sale bien parada y en parte le ayuda a mejorar una imagen muy dañada desde 2020, cuando saltaron las informaciones sobre su fortuna oculta en paraísos fiscales. Aquellas noticias y el escándalo que provocaron le llevaron a tomar la decisión, pactada con su hijo, Felipe VI, y con el Gobierno, de irse a vivir a Abu Dabi, donde reside desde entonces.
La Zarzuela trasladó un mensaje de “serenidad” a las autoridades civiles y políticas que telefonearon a la jefatura de Estado en las horas posteriores a la asonada
Entre los informes reservados hasta ahora figura uno del Centro Nacional de Inteligencia titulado “Relato de los sucesos de los días 23 y 24 de febrero (…) según fueron conocidos en el Palacio de la Zarzuela”. El documento reconstruye cómo, tras la irrupción del teniente coronel Antonio Tejero en el Congreso, comenzaron a recibirse llamadas de autoridades civiles, representantes políticos e instituciones. A todas ellas, según el texto, se les trasladó un mensaje de “serenidad y calma”, junto con información sobre “la actitud y órdenes” que estaba impartiendo el Rey en contra del golpe.
El informe detalla que el Monarca estableció contacto personal con las capitanías generales y que, ya antes de las 19.00 horas, pocos minutos después de la entrada de Tejero en el hemiciclo, rechazó la intención del general Alfonso Armada de acudir a la Zarzuela, indicándole que permaneciera en su puesto. También recoge la decisión sobre las 19.30 horas de preparar una intervención televisada para fijar la posición de la Corona, pese a que las instalaciones de TVE estaban ocupadas por una unidad militar.
Conversación con Milans del Bosch
Superadas esas dificultades, el Rey grabó su mensaje con uniforme de capitán general poco antes de la medianoche, y la alocución fue emitida a la 1.12 de la madrugada del 24 de febrero. Minutos después, según la documentación, telefoneó al teniente general Milans del Bosch, al que supuestamente esperaban en el Congreso de los Diputados como la “autoridad competente”, para ordenarle la retirada de las tropas desplegadas en Valencia y exigir que Tejero depusiera su actitud. En esa conversación afirmó su “rotunda decisión de mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente” y subrayó que “cualquier golpe de Estado” no podría escudarse en el Rey, porque sería “contra el Rey”.
La desclasificación incluye asimismo un informe del Ministerio del Interior titulado “Campaña contra S.M. el Rey en relación con el 23F”, en el que se analizan los «bulos» y panfletos que, en los meses posteriores, atribuyeron al Monarca una supuesta implicación en la asonada. El texto sostiene que esas versiones buscaban “disminuir la responsabilidad penal de los procesados” y construir un argumento político contra la Corona.
Según ese documento, se “tergiversaron hechos reales” y se “inventaron acontecimientos” para sostener la idea de que el Rey conocía el plan o lo había alentado. Entre los bulos citados figuran los que apuntaban a que habría preparado el golpe en connivencia con determinados mandos y que, al no recibir respaldo internacional, se habría desmarcado para preservar el trono.
En contraste, otro manuscrito intervenido a círculos golpistas (tras el intento de golpe de octubre de 1982) conocido este miércoles identifica como uno de los “fallos” de la asonada de 1981 el haber “dejado al ‘borbón’ libre”, en referencia a no haber controlado al jefe del Estado. El texto critica que se actuara con él “como si fuese un caballero” y plantea la necesidad de establecer mecanismos coercitivos en futuras intentonas, lo que apunta a que no contaban con su respaldo.
La documentación ahora desvelada detalla, además, cómo durante el juicio los acusados invocaron reiteradamente al Rey para introducir dudas sobre su conducta, y cómo determinados sectores difundieron versiones que cuestionaban su papel. Con los informes oficiales desclasificados, el relato institucional sobre la oposición del Monarca al golpe incorpora nuevos elementos documentales que describen órdenes directas para frenar la asonada y comunicaciones destinadas a sostener el marco constitucional en las horas más críticas de la Transición.
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