Diego Álvarez Bada trabaja como sobrecargo de aviación en la línea bandera de México. Es fundador y presidente de la peña «La villa de Quini», la primera y la única peña sportinguista oficial en México y fuera de España. Hasta diez veces al año vuela a España para ver los partidos del Sporting.
Hay madrugones que se justifican solos. El del domingo parecía uno de ellos. El Sporting recibía al Valladolid en El Molinón con la oportunidad de asaltar de una vez los puestos de playoff.
Horario de tortura un domingo a las 7 de la mañana para los que seguimos al Sporting desde este lado del charco. Y enfrente, un rival herido y golpeado, en horas bajas, con cambio de entrenador y más dudas que certezas, Mala señal. Es justo en esos momentos cuando los equipos suelen reaccionar.
El partido comenzó como para justificar el madrugón. Minuto 6 y un golazo de chilena de Juan Otero. Una ejecución casi perfecta, balón entrando muy cerca de la escuadra. De esos goles que pueden estar entre los mejores de la temporada sin duda alguna. El Sporting golpeaba primero y todo parecía encarrilado.
Pero tras el 1-0, el equipo se fue apagando. Cedió terreno, permitió al Valladolid tocar y ganar confianza. Otra vez esa sensación de conformismo después de adelantarse. Y cuando parecía que el descanso llegaría con ventaja rojiblanca, llegaron los errores. Minuto 44 y 45+3. Dos desajustes defensivos. Dos goles evitables. Del 1-0 al 1-2 en apenas unos instantes. De la tranquilidad al desconcierto.
En la segunda parte tocó remar. Más corazón que claridad. Y a diez minutos del final apareció el empate, centro de Otero y cabezazo de Pablo Vázquez para el 2-2. El colombiano cerraba el partido con un golazo y una asistencia. No fue suficiente para completar la remontada.
El punto sabe a poco. Más aún viendo el calendario que se viene: CD Leganés, FC Andorra, CD Castellón, UD Las Palmas, Deportivo de La Coruña y el Racing de Santander en El Sardinero. Un tramo exigente donde cada punto será oro.
Por eso era imperativo ganar en casa ante un rival que llegaba en una situación extrema. El Sporting volvió a hacer un poco de “levanta muertos” para el Valladolid, tal y como llegaba, rescatar un punto en El Molinón es un resultado más que digno. Incluso pudieron llevarse los tres.
Este empate deja algo más que dos puntos perdidos. Deja preguntas. Cuerpo técnico y jugadores tienen que sentarse, mirarse de frente y decidir hacia dónde quieren ir. Si este va a seguir siendo un equipo en construcción, irregular, capaz de lo brillante y de lo desconcertante en cuestión de minutos, o si de verdad quiere convertirse en un equipo competitivo que salga cada partido a imponer condiciones y a pelear de lleno por el playoff.
Porque así, no alcanza. No es suficiente con destellos, ni con golazos aislados, ni con reacciones tardías. Si el objetivo es estar arriba, el margen de error tiene que reducirse al mínimo. Tienen que analizar qué está fallando, qué deben corregir y, sobre todo, si están dispuestos a dar ese paso definitivo que separa a los aspirantes de los que se quedan en el intento. El playoff no se escapa por grandes derrotas, sino por partidos como este.
A las siete de la mañana de México, Esas ambiguas horas que mezclan al borracho y al madrugador, el Sporting dejó escapar una oportunidad de estar donde lleva semanas queriendo estar. Y en esta liga, cada paso atrás pesa. El Sporting no terminó de decidir si quería amanecer en puestos de playoff… o seguir trasnochando en la orilla.












