Ya estamos en las puertas de la semana grande de Castelló, las fiestas de la Magdalena. Ya en prensa y radio y en otros medios aparecen los profusos programas festivos. Nombramiento de reinas, damas, pregoneros, gayateros y demás personal festivo. Todo está anunciado y dicho en espera del día grande.
Pero, a veces nos preguntamos, quién era María Magdalena y, quizá, no nos remontemos tanto a la santa cuanto a la celebración festiva.
De los santos se ha hablado mucho, pero menos, históricamente hablando, de las santas. María, la Magdalena, natural de Magdala, al parecer, fue, sin duda, discípula y apóstol de Jesús, testigo directo de la resurrección y transmisora primera de la noticia a las mujeres y hombres de aquel momento. Su familiaridad con Lázaro, María y Jesús es proverbial como aparece en la Biblia. Apóstol de los apóstoles, decía el papa Francisco. Evangelizó en Roma, Alejandría y Éfeso.
Huevo rojo
Se habla de ella parcamente, incluso se cuenta algún hecho prodigioso o milagroso como cuando visitó al emperador Tiberio para comunicarle que Cristo había resucitado, y éste, despectivamente, le respondió algo así como que este huevo es rojo, y, al punto, el huevo que tenía en sus manos el emperador, se volvió rojo. Anecdótico, pero real. De ahí que se propagara el caso y se otorgara a María Magdalena la tradición del huevo rojo de Pascua, tan popular en las culturas centroeuropeas.
Desde que Jesús sacó aquellos siete demonios que la atormentaban, la vida de María Magdalena discurrió por los caminos del bien y el servicio a Jesús. Ser el centro de nuestras fiestas es un honor para los castellonenses.
Profesor















