el detalle que cambió todo

Así transformó Joaquín Torres la casa de Gonzalo Miró en La Finca

La vivienda de Gonzalo Miró se ubica en La Finca, en Pozuelo de Alarcón, uno de los entornos residenciales más exclusivos de la Comunidad de Madrid. Según datos oficiales del Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, disponible en su portal institucional Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, esta zona destaca por su baja densidad, altos estándares de seguridad y amplias zonas residenciales.

En este enclave privilegiado, el colaborador televisivo dispone de un chalet adosado de aproximadamente 600 metros cuadrados distribuidos en cuatro plantas. La propiedad incluye ascensor interior, piscina privada y una terraza exterior de más de 75 metros cuadrados. Sin embargo, cuando decidió acometer la reforma junto al estudio A-cero Arquitectos, el objetivo principal no era ampliar, sino redefinir.

Un proyecto firmado por A-cero Arquitectos

El encargo recayó en el estudio fundado por Joaquín Torres y Rafael Llamazares, conocido por un estilo contemporáneo de líneas rectas, materiales nobles y una marcada presencia de contrastes cromáticos. La intervención no buscó romper con la arquitectura original, sino potenciar sus volúmenes y corregir la sensación de frialdad inicial.

El punto de partida era un interior con exceso de tonos neutros mal equilibrados y una iluminación que no aprovechaba del todo la entrada de luz natural. La estrategia fue clara: ordenar espacios, reforzar ejes visuales y apostar por una identidad estética coherente en todas las plantas.

De fría y oscura a elegante y sobria: el cambio decisivo

El verdadero giro del proyecto llegó con la redefinición del concepto cromático. Lejos de optar por una paleta clara uniforme, el estudio apostó por introducir negros profundos, contrastes intensos y piezas artísticas de gran formato. Esta decisión permitió transformar la percepción espacial sin alterar la estructura.

El salón como núcleo visual

El salón principal, situado en una de las plantas superiores, articula la vivienda. El suelo de mármol blanco actúa como base reflectante, multiplicando la luz procedente de los grandes ventanales. Frente a esa claridad, los sofás negros y las mesas de centro oscuras generan un contraste elegante y medido.

La chimenea y la zona de relax consolidan una atmósfera sofisticada. Destaca una obra vertical en tonos rojos, naranjas y amarillos que introduce dinamismo y rompe la monocromía. Esta pieza artística no solo decora, sino que estructura visualmente el espacio.

Comedor y cocina: contraste calculado

El comedor, separado mediante puerta corredera de cristal, mantiene la coherencia estética. Una mesa rectangular de cristal convive con sillas en blanco y negro, reforzando el equilibrio entre luz y oscuridad.

Uno de los elementos más llamativos es la pared pintada íntegramente en negro. Lejos de reducir luminosidad, actúa como fondo escénico para una gran obra pictórica y aporta profundidad visual.

La cocina mantiene esa línea sobria. Mobiliario en madera, superficies negras y electrodomésticos en acero inoxidable componen un conjunto funcional y minimalista. Aunque el propio Miró ha reconocido que no utiliza con frecuencia esta estancia, su diseño responde a la misma coherencia estética que el resto de la vivienda.

Dormitorio y zona privada: equilibrio y calidez

En la planta superior se encuentra el dormitorio principal. Aquí el ambiente cambia ligeramente para introducir mayor sensación de descanso. La cama vestida en blanco, las mesillas simétricas y los bancos oscuros a los pies aportan equilibrio visual.

Un baúl de inspiración vintage funciona como cómoda, añadiendo textura y personalidad. De nuevo, el protagonismo recae en una gran obra abstracta sobre el cabecero, consolidando la presencia del arte como hilo conductor del proyecto.

El pasillo distribuidor integra armarios empotrados en los laterales, optimizando almacenamiento sin interferir en la estética general. El baño privado mantiene materiales sobrios y líneas limpias, reforzando la continuidad visual.

La terraza con piscina: amplitud exterior

La terraza exterior de más de 75 metros cuadrados constituye uno de los espacios más destacados. Accesible desde el salón, amplía la zona social hacia el exterior.

El mobiliario blanco de la zona chill out contrasta con el interior oscuro, generando un efecto de transición. Sofás, cojines y mesa de centro comparten protagonismo con la piscina privada y las hamacas orientadas al descanso.

La coherencia estética como eje del proyecto

La reforma de Joaquín Torres no consistió en añadir elementos llamativos, sino en redefinir la identidad visual de la vivienda. El uso estratégico del negro, la integración del arte contemporáneo y la optimización de la luz natural transformaron una casa inicialmente fría en un espacio elegante y sobrio.

Así transformó Joaquín Torres la casa de Gonzalo Miró en La Finca: un proyecto que demuestra cómo el contraste bien ejecutado puede cambiar por completo la percepción de un hogar sin alterar su estructura original.

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