Se conoce como déjà vu (en francés ‘ya visto’) esa sensación intensa y breve de ya haber experimentado en el pasado una situación actual. Se trata de algo común que a menudo se describe como «un fallo en la memoria«, pues realmente esa nueva vivencia no se ha vivido con anterioridad. ¿O realmente sí? A menudo, la realidad puede ser traicionera y tiende a imitar sucesos del pasado. El caso de Fernando Alonso con Honda es otro ejemplo más.
Y es que en estos tiempos donde la fabricante de motores nipona parece estar haciendo nuevamente de las suyas con el asturiano, conviene echar la vista atrás para recordar esa época donde Fernando Alonso contaba sus carreras por abandonos y sus años por caminos por el infierno. Fue cuando el bicampeón del mundo atravesaba su segunda época en McLaren, motorizado por aquel entonces por Honda con un trágico final.
Un desamor sin excusas
Todo empezó en 2014 cuando la marca con sede en Woking puso fin a casi dos décadas de afiliación con Mercedes para volver con Honda en 2015. Se trataba de una alianza de sobras conocida y claramente ganadora que repercutió en cuatro de cinco títulos mundiales para ambos desde 1988 hasta 1992. ¿Qué podía salir mal? La verdad es que todo, y es que en la nueva era híbrida y con un cambio masivo de reglamentación, los japoneses empezaron con mucho retraso.
Fernando Alonso, con su McLaren Honda / VALDRIN XHEMAJ / EFE
La pretemporada de 2015 fue una de las épocas más oscuras del ‘Alonsismo‘ en España. La ilusión por volver a McLaren, la nueva motorización, la esperanza de conseguir la tercera corona tras las dos decepciones finales en Ferrari… pero nada de eso salió como esperaba el asturiano. Ese 2015 terminó decimoséptimo del mundial, su peor posición histórica solamente superado por Minardi, y tuvo que abandonar en ocho de los dieciocho Grandes Premios disputados esa temporada.
Y no solo fue el triste rendimiento de McLaren o la nula potencia del motor Honda del coche, que era superado en recta por cualquiera y cuando no lo hacía era porque estaba parado en mitad de pista acusando fallos mecánicos. Lo que más quedó en la memoria fue una frase: «GP2 engine, un motor de GP2«, explotó Fernando por radio en 2015 en Suzuka. La incapacidad del motor Honda llevó al asturiano a la desesperación y fueron múltiples las salidas de tono de Alonso por radio esa temporada. La imagen del motorista japonés quedó tocada a ojos y oídos de todo el mundo.
Condenado a repetir el pasado
2016 fue mejor, pero para nada lo que Alonso se esperaba. Décimo en el Mundial, el McLaren mejoró sus prestaciones, pero Honda no acompañó. Y llegó 2017, un auténtico punto de inflexión en la carrera del asturiano. Terminó decimoquinto, 17 puntos en todo el año y una sensación de que su etapa en el Gran Circo se estaba acabando. Mientras Lewis Hamilton ganaba mundiales con Mercedes sin despeinarse, el asturiano luchaba por pasar de Q1 cada fin de semana. Y eso a un campeón como Fernando fue como una auténtica puñalada en su orgullo.
Empezó a poner la vista en otras categorías: Fernando quería ser mucho más que un piloto de Fórmula 1. Se quedó en McLaren con la promesa de que el coche mejoraría sus prestaciones sin Honda y con la llegada de Renault como motorista en 2018, pero la realidad fue otra bien distinta. Ese mismo año, Alonso anunció su retirada de la F1 harto de las continuas decepciones, frustrado por su reciente desamor con Honda, uno de sus máximos archienemigos en toda su carrera, y con ganas de probarse en otros lares.
La fabricante de motores japonesa, tocada también en su orgullo, se unió a Red Bull y demostró que sí eran capaces de ganar en la época híbrida. Fernando volvió, primero a Alpine y luego a Aston Martin, y en 2026 sus caminos se han vuelto a cruzar con Honda. Y la sensación es tristemente parecida con la vivida en 2015 y 2017. El motor Honda es el que menos ha rodado en pretemporada, se habla de un déficit cercano al 5% y los problemas de fiabilidad son un constante en el coche verde. Un déjà vu que puede tener el final más trágico de todos.

Fernando Alonso, con Honda / VALDRIN XHEMAJ / EFE
Y es que Alonso ya se conoce la película con la fabricante japonesa. Con la posibilidad tangible de que esta sí sea su última temporada en la F1, un año en blanco sin brotes verdes y reviviendo su experiencia con McLaren-Honda sería, con total seguridad, el punto y final del asturiano en la categoría reina. Solo un milagro puede evitar a estas alturas que se repita la historia.














