España tiene una población cada vez más envejecida, lo que provoca tanto un aumento de personas mayores que viven en residencias como un incremento de la complejidad que presentan en cuanto a pluripatología, movilidad y deterioro cognitivo. Sin embargo, el déficit estructural de enfermeras que sufre España también provoca que, en los centros residenciales para mayores, haya una «escasez» de estos profesionales «que pone en peligro» la atención a los residentes, su salud y les priva de la mejor calidad de vida posible en la última etapa de su vida, según denuncia el ‘Informe sobre la necesidad de proteger la presencia de enfermeras en centros residenciales’, elaborado por el Consejo General de Enfermería y publicado este martes.
El estudio ha surgido a petición de las propias profesionales sanitarias que trabajan en residencias, que son testigo, cada día, de la escasez de manos en el ámbito de la enfermería y del intrusismo profesional. Ante ello, pidieron al Consejo que analizara la situación y el primer problema obstáculo con el que se han encontrado es la falta de datos en torno a cuántas profesionales trabajan actualmente en centros residenciales y cuáles son sus condiciones reales.
El informe señala que una «estimación aproximada» indica que el número de enfermeras en residencias para personas mayores es de unas 20.000 en toda España, «una presencia claramente insuficiente» teniendo en cuenta que hay 356.200 usuarios en 5.188 centros, el 95% de ellos con alguna discapacidad y con una fuerte presencia de fragilidad, pluripatologías y dependencia. Ante ello, algunos datos sugieren que el 75% de las enfermeras delegan funciones y competencias al personal gerocultor, debido a la ausencia de estas profesionales en todos los turnos, especialmente por la noche, cuando se agudizan muchas de las patologías de los internos.
Más mortalidad
El problema es que la evidencia científica indica que a menos presencia de enfermeras en centros de mayores, más probabilidad de «deterioro en la salud y de incremento del sufrimiento» de los usuarios. El motivo es que estas profesionales se ocupan de las curas complejas, como las úlceras por presión, muy presentes en este tipo de pacientes, también de la medicación, de la prevención de caídas, de las sujeciones, de las emergencias, del liderazgo de equipos sanitarios y, por tanto, su ausencia implica «más eventos adversos, más hospitalizaciones evitables y más mortalidad».
«El rol de la enfermera es estructural, no complementario», ha subrayado en la presentación del estudio Guadalupe Fontán, coordinadora del Instituto Español de Investigación Enfermera (IEIE), que ha elaborado el informe. El déficit se asienta en un vacío legal, dado que ninguna normativa, ni estatal, ni autonómica, obliga a las residencias públicas y privadas a tener enfermera las 24 horas del día. Frente a ello, el Consejo reclama que se cree la categoría de enfermera especialista en geriatría, que se equiparen las condiciones laborales de las profesionales que trabajan en estos centros y otros espacios sanitarios y que se blinde por ley sus funciones y su presencia obligatoria.
“No queremos medicalizar las residencias, pero sí mejorar la calidad asistencial y evitar el intrusismo profesional. Los datos de los que disponemos indican que hay unas ratios de enfermera por residente muy dispares y bajas, lo que pone en riesgo la calidad de vida y de los cuidados a las personas con mayor dependencia”, ha indicado Diego Ayuso, secretario general del CGE.
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