La jornada 27 de la Liga Hypermotion dejó en El Molinón un reparto de puntos entre el Real Sporting y el Real Valladolid, en un partido con muchas alternativas tanto en el juego como en el marcador y con un resultado justo a tenor de lo visto sobre el terreno de juego. El Real Valladolid, con nuevo técnico, en posición de descenso y con una enorme necesidad de puntos, planteó un plan de partido muy definido, fiel a los modelos habituales de Fran Escribá: un 1-4-2-3-1 en el que destacaron dos pivotes que aportaron equilibrio y orden, como Ponceau y Juric, acompañados por tres medias puntas muy móviles y ofensivas —Peter, Chuki y Canós—, dejando en punta al poderoso Latasa, enorme su partido tanto con balón como sin él.
El Real Sporting, sin modificaciones en su modelo de juego, recuperaba a dos futbolistas importantes como Curbelo en la parcela defensiva y Otero en la ofensiva. Destacó la presencia de Smith en el doble pivote junto a Manu Rodríguez, utilizando a sus cuatro centrocampistas interiores por dentro en fase de recuperación para unir a Dubasin con Otero en ataque, mientras Guille y Oliván atacaban los espacios exteriores. El inicio de partido fue muy bueno por parte de los locales: presión alta, recuperaciones continuas, buenas transiciones y control del juego, impidiendo que el rival pudiera sacudirse el dominio. De ahí llegó el gol de Otero, que adelantaba a los rojiblancos.
Cuando parecía que el encuentro seguía el guion marcado por Borja Jiménez, los pucelanos comenzaron a encontrar a su referencia ofensiva, Latasa, cuyo enorme trabajo permitió a su equipo ganar metros, coger aire y facilitar que sus jugadores más creativos recibieran el balón en zonas más adelantadas. Además, incomodó el juego local, obligándolo a defender muchos metros más cerca de su propia área.
Con mejores sensaciones, aunque sin generar excesivo peligro, el Real Valladolid se fue adueñando del tramo final de la primera parte y aprovechó dos errores locales para marcharse al descanso incluso con ventaja en el marcador. Una mala defensa de un balón parado en el primer palo y un desajuste grave en una salida a una presión innecesaria echaron por tierra muchos minutos de buen trabajo rojiblanco, dando vida a un equipo tremendamente necesitado.
La segunda parte comenzó con la entrada de Gaspar por Smith, lo que permitió a Corredera y Gelabert recuperar sus posiciones naturales. El objetivo era abrir el campo, buscar mayor profundidad por fuera e intentar encontrar a Gelabert en posiciones interiores, donde tanto daño suele hacer a la espalda de los centrocampistas rivales.
El Real Valladolid optó entonces por defender más cerca de su área, con la clara intención de reducir espacios y tiempo al rival, impedir transiciones y aprovechar cualquier desajuste local para cerrar el partido. El plan pucelano había cambiado con la ventaja en el marcador. A los locales, con un ritmo de balón lento y poca agresividad para generar ventajas individuales o colectivas, les costaba enormemente superar a un rival cada vez más cómodo en bloque bajo. No aparecían las situaciones de desborde necesarias para desarmar una defensa bien organizada.
La entrada de Queipo llevó al Sporting a jugar claramente con dos puntas —Dubasin y Otero—, dos bandas —Queipo y Gaspar— y los continuos desdoblamientos de los laterales. El equipo fue decididamente a por el partido, más con el corazón que con la cabeza, más empujado por su gente que por argumentos futbolísticos. Así llegó el gol del empate, fruto del testarazo de un central como Vázquez, que apareció en ataque más por empuje que por acciones bien elaboradas para superar a un rival muy encerrado en su campo.
El reparto de puntos fue justo en un partido en el que ninguno de los dos equipos logró un control total ni del juego ni del resultado. Un Real Valladolid que, pese a encajar un gol muy pronto y vivir una situación deportiva y anímica complicada, fue capaz de no venirse abajo y competir a un nivel excelente, acorde al potencial real de una plantilla muy por debajo de su rendimiento actual.
Un Real Sporting que, tras un buen inicio y una ventaja temprana, tuvo muchas dificultades para manejar el partido y que, con dos errores groseros, dio vida a un rival que probablemente habría sufrido mucho más si se hubiera marchado al descanso por detrás en el marcador.Este equipo es claramente mejor cuando Corredera y Gelabert actúan en sus hábitats naturales; un equipo al que le cuesta atacar bloques bajos y que se siente mucho más cómodo con espacios, y que cuando no comete errores graves en defensa siempre está cerca de ganar.Hay partidos en los que no estás bien, no estás cómodo y eres incapaz de superar al rival. En ese tipo de encuentros es clave no perder y seguir sumando. Ayer -domingo- se recuperó un punto no por juego ni por iniciativa, sino por empuje y orgullo. Puede parecer poco hoy, pero en una competición tan larga e igualada como esta puede acabar siendo muy importante.















