El ecosistema de los activos digitales en España vive un punto de inflexión. Lo que hace apenas unos años era un territorio reservado a tecnólogos y entusiastas de las criptomonedas, hoy se ha convertido en un eje estratégico para la gran banca.
BBVA, Santander y CaixaBank preparan ya el lanzamiento -de forma conjunta o individual- de una stablecoin (una moneda digital estable vinculada al euro) para 2026.
El movimiento marca un antes y un después: los mismos bancos que durante años desconfiaron de Bitcoin abrazan ahora su tecnología de base, la blockchain (cadena de bloques digitales donde cada nuevo bloque contiene datos) , con el objetivo de construir una nueva capa de dinero digital regulado y seguro.
El giro se produce en un contexto de alta volatilidad del mercado cripto. En octubre, una corrección fulminante borró más de 19.000 millones de dólares en valor, mientras el Bitcoin retrocedía desde sus máximos históricos -por encima de los 125.000 dólares- hasta estabilizarse cerca de los 108.000.
Pero, a diferencia del pasado, la gran banca no busca especular. Su apuesta pasa por aprovechar la tecnología para crear una infraestructura financiera más transparente, eficiente y competitiva.
Del repudio a la adopción
El cambio de rumbo tiene un detonante claro: la entrada en vigor del Reglamento Europeo de Mercados de Criptoactivos (MiCA). Este marco normativo, pionero en el mundo, da seguridad jurídica a empresas y usuarios y obliga a las instituciones a posicionarse.
Durante el evento MERGE, celebrado en Madrid a principios de octubre, el mensaje fue unánime: hemos pasado de preguntarnos «si esto va a ocurrir» a «cómo lo integramos en la economía real», en palabras de Javier García de la Torre, director de Binance España y Portugal.
El reglamento MiCA clasifica las stablecoins ancladas a una moneda oficial -como el euro- como tokens de dinero electrónico (EMT). Un token no es más que una representación digital de un valor o activo en una red blockchain. En este caso, cada token equivale a un euro real, lo que garantiza su estabilidad.
La normativa exige que por cada euro digital emitido exista un euro físico o su equivalente en activos líquidos y seguros, asegurando así la fungibilidad, es decir, la posibilidad de intercambiar cada unidad por otra idéntica en cualquier momento.
Franca Loches, product manager de la plataforma de pagos Sipay, destaca que tecnologías como la blockchain y la inteligencia artificial «han pasado de verse como una amenaza para la banca a ser infraestructuras sobre las que construir nuevos servicios financieros«.
A su juicio, el interés actual no está en la especulación, sino en la eficiencia: «Una stablecoin es, en esencia, dinero fiat (el euro de toda la vida) convertido en un activo digital. Su potencial es enorme, sobre todo en pagos internacionales entre empresas europeas y latinoamericanas».
¿Qué es una stablecoin y cómo de segura es?
Para quien no esté familiarizado, la stablecoin de la banca no debe confundirse con una criptomoneda volátil como Bitcoin o Ethereum. Se trata, en esencia, de un euro digital privado (ya que estará vinculado al euro) que permitirá a los bancos aprovechar la tecnología blockchain.
Representación Bitcoin, Ethereum y otras criptomonedas. / ARCHIVO
¿Qué tipo de seguridad tendrán? Este es el punto central. Bajo la regulación MiCA, estas monedas digitales están obligadas a mantener reservas de activos equivalentes y segregadas al 100% del valor de los tokens en circulación.
Es decir, por cada ‘euro digital’ emitido por el banco, debe haber un euro real depositado en una cuenta bancaria o en activos muy líquidos y seguros. Esto garantiza la fungibilidad 1:1 con el euro en todo momento, eliminando el riesgo de quiebra o la ‘desvinculación’ que a veces afecta a otros proyectos cripto.
¿Y qué significa que sea «fungible»? La fungibilidad es una característica básica del dinero: quiere decir que cada unidad vale exactamente lo mismo y puede intercambiarse por otra sin pérdida de valor. Igual que un billete de 10 euros sirve para pagar cualquier compra y puede sustituirse por otro billete idéntico, una stablecoin bancaria debe poder cambiarse en todo momento por un euro real, sin variaciones en su valor.
«La diferencia esencial es la confianza», apunta Loches. «El dinero ya era, en cierto modo, una forma de valor tokenizado: primero oro, luego papel», continúa, pero las stablecoins aportan por primera vez la fungibilidad 1:1 entre el activo digital y su respaldo real. Eso reduce el miedo tradicional del usuario: la volatilidad.
¿Por qué lanzarse ahora?
La banca tradicional ha entendido que el riesgo ya no es la volatilidad, sino el «error de no participar» en esta nueva capa de liquidez global. La motivación es doble:
- Eficiencia operativa. Reducir costes y tiempos en pagos y liquidaciones transfronterizas (por ejemplo, pagos B2B).
- Competencia con stablecoins en dólares. Crear una alternativa europea robusta frente al dominio de las stablecoins ancladas al dólar.
Desde Sipay apuntan que esta oportunidad se está acelerando también porque grandes tecnológicas y plataformas ya se han movido: «Amazon, PayPal o incluso Walmart están experimentando con sus propias stablecoins«.
Revolut, como fintech, está captando clientes que antes eran exclusivos de la banca tradicional. «Es lógico que los bancos respondan creando su propio ecosistema digital estable», afirman en Sipay.

Imagen de archivo de un centro logístico de Amazon en Dortmund. / ARCHIVO
¿Qué se podrá hacer con ellas? Inicialmente, se prevé que estas monedas se integren en el core banking para:
- Pagos inmediatos. Realizar transferencias y pagos instantáneos, las 24 horas del día y a bajo coste, superando las limitaciones del sistema tradicional.
- Liquidación de activos tokenizados. Facilitar la compraventa de activos financieros «tokenizados» (acciones, bonos, fondos) de forma casi instantánea.
En el mercado europeo ya se están dando pasos. Firmas como Societe Generale-FORGE y Bitpanda han ampliado su colaboración para que los usuarios puedan acceder de forma regulada y segura a sus stablecoins, abriendo la puerta a usos más avanzados, como obtener rentabilidad en finanzas descentralizadas (DeFi) con la confianza de un emisor bancario.
Madurez a pesar de la volatilidad
La decisión de la banca se produce en un momento de mercado tenso, que subraya la dualidad del ecosistema: la madurez institucional frente a la volatilidad especulativa.
El colapso de liquidaciones fue un recordatorio de que, si bien el mercado está madurando, sigue siendo vulnerable a choques externos y al apalancamiento excesivo. Sin embargo, para los grandes jugadores, el panorama es otro.
Joaquín Sastre, director general de Boerse Stuttgart Digital en España, interpreta el reciente máximo histórico del Bitcoin no solo como una validación de su potencial, sino como una «muestra clara de su integración creciente en las estrategias de diversificación de carteras a nivel global».
La entrada constante de capital institucional y la demanda de exposición regulada a través de ETFs de Bitcoin, que ya superan los 165.000 millones de dólares bajo gestión en EEUU, confirman esta tesis.
Víctor Sáez, de Kraken, refuerza la idea de que el 2025 es un año de transición. MiCA está en vigor, pero aún no está totalmente implementada. «Estamos ante el comienzo de un ciclo más largo de maduración que continuará hasta 2026», afirma.
Rubail Birwadker, director global de productos de crecimiento y alianzas estratégicas en Visa, coincide en que esta madurez va acompañada de una nueva ola de innovación: «Las stablecoins están emergiendo como una de las tecnologías más prometedoras para hacer que los pagos digitales sean más rápidos, sencillos y accesibles».

Tarjeta Visa sobre un teclado. / EUROPA PRESS – ARCHIVO
En Visa, también ven un gran potencial en estas nuevas formas de dinero digital para mejorar la manera en que se mueve el valor cada día (ya sea para pagar a un amigo, comprar online o enviar dinero al extranjero).
Según Birwadker, la prioridad de la empresa sigue siendo «la confianza y la seguridad», garantizando que las personas puedan utilizar estas tecnologías con la misma tranquilidad que tienen hoy.
Institucionalización imparable
La hoja de ruta para el sector financiero español está clara: la institucionalización de los activos digitales es imparable. El futuro del dinero pasa por la convivencia de la moneda oficial con su versión digital privada, garantizada por las mismas entidades que hasta hace poco las repudiaban, todo bajo la supervisión y seguridad de la normativa europea.
En palabras de Loches, «la banca y las fintechs ya no compiten en quién tiene la tecnología, sino en cómo la integran con la confianza del usuario«. Una visión compartida por Birwadker, quien apunta a que el verdadero desafío de los próximos años no será tecnológico, sino cultural: hacer que el ciudadano perciba las stablecoins como una evolución natural del dinero, no como una amenaza.
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