Cuando en el otoño pasado la fiscalía de Milán abrió una investigación sobre los llamados safaris humanos en Sarajevo —esos supuestos viajes de turistas occidentales para matar a civiles durante el terrible asedio (1992‑1996) que sufrió la capital bosnia—, el periodista Domagoj Margetić sintió reconocido el trabajo de toda una vida. Margetić (1974), que se obsesionó con el caso ya en los noventa no sin incurrir en alguna controversia, decidió incluso ir más allá y acusó al actual presidente serbio, Aleksandar Vučić, de haber sido parte de aquel horror. Algo que Vučić ha negado rotundamente, tachando de mentiroso a Margetić —de nacionalidad croata, pero también serbio ortodoxo por religión— y achacándole el querer culpar a los serbios como únicos responsables de los crímenes cometidos durante las guerras balcánicas.
Pero el terremoto provocado en Serbia no hizo dar marcha atrás a Margetić. Este mes de febrero también convenció a una de sus fuentes, un exsoldado de las unidades regulares de la parte serbobosnia, para que saliera al descubierto, diera su testimonio a la prensa británica y se pusiera a disposición como testigo de la investigación italiana, que está avanzando de manera incierta. «Lo hice porque desde septiembre tres testigos cruciales de este caso murieron de forma inesperada. Creo que hay más posibilidades de ganar a la lotería que de que esto pase», relató en esta entrevista con EL PERIÓDICO. En ella también aseguró poseer un extenso archivo de pruebas sobre el caso —algunas publicadas en sus redes sociales—, entre ellas transcripciones de entrevistas, vídeos y documentos de la época, incluidos «500 folios tan solo del archivo del grupo paramilitar de Slavko Aleksić», señalado por diversas fuentes como el encargado de estos presuntos paquetes turísticos para disfrutar de la muerte ajena.
¿Desde cuándo investiga crímenes de guerra cometidos en las guerras de los Balcanes?
Desde los noventa. He investigado unos diez grandes casos e incluso he prestado testimonio en casos judiciales en Serbia y Croacia, entre otros, por crímenes cometidos por fuerzas croatas en la ciudad de Sisak contra civiles serbios. Y esto es interesante porque ahora el presidente serbio me acusa de culpar solo a los serbios, pero la mayoría de mis investigaciones ha sido sobre crímenes cometidos por croatas.
Me imagino que Vučić le ha dicho eso después de que lo acusara de formar parte de la unidad paramilitar acusada de los safaris humanos en Sarajevo.
Sí, y también dijo que soy un ustaša [aliados croatas de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial]. Es una paradoja porque, por religión, soy serbio ortodoxo y parte de la familia de mi madre fue asesinada en el campo de concentración de Jasenovac [en territorio croata], que era uno de los campos de los ustaša, mientras que el padre de mi padre fue condecorado por la lucha antifascista.
Civiles corren en la conocida como avenida de los francotiradores de Sarajevo, protegidos por un tanque de la ONU, en abril de 1995. / RIKARD LARMA / AP
¿Cuándo empezó a investigar el caso de Sarajevo?
La primera vez que oí hablar de eso fue en 1995 y, al año siguiente, conocí a un agente bosnio, Nedžad Uhljen, que había abierto una investigación y al que luego presionaron para que la cerrara, incluso desde la mismísima presidencia bosnia. Pero él era de la vieja escuela, bien entrenado, y se negó a hacerlo. La última vez que lo vi, en junio de 1996, me dijo que habían ordenado su asesinato; no le creí en ese momento, pero en septiembre de ese año le mataron en el centro de Sarajevo.
Entiendo que Aleksandar Licanin, un antiguo voluntario en una unidad serbobosnia y quien dice haber presenciado estos hechos, ha aceptado atestiguar ante la fiscalía de Milán. En caso de que finalmente los fiscales le llamen, ¿cree que es de fiar su testimonio?
Absolutamente sí. Yo mismo lo entrevisté y sé que él conoce muchos detalles; detalles que solo alguien que estuvo allí puede saber, como el camino y el checkpoint exacto por el que entraban estas personas. Ese checkpoint se llamaba Vraca. También me ha entregado un papel oficial de República Srpska, en el que se atestigua que él fue voluntario de una unidad de las fuerzas regulares serbobosnias que estaba estacionada en el área de Grbavica y el cementerio judío desde el cual disparaban.
¿De qué nacionalidades eran estos turistas‑francotiradores?
Él ha hablado de italianos, alemanes, estadounidenses, españoles, rumanos.
¿Españoles?
Pero él no los vio, solo oyó hablar de españoles. Sin embargo, no ha sido mi única fuente. Otros siete antiguos soldados, entre ellos algunos exvoluntarios de la unidad paramilitar que gestionaba estos viajes y otros de las fuerzas regulares del Ejército serbobosnio, también me relataron de cazadores españoles en la zona de Grbavica, en Sarajevo. Los conozco en persona [a estos exsoldados]; lo que no he podido es reconstruir mucho más.
Margetić hace aquí también una distinción entre las fuerzas consideradas regulares de la parte serbobosnia y la unidad paramilitar de Slavko Aleksić que, según sus investigaciones, el testimonio de Licanin y otras fuentes, estaba a cargo del macabro negocio. En concreto, según él, la unidad paramilitar en cuestión tenía una autorización especial para pasar por los controles, lo que impedía a los demás soldados hacer demasiadas preguntas sobre sus movimientos, aunque después de las cacerías el grupo y sus clientes lo celebraban en restaurantes.
Si lo he entendido bien, usted ha hablado con al menos nueve testigos que dicen haber visto lo que ocurría. ¿Quiénes son los otros?
En su mayoría, antiguos miembros de la unidad paramilitar liderada por, que se llamaba Unidad chetnik de Novosarajevo. Pero Aleksić murió hace poco [en diciembre pasado], algo muy conveniente, al igual que otros dos miembros de la misma unidad, que se encargaban de asuntos logísticos y que también murieron desde que en septiembre se supo de la apertura de la investigación italiana. Estos últimos dos vivían en Serbia, mientras que lo curioso de Aleksić es que, pese a que todos en Sarajevo sabían que él era uno de los principales responsables de atemorizar a la población de la ciudad, siguió viviendo en Bosnia y nunca nadie lo arrestó.
Murieron…
Sí. [Eran miembros] de la unidad en la que estaba también Vučić. Él dice que miento, pero hay varios vídeos y entrevistas de los noventa, en los que él afirma haber sido un voluntario militar en el cementerio judío de Sarajevo. Por eso, me pregunto: ¿a cuál Vučić hay que creer, al de antes o al de ahora? Incluso hay un vídeo de 2006 que encontré en el que dice que fue voluntario allí y que conocía todo rincón.
¿Qué opina de la investigación en Italia?
No lo sé. Tenemos que esperar. Pero, respecto al primer sospechoso llamado a atestiguar por la fiscalía de Milán, este [excamionero] italiano, la información pública que se ha difundido no convence. Parece que no tienen nada, solo la historia que él cuenta. Si de verdad estuvo allí, las preguntas son: ¿de dónde sacó el dinero? ¿Quiénes eran los otros [turistas‑francotiradores] que formaban parte de su grupo? Para todo el viaje y la experiencia de disparar a civiles, los organizadores les pedían miles de marcos alemanes, una cantidad de dinero que no creo que un camionero pudiera tener. Además, yo tengo el nombre de otro italiano, su nombre y apellido, y él viajó en un grupo de cinco. He enviado esa información a los fiscales. Si quieren de verdad reconstruir la verdad, tienen que investigar cómo funcionaba el sistema en su conjunto.
¿Las autoridades bosnias están colaborando?
No les creo. Están muy conectados al entorno de Vučić. Una fiscal, la encargada de los crímenes de guerra, incluso recibió una condecoración de Vučić que era para su padre.
¿Alguna otra autoridad judicial de los países ha contactado a estos supuestos turistas‑francotiradores?
Nadie. Una diputada del Congreso estadounidense sí pidió públicamente que el FBI investigue a los implicados de EE. UU. Lo interesante es que entre los organizadores también había uno, que sigue vivo, de origen serbio pero nacido en Nueva York. Tengo varias imágenes y un vídeo de cuando llevaban a estas personas a posiciones de francotiradores.
Margetić ahora explica que había tres rutas a través de las cuales los turistas‑francotiradores llegaban a Sarajevo, siendo la principal desde Belgrado, y que posee documentos firmados por Aleksić en los que se lee que esa unidad era la única a cargo. También asevera que en el grupo había voluntarios rusos y que la unidad tenía una conexión con el Partido Radical Serbio [del que fue miembro también Vučić hasta 2008 y cuyo presidente y fundador era Vojislav Šešelj, condenado en 2018 por crímenes de guerra por La Haya]. Estima además que en total los clientes pudieron ser entre 200 y 300.
¿También hubo safaris humanos en otras ciudades bosnias?
Sí, en Mostar, pero esos los organizaban las fuerzas croatas.
¿Croatas?
Sí, el HVO [la principal fuerza militar de la República Croata de Herzeg‑Bosnia, entidad autónoma croata en Bosnia y Herzegovina, activa durante la guerra de Bosnia entre 1991 y 1994]. Estos llegaban a través de Split, que era la forma más segura de llegar.
¿Pero esto no está conectado con los safaris de Sarajevo?
No. Ocurrió en el mismo período, de 1992 a 1995, y no hay una investigación sobre ello. Pero testigos han hablado de italianos, alemanes, canadienses y húngaros. Hay mucha menos información sobre esto.
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