Todo empezó con un pequeño gouache de Eusebio Sempere, propiedad de Soledad Sevilla, que acompañó a la artista durante el traslado de su estudio de Madrid a Granada. «Me había quedado con unas borriquetas, una puerta que hacía de mesa y el cuadro de Sempere, que me gustaba una barbaridad y no me separaba de él nunca. Estaba con el cuadro y nada más y me puse a trabajar. Fue ese cuadro en color el que me inspiró esa serie», cuenta la artista valenciana, que ayer inauguró su primera exposición en el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA).
Sevilla (Valencia, 1944) ya visitó el MACA el pasado año, cuando recibió el Premio Sempere que concede el Ayuntamiento de Alicante y decidió donar al museo seis dibujos a lápiz, bocetos preparatorios de la serie, que se muestran ahora por primera vez enfrentados a los grandes lienzos en la exposición Soledad Sevilla [Esperando a Sempere], que se puede contemplar hasta el próximo 17 de mayo.
Soledad Sevilla, junto a la primera versión en color de la serie «Esperando a Sempere» de la exposición, instalada en el MACA hasta el 17 de mayo. / PILAR CORT´ÉS
El título de la exposición, como relata Sevilla, también fue fruto de las circunstancias, ya que encargó unos lienzos de un formato determinado y llegaron con unas medidas un poco mayores y, mientras llegaban las telas buenas con el formato correcto se puso a pintarlos con color. «Me ponía a pintar esos esperando que me llegaran los formatos que yo consideraba oportunos para la serie de Sempere», explica la pintora, que ya dejó ese título a toda la serie.
Soledad Sevilla y Eusebio Sempere se conocieron a finales de los años 60 en el Centro de Cálculo de la Universidad de Madrid -donde IBM puso una computadora a disposición de los artistas para sus creaciones- y compartió con él el gusto por la abstracción geométrica y la línea, que aún reivindica la pintora en su obra.

El «gouache» de Sempere que motivó la muestra de la artista valenciana / PILAR CORTÉS
Ella ve cincuenta años después la obra de Sempere «con la misma admiración» que entonces, «sin nostalgia», pero «no se sabe por qué -explica sobre el germen de la serie de Sempere- hay un momento, una sacudida, y dices ‘tengo que hacer eso’ y pones en marcha algo que ya estabas incubando, que se quedó adormecido y de repente apareció en Madrid, en esa soledad de esa casa vacía, ese traslado y el cuadro de Sempere».
Esperando a Sempere formó parte de la gran retrospectiva dedicada a la creadora en 2024 en el Reina Sofía, comisariada por Isabel Tejeda, que luego viajó al IVAM en 2025, y que incluía ese homenaje al artista de Onil.
La exposición, una experiencia física envolvente
La muestra en Alicante es más amplia que esa última serie y reúne medio centenar de obras en un espacio creado en el MACA «con el fin de que la contemplación se convierta en una experiencia física, un estar rodeado, un meterse dentro de la pintura», como señala la comisaria y conservadora del MACA, Rosa Castells, que considera a Sevilla (Premio Velázquez, Premio Nacional de Artes Plásticas) una de las grandes artistas del panorama nacional, «que ha exprimido durante más de cinco décadas los límites entre la pintura, la luz y el espacio».

Soledad Sevilla y la conservadora del MACA, Rosa Castells, en la exposición / PILAR CORTÉS
En la exposición figuran obras de Sevilla de los años 60, como los acetatos, que también se exhiben por primera vez; las obras de la pintora de las colecciones del MACA muy representativas de su trabajo con elementos lineales de los 70. De ahí se salta a la obra realizada 50 años después, con una serie en colores pastel dedicada a la artista canadiense Agnes Martin, también inédita, que acompañan el homenaje al artista alicantino, cuya afinidad poética con él «atraviesa toda la carrera de Sevilla» y donde la línea es protagonista mientras define el espacio, apunta Castells, una línea a veces imperfecta, con vibración, temblor o murmullo, porque muchas se dibuja a mano alzada.
Una geometría blanda y emotiva
La responsable del MACA añade que, con esas pequeñas desviaciones, la abstracción geométrica de Sevilla «incorpora a su obra una poética alejada del rigor de una geometría fría y calculada» y esta muestra «cierra un círculo vital y creativo que al mismo tiempo resulta imprescindible en el MACA», un museo cuyos orígenes están íntimamente ligados al artista alicantino.

Una visitante recorre la exposición instalada en el MACA / PILAR CORTÉS
Soledad Sevilla sigue hoy atraída por la geometría -«siempre me interesó lo mismo, no sabría explicar por qué me desenvuelvo o me explico mejor a través de la línea», aclara- y trabaja en un gran cuadro de 3 x 5 metros desde hace un año «y me queda otro», bromea. «Es una cosa muy minuciosa pero es que a mí me gusta lo que hago, estoy enamorada de mi trabajo y no me cuesta, soy paciente».
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