En los 50 kilómetros masculinos, la prueba reina del esquí de fondo, reservada para el penúltimo día de estos Juegos Olímpicos, Johannes Klaebo amplió una eternidad ya de sobras dibujada. El esquiador noruego ha resignificado los límites de este deporte durante una cita olímpica para la historia. Es el rey de estos Juegos, sin margen para la discusión.
Cuando se derrumbó en la meta, lo hizo sabiéndose ya ganador de su sexto oro en Milán-Cortina 2026. Un hito jamás alcanzado, ganador de todas las pruebas del programa olímpico del esquí de fondo. A saber: velocidad individual, velocidad por parejas, relevos por equipos y las tres pruebas de fondo, de 10, 20 y 50 kilómetros.
11 oros olímpicos
La cosecha se suma a sus tres oros en Pyeoncheang 2018 y a los dos de Pekín 2022 (y una plata y un bronce). En total, 11 campeonatos olímpicos, una cifra que solo palidece antre los 23 oros que cosechó el nadador Michael Phelps. En los Juegos invernales, todos los mitos existentes han quedado atrás, muy atrás, ante esta fuerza de la naturaleza nacida en Oslo hace 30 años.
En su última conquista, este sábado, compartió la mayor parte del recorrido con sus compatriotas Martin Nyenget (plata) y Emil Iversen (bronce). El segundo de ellos quedó atrás en la última vuelta del circuito. Nyenget aguantó el pulso hasta la última subida, pero en ella Klaebo le asestó un estacazo incontestable, marca de la casa.
Otra victoria por aplastamiento
La alegría inmensa de Nyenget al llegar a la meta en segunda posición ejemplifica que hay una categoría para Klaebo y otra para el resto. No se había llevado al autoengaño por alcanzar junto a él el tramo final, simplemente sabía que era la compañía perfecta para alcanzar la plata, el máximo galardón disponible para el resto de los mortales.
Mientras tanto, Klaebo se desplomaba tras cruzar la meta, consciente de que le había pegado otro mordisco inaudito a la historia. El mundo a sus pies, nadie como él. Un mito para los libros de Historia.
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