Desde hace años, los alumnos de los últimos cursos de Ciencias Ambientales de la Universidad Miguel Hernández y los de Ciencias del Mar de la de Alicante visitan periódicamente las instalaciones del puerto de Alicante. El jefe de la División de Sostenibilidad, Javier Jerez, suele ser el encargado de guiar el encuentro y atender a las preguntas de los futuros graduados. Jerez es colaborador honorífico en el campus ilicitano y está acostumbrado a la dinámica.
En el cruce de preguntas y respuestas, «se detectó que el salto de la teoría a la práctica era, como suele pasar, un choque», comenta. Las carencias no estaban en la teoría, sino en la resolución de los problemas. En la búsqueda por facilitar el aterrizaje en el campo profesional, el Puerto propuso crear un curso intensivo para enseñar casos prácticos. «La idea era dar herramientas para que el alumnado supiera qué hacer y cómo ante determinadas situaciones», añade.
Javier Jerez explica que, dentro de la política de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) de la Autoridad Portuaria alicantina, se diseñó la idea y se trasladó a los equipos de ambas carreras. «Ignacio Gómez, de la UMH y Carlos Sanz y Yolanda Fernández, de la UA, son las personas con las que veníamos contactando y lo plantemos como prueba para ver resultados. Al final, decidimos concentrarlo en 14 horas», relata Jerez. Como prueba, no contará como formación reglada, pero los resultados han sido muy buenos y esa puerta queda ahora abierta.
Luis Rodríguez y Javier Jerez, en el centro, con los alumnos de la experiencia piloto. / INFORMACIÓN
Una mini ciudad
La propuesta ha seguido la técnica de «rolplayer» y los 40 alumnos trabajaron repartidos por grupos. Al entrar en clase, todos se convirtieron en empleados del puerto y, como podía solucionar en un contexto real, iban a recibir en sus correos electrónicos diferentes peticiones de compañeros o procedimientos administrativos. «Un puerto es como una pequeña ciudad en materia ambiental. Se puede dar desde la denuncia que te traslada la Policía Portuaria y que te pide que se mida la contaminación acústica, un plan de gestión para el desarrollo de un suelo, una inspección de unas obras o la propia de un vertido en la dársena», detalla el jefe de División de Sostenibilidad.
Jerez explica que no tenían que dar una respuesta, sino que luego se debatía cómo llegar a las soluciones. «La carencia está en el campo del procedimiento administrativo y jurídico. En que ellos vieran cómo se hace un informe y dónde tienen que buscar las respuestas a toda la variedad que les puede salir». «Fue muy intenso y (sonríe) algunos comentarios que nos han escrito no los puedo reproducir; pero me quedo con que les ha sido útil». «Intenso, como poco», puntualiza.
También considera positivo el hecho de mezclar estudiantes de uno grado y otro, pues comparten asignaturas de evaluación de impacto ambiental. Ahora este «aula corporativa» entra en fase de evaluación y, si bien el hecho de que pueda convertirse en un curso que dé derecho a créditos, el responsable de Sostenibilidad de la APA se queda con que, sin duda alguna, la experiencia piloto ha sido mucho más provechosa que una visita a las instalaciones.
La formación exprés la clausuró esta semana el presidente del Puerto, Luis Rodríguez, también es una oportunidad para captar talento y para que este módulo complementario de Gestión Medioambiental Portuaria, muestre el compromiso de la Autoridad Portuaria con la sostenibilidad.












