A tan solo unas millas de la costa valenciana, verdaderos gigantes marinos atraviesan silenciosos una gran autopista submarina. La presencia de cetáceos es cada vez más frecuente en el últmo lustro. Dénia, Xàbia y el Cabo de San Antonio son los escenarios más habituales en cuanto a los avistamientos de estas especies, aunque también se pueden ver en aguas de las provincias de Valencia y Castellón.
En 2025, más de cien rorcuales comunes, la segunda especie más grande del mundo, pasaron frente las costas de la Comunitat Valenciana durante la campaña de estudio que lideraba la Universitat Politècnica de València (UPV). El equipo de investigación de la UPV pudo marcar hasta tres animales con marcas satelitales que permitirán estudiar sus rutas migratorias.No en vano en 2018 se declaró Área Marina Protegida el Corredor de Migración de cetáceos del Mediterráneo, con un régimen de protección preventiva.
Los delfines: habitantes habituales del Mediterráneo
El gigante más habitual en aguas costeras valencianas es el delfín mular (Tursips truncatus). Este tipo de animales frecuenta zonas de poca profundidad y áreas con mucha actividad náutica como el Cabo de San Antonio. Aunque su presencia es mayor en aguas alicantinas, también existen casos de avistamientos en Castellón, donde se documentó un caso excepcional de un ejemplar que sobrevivió más de dos años tras sufrir grandes mutilaciones en su aleta caudal, la cual perdió por completo, y en la aleta pectoral izquierda, parcialmente mutilada.
El hallazgo de este delfín se produjo en Nules, en abril de 2024. Antes de aparecer varado, fue avistado por primera vez en octubre de 2021 y de nuevo en agosto de 2023. Según un estudio del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva (Icbibe) de la Universitat de València, este se trata del caso más prolongado conocido de un cetáceo en libertad con mutilaciones de tal magnitud.
El delfín con las aletas mutiladas, nadando en el mar Mediterráneo. / RAFAEL FABIÁN
Otro delfín muy común en las aguas de la Comunidad Valenciana es el delfín listado (Stenella coeruleoalba). A diferencia del mular, este tipo de delfín suele vivir más alejado de la costa, pero puede acercarse y no son extraños sus avistamientos e incluso los varamientos. El último ejemplar que se encontró en la Comunidad Valenciana fue el pasado 14 de enero en Burriana. El delfín apareció varado en una playa de difícil acceso, una zona poco frecuentada del litoral castellonense. Los varamientos de este cetáceo suponen más del 60% del total de los registrados en las costas del Mediterráneo noroccidental. Se trata de un delfín de pequeño tamaño que rara vez supera los 220 centímetros de longitud.
Por su parte, el delfín común (Delphinus delphis), pese a lo que su propio nombre indica, a día de hoy es menos común en el litoral valenciano. Esos delfines son identificables por la separación entre la oscuridad de su lomo y la claridad de su vientre, el típico aspecto que se nos viene a la cabeza cuando nos imaginamos un delfín. Siguen siendo animales muy frecuentes en el Atlántico, en las franjas costeras de la Península y en Canarias, pero en el Mediterráneo es cada vez más difícil su avistamiento, aunque no imposible.
El calderón gris, también llamado delfín de Risso, es un cetáceo presente durante todo el año en la Comunitat Valenciana y se alimenta principalmente de calamares y cefalópodos. El conocido formalmente como Grampus griseus suele vivir en taludes y aguas algo más profundas, por lo que sus avistamientos son más complicados que los de otras especies. El último varamiento conocido en la Comunitat Valenciana de un ejemplar de calderón gris se produjo en agosto de 2022.
Ballenas y tiburones, también en nuestras aguas
El rorcual común (al que habitualmente nos referimos como ballena) no es el cetáceo más común en aguas costeras. Es la segunda especie de ballena más grande del mundo y suele ser más habitual encontrarla en mar abierto y en el Corredor Migratorio del Mediterráneo, que va desde Alicante hasta Girona y supone un espacio de alto valor ecológico. No obstante, ocasionalmente sí se acercan a la costa y a los puertos, con apariciones como la del pasado lunes en el Real Club Náutico de València. El animal, que apareció en un espigón del Club Náutico, era una hembra de rorcual común (Balaenoptera physalus) de nueve metros de longitud y 6,5 toneladas de peso y todo apunta a que llevaba ya un par de días muerta en el momento de su hallazgo.

El rorcual común de 9 metros, tras ser sacado del agua. / Levante-EMV
Aunque su avistamiento no sea de los más comunes, el tiburón blanco (Carcharodon carcharias), también se ha documentado en aguas valencianas. El último ejemplar que se localizó en la Comunitat Valenciana se capturó accidentalmente hace tres años, el 20 de abril de 2023, y los investigadores del Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), junto con la Universidad de Cádiz, confirmaron su identidad el pasado martes 10 de febrero. La captura se produjo frente al Cabo de la Nao de Xàbia, a unas 11 millas náuticas de la costa alicantina.
El equipo investigador llevó a cabo también una exhaustiva revisión de registros históricos y evidencias indirectas desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad. Gracias a este análisis, consiguieron concluir que la presencia de esta especie, aunque infrecuente, se mantiene muy persistente en el Mediterráneo español.
Sin duda, estos animales tienen muy mala fama gracias al cine de terror y a la cultura popular, pero lo cierto es que las incidencias con humanos son escasas, por lo que no suponen un riesgo relevante. Además, el tiburón blanco desempeña un papel fundamental en el funcionamiento de los ecosistemas marinos. Los investigadores subrayan que “los grandes depredadores marinos cumplen una función clave en el equilibrio del océano. Como especies altamente migratorias, conectan diferentes regiones y contribuyen al buen estado del medio marino”.
Por desgracia y como consecuencia de la pesca ilegal y la falta de regulaciones comerciales, esta especie está catalogada como Vulnerable por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y se encuentra en riesgo de extinción en aguas del Mediterráneo, estimándose una reducción de entre el 30 % y el 50 % de la población mediterránea a lo largo de las tres últimas generaciones.
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