La que está en esa cama no soy yo. Es un fotomontaje

Esta misma semana, Gisèle Pelicot, quien fuera violada por más de 50 hombres durante 10 años por culpa de su marido, que le suministró sustancias nocivas, publicó ‘Un himno a la vida’, sus memorias. Unas en las que empieza explicando la horrible manera en que se enteró de lo que su marido, Dominique, le había hecho.

Gisèle describe en el libro que, en un principio, su marido debía declarar en comisaría el 2 de noviembre después de que un guardia de seguridad del supermercado Leclerc (cadena francesa) descubriera que había grabado a varias mujeres por debajo de la falda. Pero, tras recibir una llamada del suboficial Perret, de la comisaría de Carpentras, todo cambió.

Ejemplar del libro ‘Un himno a la vida: Mi historia’, la autobiografía de Gisèle Pelicot, que salió este martes a la venta en 20 idiomasZipi / EFE

Ella pensaba que, al subir al despacho, encontraría a Dominique. Pero no estaba. El suboficial quería hablar solo con ella. Ese momento lo cambió todo. «Me preguntó la fecha y mi lugar de nacimiento. Mi apellido de soltera, los nombres de mis padres y cómo nos habíamos conocido mi marido y yo. Además, me preguntó cómo describiría la personalidad de mi marido. -Un hombre bueno y amable. Un tipo genial, por eso seguimos juntos», contestó, primero, Pelicot.

Sin embargo, las preguntas del suboficial tomaron una dirección radicalmente distinta. Así lo recuerda la víctima en su libro. «Me preguntó si recibíamos a amigos en casa. Le contesté que nuestros amigos venían a cenar a casa a menudo, y cuando me pidió que le describiera una velada típica, le dije que no teníamos una rutina concreta, que éramos unos viejos. Me preguntó a qué hora me iba a dormir, si a la misma que mi marido, y si me echaba una siesta después de comer. Sus preguntas me sorprendieron un poco«, reconoce Gisèle.

Tras ello, llegó la pregunta que lo rompió todo. Cuando Perret le preguntó si Dominique y ella practicaban el intercambio de parejas, Gisèle explica que «ya no entendía nada. Me oí responderle que no, jamás, qué horror. Me oí balbucear que no podía ni imaginármelo. Que no soportaría que otros me tocaran. Que para mí debe haber sentimientos», explicaba. No era consciente de lo que el suboficial le iba a mostrar.

Perret le reveló, primero, que acababan de detener a Dominique por violaciones agravadas y por administrar sustancias nocivas. «Creo que lloré. Sacó una foto y me la tendió. Una mujer con liguero está acostada de lado. Un hombre negro tumbado detrás de ella la penetra. No reconocía a los individuos. Ni a esa mujer. Tenía las mejillas muy flácidas. La boca muy caída. Era una muñeca de trapo«, describe Pelicot en el libro.

Dominique Pelicot
Dominique Pelicot, en una imagen de archivo

El suboficial le siguió mostrando más imágenes. Y Gisèle seguía en estado de shock. «No oía lo que me decía el policía. O, mejor dicho, lo oía, pero no tenía nada que ver conmigo. Era como el eco lejano de una voz. […] La que está inerte en esa cama no soy yo. Es un fotomontaje. Lo ha hecho alguien que odia a Dominique», creía, en un primer instante, la víctima.

«El policía soltó una cifra. Supuestamente, cincuenta y tres hombres habían venido a nuestra casa a violarme. Pedí agua. Tenía la boca paralizada. Una psicóloga se unió a nosotros en el despacho. […] Mi cerebro se detuvo en el despacho del suboficial Perret«, dice Gisèle en sus memorias, libro que se publicó esta misma semana.



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