A estas alturas de la pretemporada, y con los test ya concluidos, se puede afirmar con tranquilidad que Aston Martin ha firmado una de las pretemporadas más decepcionantes y sonrojantes de la era moderna de la Fórmula 1. Un bochorno absoluto, un ridículo enorme que deja muy tocados a los aficionados, especialmente a los seguidores de Fernando Alonso, que tenían puestas muchas esperanzas en este cambio de normativa. Las expectativas eran altas. El nuevo reglamento debía ser el punto de inflexión, el momento de dar un paso adelante real y consolidarse en la pelea con los grandes. Sin embargo, lo visto en pista, lo poco que se ha visto, ha estado muy lejos de ese escenario. Problemas, dudas y una falta de rendimiento evidente han marcado unos test que han encendido todas las alarmas.
Resumen de la pretemporada y el romance Honda – Alonso / dazn
Parece mentira. Con la inversión millonaria de Lawrence Stroll, con un nuevo túnel de viento el más moderno y sofisticado de la Fórmula 1, con el fichaje del que para muchos es el mejor ingeniero de la historia la llegada de Adrian Newey y con un cambio de motorista que, sobre el papel, parecía una jugada maestra, suponía otorgarle libertad total de diseño a una mente privilegiada. Palabras mayores. Era, salvando las distancias, como darle un pincel a Picasso o un balón a Messi. Un lienzo en blanco para uno de los grandes genios técnicos del automovilismo. El contexto invitaba a soñar. Y luego está el regreso de los viejos amigos de Fernando Alonso. Honda. Esos mismos que, tras años de evolución, venían de dominar la era reciente junto a Max Verstappen. Campeones desde 2021 con la excepción de la pasada temporada, pero siempre arriba. Es indecente lo que ha pasado este año, y no admite comparaciones simplistas con aquel proyecto de McLaren junto a Honda en 2015. En aquella etapa, la marca japonesa regresaba a la Fórmula 1 moderna sin experiencia reciente, en plena adaptación a una normativa híbrida compleja y a un entorno técnico completamente distinto al que habían dejado años atrás. Ahora el contexto es radicalmente diferente. Honda ya no es un recién llegado: ha sido campeón del mundo desde 2021 junto a Max Verstappen, ha desarrollado una unidad de potencia dominante y conoce perfectamente las exigencias de la era híbrida.
Honda se fue para volver
Honda se desligó de la Fórmula 1, no quería saber nada a largo plazo. Anunció su salida, Red Bull asumió el reto, compró patentes, retuvo parte del conocimiento y varios ingenieros se integraron en la estructura de Milton Keynes para dar forma a lo que hoy es Red Bull Powertrains. La transición parecía clara: continuidad técnica bajo otro nombre. Pero de repente Honda volvió a escena. Volvió porque quería seguir en la Fórmula 1, porque el nuevo ciclo reglamentario ofrecía una oportunidad estratégica. Y no conviene olvidar que buena parte de lo que hoy es el motor de Red Bull tiene base Honda. Hay herencia técnica, hay conocimiento compartido, hay raíces comunes. Entonces surge la pregunta inevitable: ¿por qué es tan distinto? ¿Por qué existe una diferencia tan abismal de rendimiento entre un proyecto y otro, nadie lo entiende del todo.
Problema que Aston Martin esconde
Por primera vez, además, Aston Martin ha asumido el diseño de su propia caja de cambios. Un paso ambicioso que debía reforzar la independencia técnica del proyecto, pero que está generando un sufrimiento evidente. De hecho, el problema sufrido ayer por Fernando Alonso ha disparado las especulaciones. Varias fuentes, entre ellas The Race, apuntaban a que el origen del contratiempo podía estar en la caja de cambios y que Aston Martin quiere esconder a toda costa porque se trata de un componente propio, diseñado y desarrollado íntegramente por Aston Martin. Según distintas informaciones del paddock, tras el incidente se produjeron reuniones internas para determinar quién asumía la explicación pública del fallo. Finalmente, fue Honda quien salió a dar la cara, atribuyendo el problema a la batería. Una versión oficial que, sin embargo, no ha terminado de apagar el ruido.
¿Y el chasis de Newey?
Cuando esas dos piezas fundamentales no funcionan como deberían, todo lo demás queda condicionado. El rendimiento global se resiente, los programas de pruebas se alteran y la lectura real del coche se vuelve confusa. Y ahí aparece la gran incógnita: el chasis. Del chasis, en realidad, poco se sabe. No se ha podido probar en condiciones limpias ni extraer conclusiones firmes por los contratiempos mecánicos. Pero teniendo en cuenta que detrás del concepto está Adrian Newey, cuesta pensar que el trabajo aerodinámico sea el principal problema. Su historial invita, como mínimo, a la prudencia antes de señalar esa área.

Adrian Newey pensativo con el AMR26 / Aston Martin
¿Qué esperar ahora?
Pues, al menos este año, con tanto cambio estructural y técnico, se puede pensar en una evolución superlativa a lo largo de la temporada. Cuando un proyecto es prácticamente nuevo en áreas clave motor, caja de cambios, integración trasera, el margen de mejora también es enorme y más en este año. Ahí es donde entra el factor diferencial: Adrian Newey. Su historial demuestra que sus coches suelen evolucionar mejor que los del resto cuando entiende exactamente dónde está el límite. Según ha confirmado Ted Kravitz en Sky Sports, dentro del equipo existe la convicción de que el potencial está ahí y que, una vez resueltos los problemas iniciales, el rendimiento puede cambiar de forma significativa. Newey, al parecer, lo tiene claro: “Newey tuvo una reunión en la que fue extremadamente directo y positivo con todos: «Sé que esto no está funcionando pero sé cómo voy a sacaros de este lío»» Dijo en una reunión interna.












