La mejora de las infraestructuras hídricas vuelve a situarse en el centro de la agenda del sureste español. La última reunión del Comité Ejecutivo de la Mancomunidad de los Canales del Taibilla ha dejado nuevas inversiones, actuaciones estratégicas y un balance de los recursos empleados que confirma la creciente relevancia de la desalación frente al tradicional aporte del Trasvase Tajo‑Segura.
El organismo ha adjudicado por 3,37 millones de euros la primera fase de la ampliación del sistema Tentegorra-Alumbres, una actuación destinada a reforzar el abastecimiento en Cartagena. El proyecto, con un plazo de ejecución de doce meses, contempla la renovación parcial de conducciones urbanas y la adecuación de conexiones con el depósito de Alumbres.
El presidente del organismo, Juan Cascales, explicó tras la reunión que la intervención busca «mejorar el actual sistema de abastecimiento al municipio», mediante la modernización de infraestructuras clave y la optimización de su funcionamiento futuro. La obra incluye la instalación de una tubería de fundición dúctil de 1.955 metros entre la rotonda del monumento al escudo de Cartagena y la vía verde paralela a la línea férrea Cartagena-Chinchilla, además de nuevas entradas a los vasos del depósito y una conexión de salida hacia el ramal Alumbres-Escombreras.
Más allá de esta actuación, el Comité aprobó contratos de obras, servicios y suministros por 12,7 millones de euros en Murcia, Alicante y Albacete. Entre ellos figura la mejora del ramal de Guardamar del Segura, con 1,32 millones de euros para aumentar su capacidad y fiabilidad, así como el proyecto de planes de emergencia de las presas del Taibilla en Nerpio y el servicio de análisis del agua servida entre 2026 y 2028.
Más desalación que nunca
En el balance hídrico del año hidrológico 2025-2026 (octubre-enero), la producción total asciende a 73,03 hm³, ligeramente por debajo del ejercicio anterior. El reparto confirma el peso de la diversificación: el trasvase aporta el 42,24%, el río Taibilla el 20,20% y la desalación suma ya el 37,5% —25,17% procedente de plantas propias y 12,36% de instalaciones de Acuamed—.
Este equilibrio refleja un cambio progresivo del modelo. Aunque el trasvase sigue siendo la principal fuente, la desalación se consolida como respaldo estructural frente a la variabilidad climática. En los últimos años hidrológicos la tendencia apunta a un aumento del peso de la desalación, especialmente en periodos de restricciones o menor disponibilidad del Tajo-Segura, reduciendo la dependencia exclusiva de transferencias externas.
El seguimiento de la MCT confirma una evolución clara: la desalación se acerca progresivamente al volumen del trasvase. En el arranque del año hidrológico 2025-2026, el agua desalada representa ya cerca de cuatro de cada diez hectómetros cúbicos consumidos, una proporción que hace una década era sensiblemente menor.
La tendencia responde a dos factores: la mayor capacidad instalada y la estrategia estatal de seguridad hídrica. En escenarios de incertidumbre, la desalación actúa como colchón estable, mientras que el trasvase mantiene su papel central pero más condicionado por decisiones hidrológicas, políticas y disponibilidad en cabecera.















