la relación que marca la primavera

Lluvia y alergias: la relación que marca la primavera. Cada año, la intensidad y la duración de los síntomas alérgicos dependen en gran medida de cómo haya evolucionado el tiempo en los meses previos, y este año todo apunta a que no será especialmente favorable para quienes sufren alergia. Las precipitaciones acumuladas, las temperaturas y los periodos de estabilidad atmosférica influyen directamente tanto en el calendario como en la intensidad de la polinización, y en este contexto la meteorología juega un papel clave no solo durante la primavera, sino también en invierno. Los episodios de lluvias persistentes asociados a borrascas, como la reciente borrasca Pedro, aumentan la humedad del suelo y favorecen el crecimiento de la vegetación; es cierto que mientras llueve la concentración de polen en el aire suele disminuir, lo que puede aliviar de forma temporal los síntomas en las personas alérgicas, pero el efecto a medio y largo plazo es muy distinto. Las lluvias abundantes impulsan el desarrollo de especies altamente alergénicas como las gramíneas, el olivo o determinados árboles y, gracias a la humedad acumulada, estas plantas crecen con más vigor y pueden generar una floración más intensa semanas después. Así, tras un periodo húmedo, la llegada del sol y de temperaturas suaves actúa como detonante, se acelera la floración y aumenta de forma notable la producción y liberación de polen a la atmósfera. Por eso, después de un invierno y una primavera marcados por lluvias frecuentes, es más probable que la temporada de alergias sea intensa y prolongada, especialmente cuando, tras las precipitaciones, se instala un tiempo estable con cielos despejados y calor moderado, como el que tendremos a partir de hoy, condiciones ideales para que las concentraciones de polen se disparen con facilidad.

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