España avanza hacia la economía circular, pero todavía muy por debajo de los objetivos europeos. la llamada tasa de circularidad del país se sitúa en torno al 7,4%, muy por debajo del 20% fijado como meta para 2030. Un dato que revela una brecha estructural, por la que aunque cada vez se recogen más residuos, solo una pequeña parte regresa al sistema productivo como materia prima reutilizada.
“Nadie puede hacerlo solo”, advirtió la consejera delegada de Ecoembes, Rosa Trigo. Lo hizo durante la apertura de la tercera edición de Circularity Day que ha tenido lugar hoy en Madrid, encuentro que volvió a poner el foco en la circularidad como palanca de competitividad y en la colaboración multisectorial como condición indispensable para acelerar el cambio de modelo.
Más allá del reciclaje
La tasa de circularidad mide qué porcentaje de los materiales que consume una economía procede de recursos reciclados o reaprovechados, en lugar de materias primas nuevas. Traducido a un ejemplo sencillo: de cada 100 kilos de materiales utilizados en España, apenas siete vuelven a tener una segunda vida dentro de la economía, mientras que el resto se pierde o se reemplaza por nuevos recursos.
En el evento, la consejera delegada de Ecoembes, Rosa Trigo, insistió en que avanzar hacia un modelo circular requiere colaboración entre empresas, administraciones públicas, comunidad científica y ciudadanía.
En paralelo, la organización recordó que en 2024 se superó el millón de toneladas de envases recogidos selectivamente en el contenedor amarillo, un avance relevante que, sin embargo, no se traduce automáticamente en mayores niveles de circularidad dentro de la economía.
Arquitectura, mar y ciencia: ejemplos de cambio
El encuentro sirvió también para mostrar cómo distintos sectores están intentando aplicar la circularidad desde perspectivas muy diversas. El arquitecto Néstor Montenegro, fundador de EXTDUDIO, defendió una arquitectura concebida desde el inicio para desmontarse y reutilizarse, planteando edificios e infraestructuras pensados para renacer tras su primera vida útil.
En el ámbito marino, Anna Lloveras y Mireia de Mas, cofundadoras de Ocean Ecostructures, propusieron aplicar la lógica circular a las infraestructuras oceánicas, transformándolas en soportes capaces de regenerar biodiversidad en lugar de convertirse en residuos al final de su uso.
La ciencia aportó otra vía de innovación. El investigador Stephen Wallace, profesor asociado en la Universidad de Edimburgo, explicó avances que permiten transformar plásticos como el PET en compuestos de valor añadido, mostrando cómo los residuos pueden convertirse en recursos útiles para nuevas industrias.
En cifras, el sistema también muestra avances: en 2024 se superó el millón de toneladas de envases recogidos selectivamente en el contenedor amarillo. Sin embargo, el reto estructural sigue vigente. Si España quiere acercarse al objetivo europeo de 2030, el salto no será solo tecnológico, sino también organizativo: requerirá acelerar inversiones, innovación y, sobre todo, cooperación entre sectores
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