Vienen tiempos revueltos en el Banco Central Europeo (BCE). Según una información del diario británico ‘Financial Times’, la presidenta de la autoridad monetaria de la zona euro, Christine Lagarde, tiene previsto abandonar su puesto antes de que finalice su mandato para facilitar que los presidentes de Francia y Alemania, Emmanuel Macron y Friedrich Merz, puedan jugar un papel importante en la elección de su sucesor y evitar que esta pueda caer en manos de los partidos de ultraderecha de sus respectivos países.
Así, la alta funcionaria francesa, que se incorporó al organismo en noviembre de 2019 procedente del Fondo Monetario Internacional (FMI), dejaría la máxima autoridad del BCE antes del 31 octubre de 2027, fecha en que vence su mandato de ocho años no renovables al frente de la institución. El BCE, en todo caso, ha apuntado que Lagarde «está totalmente centrada en su misión y no ha tomado ninguna decisión sobre el final de su mandato».
Cuestión política
Frente a esta respuesta oficial, fuentes internas del organismo explican que la clave para entender estos movimientos está en el temor al auge de la extrema derecha. En Francia, Emmanuel Macron, que dejará la presidencia en abril de 2027 al no poder presentarse a un tercer mandato, lleva meses recalcando que desea participar en la elección del sucesor de Lagarde al frente del banco. Dada la importancia de Francia en la Eurozona como segunda economía del bloque, la visión de la presidencia gala resulta crucial en el proceso de sucesión del BCE. Las encuestas proyectan como ganadora de los comicios a Marine Le Pen, líder del partido ultraderechista Agrupación Nacional, con destacadas posturas euroescépticas
En Alemania, la extrema derecha también lidera las encuestas. Alternativa para Alemania (AfD), el partido ultra encabezado por Alice Weidel y conocido también por su euroescepticismo, ganaría las elecciones superando por la mínima a la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el partido de Merz, y al Partido Socialdemócrata (SPD), los dos bloques históricos del país. Por ello, Merz ha alcanzado la misma conclusión que Macron: es necesario asegurarse de que un bloque moderado pacta un candidato moderado al frente de un organismo clave como el BCE.
Rumores
En declaraciones realizadas a ‘Bloomberg’ el mes pasado, Lagarde afirmó que aceptó el cargo del BCE en 2019 —tras un acuerdo entre Macron y la entonces canciller alemana, Angela Merkel, que también llevó a Von der Leyen a presidir la Comisión Europea— bajo la impresión de que cumpliría un mandato de cinco años. Estas palabras llevaron a los analistas a pensar que la ejecutiva estaba anticipando una salida temprana de su puesto, como parece confirmar la información de ‘FT’.
El runrún sobre su posible salida, de hecho, empezó a cobrar vida el pasado verano, aunque entonces por una cuestión más personal que política. El expresidente del Foro Económico Mundial, Klaus Schwab, aseguró que la ejecutiva estaba barajando hacerse a un lado para asumir la dirección del organismo que convoca el foro de Davos. Sin embargo, en aquel momento, el BCE salió el paso para desmentir dichas palabras, reafirmando que Lagarde estaba decidida a cumplir su mandato. Desde entonces, el rumor de una posible salida de Lagarde no ha dejado de sonar.
Favoritos
Desde el pasado verano, dos nombres han aparecido repetidamente entre los favoritos para sustituir a Lagarde a ojos de los analistas y expertos: el expresidente del Banco de Holanda, Klaas Knot, y el actual director general del Banco de Pagos Internacionales (BIS) y ex gobernador del Banco de España (BdE), Pablo Hernández de Cos. También han aparecido otros posibles candidatos, como los alemanes Isabel Schnabel (actual consejera ejecutiva del BCE) y Joachim Nagel (gobernador del Banco Central de Alemania), ya que la primera economía del euro nunca ha ocupado la presidencia del BCE.
La composición del comité ejecutivo del banco central es siempre fruto de un delicado equilibrio de intereses políticos y nacionales, en el que la posición de Alemania y Francia es clave para alcanzar cualquier consenso. Además, las quinielas no son infalibles, como demuestra que Lagarde no figurase en ninguna de ellas cuando sucedió a Mario Draghi en 2019, como recordó a principios de año Luis de Guindos, que dejará su puesto de vicepresidente al croata Boris Vujcic el próximo 1 de junio.
Papel de España
El ministro de Economía, Carlos Cuerpo, dio muestras este martes de estar preparándose para los cambios que se avecinan en el BCE. «España quiere tener un rol preponderante en el nuevo consejo, una vez que se renueven los puestos que quedan pendientes, y trabajaremos para ello. Es una buena ventana de oportunidad para España y tendremos la mejor candidatura posible y estamos preparados por si esa decisión se adelanta», aseguró en Bruselas. Además de los mandatos de Guindos y Lagarde, el año que viene vencen los del economista jefe (el irlandés Philip Lane, el 31 de mayo) y la responsable del análisis de los mercados financieros (la alemana Isabel Schnabel, el 31 de diciembre).
Parece en principio difícil que España puede aspirar al puesto de presidente del BCE: el candidato que tendría más opciones reales, Hernández de Cos, es percibido por el Gobierno como cercano al PP y en círculos próximos al Ejecutivo se descarta proponerle. Será clave, eso sí, qué partido esté en el Gobierno y a qué puesto se quiera aspirar en el momento de negociarlo. El hecho de que se pueda adelantar la negociación por la salida anticipada de Lagarde y de que Pedro Sánchez diga tener intención de apurar la legislatura apunta a que la decisión podría quedar en sus manos.
Si se aspira a puesto de relevancia, es posible que el Gobierno pudiera tratar de colocar a alguien afín, como el actual gobernador del Banco de España (José Luis Escrivá), la exministra de Economía Nadia Calviño (actual presidenta del Banco Europeo de Inversiones) o su sucesor, Carlos Cuerpo. Si el Ejecutivo se inclina por buscar un perfil marcadamente técnico, también podría tener opciones Óscar Arce, director general de economía del BCE y exdirector de economía del Banco de España, si bien no es nada habitual que un directivo de su nivel suba a la ejecutiva del organismo. La paridad es también una variable a tener en cuenta en la composición del comité ejecutivo del BCE, lo que puede dar opciones a perfiles como Lucía Rodríguez (consejera del Banco de España) o Montserrat Martínez Parera (asesora del gobernador Escrivá).
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