A punto de cumplirse dos meses desde las elecciones en Extremadura del pasado 22 de diciembre, que supusieron el pistoletazo de salida al nuevo ciclo electoral, y habiéndose celebrado por medio las de Aragón, el pasado día 8, hay más dudas que certezas sobre el horizonte de gobernabilidad en esas dos comunidades. Ambas lideradas desde 2023 por dos presidentes del Partido Popular (PP), María Guardiola y Jorge Azcón, que como hace tres años necesitan el concurso de Vox para revalidar sus mandatos, acortados mediante un adelanto electoral inédito debido a la falta de presupuestos autonómicos. Y sobre todo, hay una gran e inquietante duda, la de si la legislatura autonómica echará a andar en las dos comunidades o si, por el contrario, se repetirán las elecciones.
Desde Génova -donde este lunes se mandó un recado de importancia a Guardiola, al pedirle menos «ruido», tras una sonada entrevista de la presidenta extremeña en OK Diario, donde acercó más que nunca posturas con los de Santiago Abascal– se mantiene el optimismo sobre llegar a un acuerdo, aunque obviamente la campaña en Castilla y León, que comenzará al final de la semana que viene, no ayudará a crear el clima propicio para ello. No obstante, fuentes de la dirección nacional admiten que será más fácil en Aragón que en Extremadura. Algo que explican por la diferente personalidad de Azcón con respecto a Guardiola, y el historial de dura confrontación con Vox de esta última, que súbitamente ha cambiado ahora, hasta el punto de identificarse totalmente incluso con el «feminismo» de los de Abascal, uno de los aspectos que a priori más le diferenciaba de la extrema derecha, hasta el punto de convertirse en una suerte de bestia negra para Vox.
Este, el último de sus vaivenes, explica el toque de atención de Feijóo, a través de la vicesecretaria Carmen Fúnez, una veterana de la formación que este lunes ejerció de portavoz en la rueda de prensa semanal del partido y que reclamó «discreción». No hubo una comunicación más directa, en forma de llamada, pero Guardiola recibió el mensaje con cierta sorpresa. Aunque fuentes del PP extremeño aseguran que tampoco se dan por aludidos: «Trabajar sin ruido y con seriedad, ¿pero si no hacemos otra cosa?», proclaman en forma de interrogación retórica.
Campañas en invierno
Todo ello evidencia que las relaciones entre el PP nacional y el extremeño no atraviesan por su mejor momento, algo que se lleva detectando desde hace tiempo en Génova. Aunque hay una cosa clara: ni como hipótesis se plantean que la solución pase por un cambio de candidata, como alguna vez ha deslizado Vox. Antes hay repetición electoral, deslizan desde Génova. Se da una circunstancia, que afecta también a Aragón, y es el hecho de que al haberse celebrado por primera vez en la historia la cita con las urnas aisladamente, sin hacerlas coincidir con las municipales y con casi todo el resto de las autonómicas, la movilización del PP a nivel municipal se ha resentido.
Un dirigente de peso del partido admite que al no estar en juego su plaza, los alcaldes han tirado menos del carro, algo especialmente sensible para un gran partido como el PP (lo mismo que ocurre con el PSOE) construido y vertebrado de abajo hacia arriba, desde una fuerza municipal que abarca grandes y pequeñas ciudades en cada región de España.
En esta misma línea, además, a casi nadie en el interior de la formación conservadora le pasó inadvertida una carga de profundidad deslizada por el propio Feijóo en una entrevista este domingo en El Mundo, cuando fue preguntado por las elecciones pasadas en Extremadura y Aragón. «Hacer campañas en invierno yo lo desaconsejo. En poblaciones envejecidas, lo desaconsejo. Romper la campaña de municipales y autonómicas por primera vez en la historia en Aragón y en Extremadura ha tenido unas consecuencias…», expresó, si bien añadió, suavizando su mensaje, que «es que no teníamos Presupuestos, no podíamos elegir».
Las palabras del líder de la oposición dejan traslucir un cierto descontento con lo que se suponía que iba a ser el comienzo triunfal de un ciclo electoral diseñado para ir poco a poco desgastando a Sánchez y a su proyecto. Es cierto que los resultados del PSOE han sido malos sin paliativos, y que haber superado el 40% del voto en Extremadura, la región sociológicamente más a la izquierda de España, es una gesta por la que justo después de las elecciones Feijóo recibió la felicitación del líder del Partido Popular Europeo (PPE), el germano Manfred Weber. Pero Génova ha vuelto, de alguna manera, a la peor casilla de salida, la de 2023, donde la difícil gestión de los pactos autonómicos con Vox, no exentos entonces también de ambivalencias, tanto en Extremadura como en otros territorios, fue un factor decisivo para Sánchez, incluso perdiendo las generales, pudiese revalidar contra pronóstico su mandato.
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