Hansi Flick, pese a la prudencia que le caracteriza, pese a llevar año y medio intentando evitar cualquiera de los charcos dispuestos por el entorno azulgrana, se ve en el centro del escenario. Él no se presenta a proceso electoral alguno, pero el hecho de haber mostrado su apoyo inequívoco a Joan Laporta, al fin y al cabo quien aceptó su fichaje por el Barça, y su respaldo a Deco, el director deportivo, le ha expuesto a críticas que van más allá de su labor profesional, de repente puesta en duda.
El derrumbe del Barça en la ida de las semifinales de la Copa frente al Atlético en el Metropolitano (4-0), partido en el que encajó los cuatro goles en el primer tiempo, desnudó las carencias de un equipo que, sin Pedri ni Raphinha –este último ya listo para participar un rato en Montilivi–, pierde el orden y el sacrificio.
Flick, el pasado jueves, no pudo corregirse. Y admitió ayer que incluso visitó el vestuario del árbitro Martínez Munuera para que le explicara por qué había negado un gol a Cubarsí por fuera de juego –una acción en la que el VAR estuvo cerca de ocho minutos para juzgar después de que fallara la tecnología del fuera de juego automático–. «Llamé a su puerta y estuvimos hablando en un contexto tranquilo y calmado», explicó el técnico azulgrana, que ayer no tuvo problemas en asumir que el problema frente al Atlético fue de fútbol y concentración. «Fue una lección para nosotros, pero la vida sigue. Cuando no estamos centrados en el campo, como ocurrió en los primeros 45 minutos, podemos perder. Pero veo confianza».
El caso es que el Real Madrid ganó sin despeinarse a la Real Sociedad el sábado (4-1), por lo que a Flick y sus muchachos les toca ahora remar con el viento en contra y frente a un Girona contradictorio.
La racha negativa de Míchel
El equipo de Míchel lleva toda la temporada dando bandazos, sin acabar de escaparse del pozo. Porque, a la reacción que le llevó a escalar hasta la media tabla, le ha acompañado una serie de tres partidos sin ganar (empates contra el Getafe y el Sevilla, y una derrota contra el colista Oviedo).
Bien haría Flick, eso sí, en cuidar de los graves problemas en la defensa de transiciones que tanto le penalizaron en el Metropolitano. Para ello, el técnico alemán tiene la opción de reclutar a Marc Bernal para que acompañe a De Jong en la base. Más difícil está siendo proteger los costados de Koundé y Balde. El francés no encuentra ayudas de Lamine –tampoco se le pide esa función–, y Balde, los días en que Raphinha no ocupa el extremo, también queda desprotegido. Mientras, Cancelo, el único fichaje de invierno que llegó al Barça ante su presunta polivalencia, continúa esperando su turno para echar por fin una mano.
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