Todavía quedan nueve meses para las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, pero ya han conseguido colarse entre los temas que acaparan la atención de analistas y medios de comunicación de todo el mundo; especialmente desde el momento en que Donald Trump advirtió, por un lado, que si los republicanos perdían el 3 de noviembre el control del Congreso “sucederían cosas malas”. Esto es indicativo de la relevancia que le da el Presidente a mantener tanto la Casa de Representantes (que se renueva en su totalidad, es decir, 435 escaños), como el Senado (un tercio de cuyos senadores también habrán de ser elegidos), además de numerosos puestos a Gobernador y otros cargos estatales.
Por otro lado, también preocupa su obsesión con la “integridad electoral” para que, según Trump, no le vuelvan a robar unas elecciones (como afirma que sucedió en 2020). Esa obsesión lo lleva a promover controles sobre el voto por correo, no aceptar papeletas que lleguen más allá de la fecha señalada, una mayor fiscalización de los centros de votación, e incluso leyes estatales homogéneas y más estrictas en lo relativo a la identificación de los votantes. Habrá que ver en qué queda toda esta nueva normativa impulsada por los asesores más próximos a Trump.
Lo cierto es que, como ya vimos hace un par de semanas en Iowa (donde inició su campaña), el neoyorquino teme que un Congreso dominado por los demócratas pueda revertir sus políticas económicas y fronterizas, verdaderos pilares de su Administración, por lo que está dispuesto a recorrerse todo el país mostrando su característica dualidad. Como ejemplo, lo que hemos visto en Minnesota, Estado al que alude diciendo que “la delincuencia de criminales crueles y horribles se ha reducido significativamente allí”, al tiempo que decide retirar a los agentes del ICE de Mineápolis, e incluso llevar a cabo una más férrea supervisión de su trabajo.
El éxito de Trump en noviembre dependerá de numerosos factores; muchos de ellos de carácter netamente económico. Ya mencionamos aquí la relevancia que tiene para sus electores que sea capaz de contener la inflación. Además, para los inversores, el equilibrio de las bolsas resulta esencial. En general, se trata de mantener un crecimiento económico sostenido. En este sentido, cabe resaltar que el PIB crece más allá del 4%; y eso es bueno (pese a que no llega al 15% con el que dice soñar el neoyorquino, y que apenas se produce salvo tras momentos de crisis económicas severas, pandemias, etc.). Lo que sí es cierto es que el paro sigue en mínimos, en apenas un 4,3%; y Trump cuenta con aumentar las exportaciones, y bajar los tipos de interés a partir de mayo gracias a la pretendida ayuda que le pueda facilitar Kevin Warsh desde la presidencia de la Reserva Federal.
En todo caso, y pese a que su popularidad se ha ido resintiendo con el paso de los meses, todavía queda mucho hasta noviembre, y cualquier nuevo intento de asesinato contra Trump, cualquier sorpresa que nos puedan deparar esos papeles de Epstein que no dejan de sorprendernos, o cualquier giro radical e inesperado en alguno de los múltiples frentes que Estados Unidos mantiene abiertos en el exterior, alteraría la más atinada de las expectativas electorales. Recordemos que en torno al 92% de los demócratas, un 75% de los autoproclamados “independientes”, y un 55% de los republicanos, desaconsejan el uso de la fuerza militar por parte de EE.UU. Lo que sí está claro es que, pese a la pérdida de adeptos entre el colectivo hispano y entre los independientes, el 90% de los votantes republicanos siguen respaldando a Donald Trump.
















