Tony Grox y Lucycalys hubieran dinamitado el Eurovisión que Israel ha secuestrado

El amor al que Tony Grox y Lucycalys cantan es universal. Ruge volcánico y escarpado. Un tanto exaltado. Habla de besos, pero también de adioses. Entra por los poros. Sólo busca abrigar las noches. No hay quien haya podido escapar de él. Por ello, T amaré cala tan rápido. Va directa al tuétano. Y, claro, en tiempos antipáticos, recordar lo que un día templó el corazón resulta fascinante. Hay algo visceral en ella que la vuelve hipnótica. Es un grito de liberación. Un himno popular. Anoche, quedó patente. Fue la única canción del Benidorm Fest capaz de unir a la multitud en torno al mismo sentimiento. Sonó contundente, directa. Como un mantra. Una y otra vez. Suya es la Sirenita de Oro, precisamente, ojo, por haber reivindicado como nadie la necesidad de querer. Sin eufemismos, con la mirada alta.

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