«Canarias sufre un problema estructural de productividad, más profundo que el promedio español». Detrás de esa afirmación se esconde la importancia y urgencia aún mayores que encierra la archinombrada diversificación económica. La tasa media anual de crecimiento de la productividad por hora trabajada en las Islas se ha situado dos décimas por debajo de la media estatal entre los años 2000 y 2022 (0,3% frente a 0,5%), lo que basta para entender el continuo crecimiento de una brecha que está muy lejos de encaminarse a desaparecer. Y lo peor es que sigue incrementándose frente a una tasa de productividad, la española, que ya es de por sí baja en comparación con el resto de los países del mundo occidental.
Las líneas que abren esta información se corresponden con una de las conclusiones principales que contiene el informe Productividad en España. Condicionantes tecnológicos y empresariales correspondiente al pasado año y elaborado por el Observatorio de la Productividad y la Competitividad en España (OPCE), surgido de la colaboración entre la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie).
Las principales organizaciones empresariales de la comunidad autónoma aluden de manera continua en los últimos años a este concepto de la productividad como uno de los grandes problemas que aquejan a la economía canaria. No les falta razón al situarlo en el epicentro de las dificultades con las que se encuentran para ganar competitividad o al menos mantenerse en niveles cercanos a los de otros territorios.
Sin embargo, las propias empresas tienen mucho que hacer según el informe que señala como «principal lastre» no al empleo ni a la inversión, sino a «la falta de mejoras en eficiencia y organización productiva». Dos variables que tienen mucho que ver con los medios y modelos de producción, hace no muchos años sujetos a elección y hoy prácticamente obligados por la carrera tecnológica. «Sin avances en innovación, digitalización efectiva, tamaño empresarial y capital intangible, la brecha con el resto de España seguirá ampliándose», anuncian los autores del trabajo del Ivie y la Fundación BBVA.
La I+D es una puerta abierta para conseguir el salto, pero los esfuerzos no son suficientes. La puntera capacitación en campos como la astrofísica o la robótica, entre otros, no son sino una demostración de capacidad; no hay suficiente volumen de atividad como para propiciar un cambio estructural. El escaso tamaño de las empresas de las Islas –más del 97% no pasan de ser pymes– no tiene fácil solución. Y esta endeblez del tejido productivo aleja la digitalización efectiva aludida en el informe y deja prácticamente en manos de las administraciones la posibilidad de desarrollar la I+D.
La cuota que el turismo ocupa en el PIB explica el origen de los problemas detectados en Productividad en España. Condicionantes tecnológicos y empresariales. El informe coloca junto a las Islas, también con un 0,3% de crecimiento medio de la productividad en los primeros 22 años del siglo a Baleares y Andalucía, otras dos comunidades autónomas en las que la actividad alojativa es esencial para que los corazones de sus respectivas economías continúen latiendo, sobre todo en el caso de la primera de ellas. Solo Murcia 0,2% queda por detrás.
«Canarias mantiene desde 2000 un patrón de crecimiento débil en productividad, sustentado en el empleo y no en la eficiencia», señala el informe por si cabían las dudas. El turismo es intensiva en demanda de mano de obra pero la aportación tiene un escaso valor añadido en la mayor parte de los casos, al contrario de lo que ocurre en la industria, que busca perfiles más especializados. Eso provoca que el valor añadido bruto (VAB) crezca a un ritmo del 1,46% en el conjunto del pais –ya bajo de por sí frente a países mucho más industrializados– y de solo el 1,21% en el Archipiélago.
¿Y cómo se compone esa cifra? ¿Qué variables la llevan hasta ahí? Lo que más aporta, por la ya explicada necesidad de las plantillas voluminosas que prestan servicio en la planta hotelera y extrahotelera, es el trabajo. Es más, por sí solo este factor, que facilita 1,29 puntos porcentuales, ya sitúa a las Islas por encima del 1,21% final que luce. La aportación de este factor trabajo es mucho mayor que en el conjunto del país (0,98 puntos).
A esto hay que sumar la contribución del capital o, lo que es lo mismo, la suma del beneficio, las amortizaciones de deuda financiera, la inversión en adquisición o mantenimiento de los medios de producción… Por esta vía, la media española aporta al crecimiento anual del VAB estatal un total de 0,77 puntos. Se sitúa por encima de la media de las Islas, que es de 0,59 puntos.
Si con los dos factores señalados basta para superar ampliamente el incremento del VAB, ¿qué resta para configurar el resultado final? La productividad total de los factores (PTF), que es la parte del crecimiento de la economía que no llega de la mano del aumento del volumen de trabajo ni de la inversión. ¿De dónde entonces? De la mejora de los procesos, y de ahí la importancia de la digitalización, por ejemplo, y de la organización del trabajo.
«La PTF negativa, mucho peor que la media nacional, (…) sitúa al Archipiélago de forma persistente entre las regiones con peor desempeño productivo de España», señala el informe. Entre 2000 y 2022 esta componente restó cada año al VAB 29 centésimas, en el caso del conjunto del Estado, y 67 centésimas en el de la comunidad autónoma, según las conclusiones del mismo.
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