Fue la mejor actuación de la historia del certamen

Entró a matar. El aplomo con el que Rosalinda Galán zapateó el Benidorm Fest fue volcánico. No bajó la mirada ni un instante. Quería llevar la libertad que enarbola en Mataora a otra dimensión. Y, para ello, en homenaje a sus ancestras, no dudó en poner el cuerpo a su disposición. Hay algo tan visceral en esta copla electrónica que la vuelve hipnótica. Estuvo exquisita, contemporánea. No dejó indiferente. Un viaje emocional a través de la Carmen de Prosper Mérimée, símbolo de la liberación femenina, que arrojó entrañas. Desprendió tanta electricidad que fue imposible no dedicarle una mirada. No sólo cantó, contó. Un matiz que, en una cita sedienta de escalofríos, resultó determinante. Era la gran favorita. De hecho, recibió la máxima puntuación del público. Sin embargo, el jurado la dejó sexta en sus valoraciones. 52 puntos le dieron, fulminando cualquier opción de levantar la Sirenita de Oro que se llevaron Tony Grox y Lucycalys. Acabó tercera con 140 votos. Un veredicto que se saldó con abucheos. Y, un día después, ojo, sigue provocando ampollas. Los expertos hablan.

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