Colapso en urgencias por la mayor afluencia de adolescentes y la falta de psicólogos para atenderlos
  1. Un aumento sostenido que preocupa a los profesionales
  2. El entorno digital y la presión social, en el centro del problema
  3. Sueño insuficiente, autoexigencia y soledad
  4. Chicas adolescentes con ansiedad y autolesiones: el perfil más habitual
  5. Urgencias como puerta de entrada al sistema
  6. Crisis puntual o trastorno mental: cómo se diferencia
  7. La falta de psicólogos y recursos agrava la saturación
  8. Familias y escuelas, claves para la detección precoz
  9. Un sistema que pide más prevención y recursos intermedios

La doctora Abigail Huertas, psiquiatra infantil y de la adolescencia y psicoterapeuta en el Hospital Gregorio Marañón, describe un escenario en el que los servicios de urgencias se han convertido en el principal punto de entrada para jóvenes —sobre todo chicas de entre 11 y 18 años— con ansiedad, insomnio, autolesiones no suicidas o trastornos de conducta alimentaria

Urgencias funciona como un dique de contención social cuando el sistema no llega a tiempo”, resume a Confidencial Digital.

Un aumento sostenido que preocupa a los profesionales

Los datos disponibles no permiten fijar una única cifra nacional sobre el incremento de urgencias por malestar emocional, ya que cada hospital codifica los casos de manera distinta. 

Sin embargo, distintos estudios y sociedades científicas alertan de un crecimiento sostenido de las consultas psiquiátricas infantojuveniles desde la pandemia.

El estudio HBSC 2022 (Health Behaviour in School-aged Children; en español: Comportamiento saludable en niños en edad escolar) muestra que el 38,5% de adolescentes de 11 a 18 años en España refiere dos o más malestares psicosomáticos frecuentes —como irritabilidad, insomnio o tristeza— más de una vez por semana

El 51,2 de las chicas

La diferencia por sexo es notable: 51,2% en chicas, frente a 25,2% en chicos. En la práctica clínica, esa desigualdad se traduce en una mayor presencia femenina en las urgencias.

Huertas explica que las series locales en varias comunidades autónomas reflejan también un incremento en las consultas por ideación suicida o conductas autolesivas desde 2020

Sociedades científicas como la Asociación Española de Psiquiatría del Niño y el Adolescente o la Asociación Española de Pediatría han advertido del impacto creciente de las pantallas y del aumento de autolesiones entre menores.

El entorno digital y la presión social, en el centro del problema

Para la especialista, el aumento de jóvenes en urgencias no responde a una única causa, sino a la confluencia de factores biológicos, psicológicos y sociales

Entre ellos destaca el entorno digital, que define como un “nuevo ecosistema adolescente”.

No se trata solo del tiempo frente a pantallas, sino del contenido y de cómo funcionan los algoritmos. Huertas habla del concepto de “exposoma digital”, una idea que apunta a la influencia del entorno online en el bienestar emocional

La exposición a contenidos que refuerzan la desesperanza, las conductas autolesivas o los trastornos alimentarios puede intensificar el malestar, aunque insiste en que la evidencia científica muestra asociaciones complejas y no causalidades simples.

El estudio estadounidense ABCD (Estudio del Desarrollo Cognitivo y Cerebral del Adolescente), que analiza la relación entre actividad digital, salud mental y marcadores cerebrales, sugiere vínculos que deben interpretarse con prudencia

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“No es lo mismo usar el móvil para hablar con amigos que estar expuesto a dinámicas adictivas o humillación online”, señala.

Sueño insuficiente, autoexigencia y soledad

Otro elemento clave es la alteración del sueño y de los ritmos biológicos

El descanso irregular, frecuente en la adolescencia, aumenta la impulsividad y la irritabilidad, lo que favorece crisis emocionales, que terminan en urgencias tras semanas o meses de desregulación.

A esto se suma la presión académica y la comparación social constante. En consulta aparecen la autoexigencia, el miedo a no cumplir expectativas y la sensación de fracaso alimentada por redes sociales

Huertas destaca, además, el impacto de la soledad: estudios realizados en España indican que un 15,4% de adolescentes dice sentirse solo con frecuencia en el último año.

Urgencias del Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña. (Foto: M. Dylan / Europa Press)

“La pandemia no creó el problema, actuó como catalizador de tendencias previas”, afirma. 

La digitalización aceleradala reducción de recursos comunitarios dejaron a muchos jóvenes sin redes de apoyo suficientes, en un momento de mayor demanda asistencial.

Chicas adolescentes con ansiedad y autolesiones: el perfil más habitual

Aunque cada hospital tiene su propia casuística, existe un patrón que se repite en distintos entornos sanitarios

El perfil más frecuente es el de adolescentes —especialmente chicas— con ansiedadinsomniosíntomas psicosomáticosideación autolítica fluctuante y autolesión no suicida

A menudo presentan también trastornos de conducta alimentaria o antecedentes de trauma.

Otro grupo importante es el de jóvenes con dificultades de neurodesarrollo, como TDAH(Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad)trastorno del espectro autista, que pueden desbordarse cuando aumentan las exigencias del entorno o disminuye el apoyo familiar y escolar

También crecen las consultas relacionadas con conflictos familiares, aislamiento social y alta exposición al mundo digital.

Urgencias como puerta de entrada al sistema

La doctora Huertas explica a ECD que muchas familias acuden directamente a urgencias porque es el único lugar donde pueden recibir atención inmediata

Las listas de espera para salud mental comunitaria, la dificultad de acceder a psicoterapia basada en evidencia, y la falta de canales claros de derivación desde los centros educativos, empujan a los jóvenes hacia estos servicios.

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“El sufrimiento se vive como algo que no puede esperar”, explica. 

La consecuencia es que urgencias se convierte en un espacio donde se concentran problemas que deberían abordarse antes, en prevención o en atención primaria.

Crisis puntual o trastorno mental: cómo se diferencia

En la atención urgente, los profesionales intentan responder a tres preguntas clave: si existe riesgo inmediato, si hay deterioro sostenido en el funcionamiento diario, y si el episodio forma parte de una trayectoria repetida.

Una crisis puntual suele estar vinculada a un desencadenante concreto y puede resolverse con apoyo familiar y medidas breves

En cambio, un trastorno mental que requiere seguimiento muestra persistencia en el tiempodeterioro funcional y síntomas específicos como ánimo bajo prolongado o restricciones alimentarias.

Aun así, Huertas insiste en que el diagnóstico no debe precipitarse. En muchos casos se opta por intervenciones breves de psicoeducación, planes de crisis y coordinación con la escuela, mientras se observa la evolución del adolescente.

La falta de psicólogos y recursos agrava la saturación

Aunque existen protocolos y grupos de trabajo en España para abordar la salud mental infantojuvenil en urgencias, la especialista reconoce que el gran reto es la implementación homogénea y la disponibilidad real de recursos

Detectar y contener en urgencias no basta, si después no existe seguimiento accesible.

El aumento exponencial de la demanda ha obligado a invertir en hospitalización y programas intensivos, pero la prevención ha quedado relegada

La falta de psicólogos y profesionales especializados se traduce en largas esperas y en un circuito asistencial que no siempre logra estabilizar a los jóvenes.

Familias y escuelas, claves para la detección precoz

El entorno familiar y educativo desempeña un papel fundamental en la detección temprana del malestar emocional

Huertas destaca la utilidad de los programas de enlace entre salud mental y educación, así como la formación del profesorado.

Entre las recomendaciones para las familias menciona tres ideas: validar el sufrimiento sin dramatizar, observar cambios en el funcionamiento diario —como alteraciones del sueño o retraimiento social— y hablar abiertamente sobre la vida digital de los adolescentes, más allá del tiempo de uso.

La evidencia científica señala que el apoyo familiar y los contextos protectores son factores decisivos para el bienestar emocional durante la adolescencia.

Un sistema que pide más prevención y recursos intermedios

Desde el punto de vista clínico y de salud pública, la psiquiatra considera necesario reforzar la prevención en salud mental comunitaria, mejorar la accesibilidad a la psicoterapia, y crear circuitos intermedios entre la consulta habitual y urgencias, como hospitales de día o equipos móviles de atención domiciliaria.

También reclama una mayor coordinación con pediatría, atención primaria y los centros educativos, además de programas comunitarios que fomenten hábitos saludables, un uso responsable de la tecnología y la prevención del acoso.

La Organización Mundial de la Salud insiste en que una parte importante del sufrimiento adolescente es prevenible si se actúa antes.

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