Cuando le tiemblan las manos y las piernas, la cineasta palmera Mercedes Afonso piensa en el motivo por el que se lanzó a crear El mapa para tocarte, cinta que el próximo 10 de marzo se estrena en la Sección Oficial de Documentales Largometrajes del Festival de Málaga.
«Tengo cierto vértigo. Abrimos la puerta de nuestra casa y da mucho pudor. La razón de ser es una que está por encima del hecho de hacer una película. Como tuvimos que pasar por algo tan difícil, al contarlo siento que podemos ayudar a otras familias en procesos complicados», relata.
Fotograma de ‘El mapa para tocarte’. / LP/DLP
Por ello, la fórmula en la que encuentra la calma es la que combina «ir allí, mirar a los ojos al público, contar por qué lo hemos hecho y desear que le sirva a otros», en palabras de Afonso, para la que hacer este retrato íntimo de su familia y llevarlo a la gran pantalla ha sido una manera de «atenuar el dolor» gracias al distanciamiento que permite la cámara.
Doce años grabando
El mapa para tocarte propone un acercamiento a la experiencia de ser madre atravesada por la enfermedad. A partir de doce años de registro audiovisual de la vida de Airam, hijo de la directora, diagnosticado con TEA (Trastorno del Espectro Autista) y PANDAS (Trastornos Neuropsiquiátricos Autoinmunes Pediátricos Asociados a Estreptococo), se configura un relato que es tanto una herramienta de supervivencia emocional como un acto de amor hacia los suyos.
«La idea empezó hace ocho años, cuando mi hijo tuvo una crisis muy fuerte de su síndrome. Cogí el móvil y le grabé. Lo hice porque no me creían, en ese momento no había información, muchos médicos no sabían lo que era. Lo grabé y, al verle a través de una pantalla, como si fuese el objetivo de una cámara, resurgió esa parte mía de cineasta que se había tenido que parar en seco cuando todo empezó», recuerda Afonso.
«Cuando él mejoró un poco de esa crisis tan fuerte, me di cuenta de que había un material ahí que era para una película. Pensé que era algo muy poderoso, una historia que, si decidíamos contarla, podía ayudar a otra familia. Se lo planteé a mi hijo, que tenía entonces 14 años, y mi sorpresa fue que el me dijo sí rotundamente», añade.
Este impulso inicial fue creciendo con el tiempo y con todo lo que fue ocurriendo alrededor. Mientras la película tomaba forma, la vida siguió avanzando y sumando capas inesperadas: «En medio de este camino pasaron muchas cosas», explica Afonso.
A su hija también le sucedieron episodios difíciles y La Palma quedó marcada por la erupción volcánica de 2021, una fractura física y emocional que atravesó a la isla y que también se filtra en la película.
Sin aviso
El volcán irrumpe en El mapa para tocarte como una presencia inevitable, como paisaje y como imagen simbólica de aquello que estalla sin previo aviso, estableciéndose un paralelismo entre la fuerza y lo inesperado de la naturaleza y la enfermedad de Airam.
En uno de los momentos más significativos del filme, un pasillo separa a madre e hijo y ambos observan el exterior a través de unos ventanales. «Él estuvo muchos meses en casa y miraba el mundo desde ahí. Yo miraba el paisaje y, entonces, en esa ventana, nos aparece un volcán», rememora la directora haciendo alusión a un acontecimiento que destruyó espacios cotidianos, como el colegio de su hija o una finca familiar, y que dejó una herida profunda en el territorio.
No todo lo vivido durante esos años encontró un lugar en la película. Afonso decidió dejar fuera la pandemia, a pesar de que su familia ya convivía con mascarillas y protocolos médicos antes de que el resto del mundo lo hiciera. «Había tanto material que tuvimos que seleccionar», apunta, poniendo el foco en una de las mayores dificultades en el proceso creativo de la película: seleccionar entre 12 años de grabaciones.
Así, el trabajo de montaje se extendió durante cerca de un año, seguido de varios meses de postproducción de sonido. El guion, por otro lado, se fue construyendo en la sala de edición: «Decidir qué queríamos contar fue muy intenso, pero también maravilloso», resume la cineasta, que en esta parte del proyecto estuvo acompañada de la montadora y guionista, Emma Tusell.
«Vivirlo»
Pero la dificultad más grande la encontró más allá de lo técnico: «El mayor desafío ha sido vivirlo», manifiesta Afonso. «En esos momentos, decir ‘voy a seguir grabando’ fue muy complicado. Cuando pasó lo de mi hijo y pasó lo de mi hija, coger el móvil fue muy difícil. Y también preparar el material para montaje, porque he tenido que ver todo otra vez y etiquetarlo», explica la directora.
Con la película a punto de encontrarse por primera vez con el público, la cineasta experimenta esa mezcla de ilusión y vértigo que llega antes de las cosas importantes. La selección en el Festival de Málaga es, en sus palabras, «un regalo de la vida», pero también un acto de desnudez y exposición. Por eso, cuando los nervios aparecen, la directora vuelve a ese impulso inicial de transformar el sufrimiento en un aprendizaje que, desde la gran pantalla, pueda ayudar a quienes lo necesiten.













