Las tensiones en torno al Puerto de València son el espejo de la discusión —a ratos pirotécnica— sobre la relación de la ciudad con el mar. No hace falta remontarse al siglo XV para constatar que la dársena ha sido esencial en la configuración económica y cívica del Cap i Casal, y que la geopolítica contemporánea lo sitúa como un eje clave del comercio y la logística.
El último alcalde, Joan Ribó, nunca entendió de qué iba la película: apenas aparecía por el Consejo de Administración de la Autoridad Portuaria de València (APV) y se dejaba ver en el muelle en alguna de las alegres protestas contra una ampliación que, en la práctica, ya estaba encarrilada. El entonces presidente, Aurelio Martínez —imbuido del populismo adquirido en su nefasta venta del VCF a Peter Lim— la explicaba mal, y sin empatía. El catedrático de Economía Aplicada de la UV se sabía la teoría, pero en aquella época estaba en otras cosas.
María José Catalá lo tiene más claro que Ribó, e incluso que Pilar Bernabé, que quizá debería consultar a Joan Lerma, que se lo sabe tan bien que algunos navieros llegaron a fantasear con su presidencia de la APV durante el periodo octenal del Botànic. La actual presidenta, Mar Chao, mantiene una magnífica relación con la alcaldesa. Es una experta —por formación y especialización— en gestión portuaria, probablemente una de las mejores técnicas europeas en la adaptación tecnológica que necesita el puerto.
Pero carece de ese pedigrí anquilosado que todavía exige cierta aristocracia consignataria. Si a eso se suman las supuestas contrataciones anómalas y los presuntos amaños y cobros irregulares de dietas en el seno de Valenciaport, queda situada en el centro de una diana donde se juegan contratos millonarios y los vaivenes de las rutas marítimas en plena disputa geopolítica. El Puerto de València ya está en la agenda de la estrategia global de la guerra comercial entre Estados Unidos y China.
La fiebre ártica contra la vía mediterránea
No es ningún secreto que la influencia china en el estuario valenciano ha sido determinante en los últimos años: un punto estratégico en la ruta de conexión del intenso tránsito comercial entre Asia y América. Pero los conflictos en el mar Rojo —donde los ataques hutíes han obligado a bordear el continente africano por el cabo de Buena Esperanza— y la vuelta de Trump a la Casa Blanca, con su insistente interés en Groenlandia, han convertido la ruta del Ártico en una alternativa para conectar Europa y la costa este americana con Asia. Un aviso en toda regla para el Puerto de València, líder español del Mediterráneo en tráfico de mercancías en contenedor gracias a su excelente conexión con los principales puertos del mundo.
Corea y la ausente Unión Europea
Ante este panorama, que amenaza el dinámico comercio marítimo mediterráneo, la Unión Europea calla. Cuando reaccione, quizá sea tarde. Quien sí ha movido ficha es uno de los países más pujantes del mundo: la República de Corea, principal rival comercial de China y, probablemente, la democracia asiática más parecida a la occidental. Y es que, al mismo tiempo que las empresas coreanas crecen en el entorno de la factoría de Ford en Almussafes y la nueva gigafactoría de Sagunt, el nuevo gobierno presidido por Lee Jae Myung ha fijado su prioridad en la ruta ártica. Tanto, que en tiempo récord ha trasladado su ministerio de Transportes de Seúl a Busan, para que su puerto sea clave en las nuevas rutas de los portacontenedores surcoreanos por el Ártico.
Navarro, Cano y Martínez Mus
Mientras el gobierno coreano ha trasladado en menos de una semana a miles de funcionarios —y ha forzado cambios de residencia de Seúl a Busan— ante el giro de paradigma comercial, la última trastada en Valenciaport ha sido que el Consell ha sacado del consejo de administración, como vocal, al expresidente de la CEV Salvador Navarro (un gestor conocedor de la logística, por cierto), y ha nombrado en su lugar a la consellera de Industria, Marián Cano, como vocal de la APV. Más allá de la exagerada influencia del clan de La Nucia en el Palau de Juanfran Pérez Llorca, la maniobra deja un poco a los pies de los caballos al conseller del ramo, Vicente Martínez Mus. Otra guerrita interna del PP en un vaso de agua, en medio de una tormenta comercial que amenaza las grandes expectativas del Puerto de València.
Y, por cierto, sin ponerme coreano: ¿no ha llegado el momento de reclamar que Puertos del Estado venga a València?
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