El testimonio de los trabajadores de la mina de Cerredo, en Asturias, que sobrevivieron al grave accidente de marzo de 2025, en el que fallecieron cinco mineros, corrobora las sospechas y denuncias sobre la actividad de la explotación publicadas por LA NUEVA ESPAÑA, algunas de las cuales fueron negadas por el Principado, basándose en las inspecciones realizadas.
Tanto la denuncia ciudadana por correo electrónico (que terminó en una cuenta de la dirección general de Minas que nadie consultó) como las advertencias de un guarda de Medio Natural sobre lo que sucedía en la zona quedan confirmadas a la luz de las declaraciones ante la Guardia Civil de los trabajadores de la mina y que constan en el sumario judicial.
En 2022 se sacaba carbón en el sexto piso
Ese año, sin que la empresa titular de los derechos (Combayl) tuviese permiso para ello, se procedía ya a la extracción de carbón. Así lo declaró a LA NUEVA ESPAÑA el superviviente del accidente mortal que se produjo ese año, al perder el control un camión cargado con carbón procedente de esa explotación. Uno de los trabajadores que sobrevivió a la explosión de 2025 confirma el relato al declarar que «hasta el año 2022, estuvo trabajando en el interior de la sexta planta«. Precisamente sobre esa extracción irregular había advertido con anterioridad al accidente mortal de ese año un guarda de Medio Natural, con un acta que incluía fotos de maquinaria y acopios de maderas en el exterior de la bocamina del sexto piso.
La extracción de carbón se reanudó año y medio antes del segundo accidente
A raíz del siniestro de 2022, la dirección general de Minas paralizó la explotación de Cerredo por los incumplimientos detectados; entre ellos, que se estaba obteniendo carbón irregularmente. Esta paralización concluyó en abril de 2023. Pocos meses después, si bien la empresa había solicitado un permiso para recoger chatarra y acopios viejos de carbón, los mineros recibieron instrucciones para volver a extraer mineral, también sin autorización. El objetivo estuvo esta vez en el tercer piso, que resultaría mortal para cinco trabajadores.
La denuncia ciudadana por correo que nadie leyó tenía razón
La declaración de uno de los trabajadores más veteranos, superviviente del accidente permite además establecer la secuencia de los hechos. Declara que se incorporó a la plantilla de la firma Combayl en agosto de 2023, y que «al poco de trabajar en la empresa» iniciaron los trabajos «en una bocamina por encima de la planta tercera» para comprobar si «tenía viabilidad», aunque desistieron «por encontrarse muy hundida».
Esa descripción coincide con lo relatado por el vecino que envió un correo a la administración alertando de actividad extractiva ilegal en Cerredo, y que reveló LA NUEVA ESPAÑA. Ese correo se remitió en octubre de 2023, y advertía que «se está explotando en un nuevo lugar», incluyendo fotos y vídeos, refiriéndose a una bocamina a la que se accedía por un camino que arrancaba en el tercer piso. Esa denuncia fue enviada por el Servicio de Atención Ciudadana a una cuenta de correo de la dirección general de Minas que nadie abrió. En ese periodo se produjeron dos inspecciones de la dirección de minas (agosto y octubre de 2023) que solo refirieron trabajos de acondicionamiento a la entrada del tercer piso. Nada se habla de actividad en la otra bocamina.
La bocamina «clandestina» de la mina de Cerredo. / D. Álvarez
En enero de 2024 ya comenzó la extracción en el tercer piso
La declaración del trabajador que consta en el informe de la Guardia Civil refiere que tras fracasar el intento de utilizar aquella bocamina, bajaron a la tercera planta en noviembre de 2023 (un mes después de la inspección del Principado). Durante dos meses repararon los cuadros y pusieron maderas. Después, a unos 400 metros desde la entrada de la bocamina, a la izquierda, extrajeron carbón en una longitud de un kilómetro en la «capa María», unas 3 toneladas diarias durante «siete u ocho» meses.
Medidas para simular que la zona estaba abandonada
Tras terminar la extracción en la zona, y finalizada la explotación de esa capa, taparon la entrada «con unos plásticos para que nadie pasara».
Otros dos meses más de extracción
Posteriormente se dirigieron hacia el ramal derecho de la galería, también donde había carbón de la «capa María». Trabajaron durante unos dos meses, en los que obtuvieron entre 18 y 20 toneladas diarias de carbón. Al tiempo que se realizaban labores de arranque allí, otros mineros fueron realizando «trabajos de limpieza de la galería para su continuación hacia el interior«.
El guarda de Medio Natural volvió a «pillar» la actividad
El mismo agente de Medio Natural que antes del accidente de 2022 detectó la actividad en el exterior del piso sexto y alertó sin que nadie tomara medidas, volvió a informar en junio de 2024. Remitió al Principado un exhaustivo informe fotográfico del acopio de madera y material en el tercer piso de la mina de Cerredo. En septiembre de ese año regresó a la zona y fue entonces cuando trabajadores y el propio empresario Jesús Rodríguez Morán le dijeron que se iba a extraer carbón. Lo cierto es que ya se estaba haciendo. Las actas del agente tampoco tuvieron consecuencias.
La única inspección del Principado en ese tiempo no vio nada
La última visita de inspectores de la dirección general de Minas a la zona se produjo en septiembre de 2024. A tenor del relato del trabajador ya se había extraído carbón de la «capa María» y presuntamente se estaría trabajando en preparar el acceso a la zona del accidente, en la llamada «capa Z». Pero la inspección consta de una visita, precisamente, a la zona que ya había sido explotada ilegalmente con anterioridad en la «capa María», según la descripción del acta. El documento elaborado por Minas refiere que se han realizado «labores de limpieza» y se ha adecuado la zona para retirar materiales voluminosos «tales como cabrestantes, locomotora, transportadores blindados y herramientas«. Lo cierto, según queda corroborado de la investigación de la Guardia Civil es que esos materiales siguieron usándose luego para continuar extrayendo carbón, ya que se encontraban en la zona donde se produjo la explosión en 2025.

El interior de la mina de Cerredo. / LNE
Inspección con preaviso, media hora y comida luego
Otro trabajador hace una referencia precisa de esa inspección. Cuenta que la plantilla fue avisada el día anterior y que dos inspectores fueron «a la zona de la capa María». Les acompañaba, según relata este trabajador, el facultativo de la empresa, el joven Adrián Rodríguez (dueño de Blue Solving) y el propio empresario Jesús Rodríguez Morán, conocido como Chus Mirantes, con lo cual queda desmentido que en la dirección de Minas se desconociese que pertenecían al mismo entramado familiar las empresas de Cerredo (la del accidente de 2022 y a la que luego se le dio incluso un permiso para extraer 60.000 toneladas que nunca se activó). Según este trabajador la visita «no duró ni media hora». «Siempre que venían (los inspectores) estaba todo bien; los jefes de la mina les tapan la boca llevándoles a comer para que dijesen que todo estaba correcto«, declara este minero y consta en el sumario.
A inicios de 2025 se pasa a la zona donde se produjo el accidente
Tres meses antes del siniestro mortal en el que fallecieron cinco mineros, los trabajos ilegales de extracción se trasladaron al lugar donde se produjo la explosión, en la «capa Z». Primero se realizó una chimenea para iniciar la rampla para extraer el carbón. A las tareas se incorporaron más trabajadores. Los testimonios discrepan sobre la cantidad diaria de carbón que se extraía: hay quien habla de 50-60 toneladas al día; otro de 20-30.
Carbón «negro» para venta en la zona
El destino del carbón se relata en las declaraciones. El trabajador fallecido que actuaba a modo de «vigilante» según la Guardia Civil, le dijo a otro que «la empresa tenía todos los permisos para extraer carbón», lo cual no era cierto. El material se cargaba en camiones, se cribaba en el piso primero, se lavaba en un lavadero de La Robla (León) propiedad del empresario y después se destinaba a la venta en la zona, para particulares y chimeneas, así como para una empresa de Villablino. El precio por tonelada resulta muy rentable, como explicó este periódico.
Los indicios estaban en lo cierto; la inspección no detectó irregularidades
El cotejo del testimonio de los trabajadores que consta en el sumario judicial con la información administrativa analizada por la comisión de investigación parlamentaria sobre el accidente hace encajar buena parte de las piezas del puzle. Las advertencias del guarda de Medio Natural y del vecino denunciante estaban en lo cierto; la inspección de Minas, por el contrario, no detectó nada.
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