Al Teide no le vendría mal un aero red. El sistema hidrotermal que se encuentra bajo la gran montaña está repleto de gases y su presencia está detrás de gran parte de la actividad volcánica de los últimos diez años en Tenerife. En su interior se están acumulando infinidad de vapores volcánicos que emergen desde las profundidades de la tierra, –a más de 30 kilometros, donde sí se acumula magma– generando algunas de las señales que los investigadores han percibido durante los últimos diez años, incluida la deformación del terreno (que comenzó en 2023) y las vibraciones sísmicas que se han registrado en los últimos dos días.
Así lo ha confirmado Luca D’Auria, sismólogo del Instituto Volcanológico de Canarias (Involcan), quién recuerda que está es la hipótesis principal que manejan desde el instituto para explicar lo que está ocurriendo en las entrañas de la montaña desde 2016. «No creemos que haya habido una intrusión de magma, estos fluidos deben encontrarse a más profundidad», afirma D’Auria, que cree que lo que está generando esos pequeños terremotos, enjambres y pulsos sísmicos son, en última instancia, «los gases que llegan al sistema hidrotermal bajo el Teide», recalca D’Auria.
Incremento de gases
Los científicos creen que desde 2016 se ha producido un incremento progresivo de los gases acumulados en el interior de esta cavidad. En los últimos días, la presión que han empezado a ejercer en su interior ha sido tal que ha provocado nuevos ruidos (similares a los gruñidos estomacales). Al mismo tiempo, la zona se ha deformado debido a la hinchazón provocada por los gases.
En 2023, el Instituto Geográfico Nacional (IGN) detectó una ligera deformación de un centímetro en el entorno del Teide que, a día de hoy, ya alcanza los dos centímetros. Es decir, entre 2025 y 2026 ha crecido apenas un centímetro más «Es un proceso muy lento», indica Itahiza Domínguez, director del IGN, que insiste en que es un proceso que nada tiene que ver con los precursores de una erupción volcánica a corto o medio plazo. «En La Palma registramos una deformación de 30 centímetros en apenas una semana», recuerda Domínguez.
Para D’Auria este fenómeno también tiene que ver con la acumulación de gases. «Hay tantos que la cámara se empieza a presurizar y genera esa deformación», recalca. En este sentido, recuerda que el origen de la deformación está a apenas un kilómetro de profundidad, por lo que también descarta su relación con una intrusión magmática.
Nuevas señales
Las nuevas señales detectadas, que han denominado pulsos sísmicos, son una serie de movimientos de muy baja frecuencia que ocurren al mismo tiempo, lo que impide su detección certera. Domínguez lo asemeja a la vibración de una cavidad. La señal es anómala, pero no porque sea un indicativo preeruptivo, sino porque hasta ahora no se había detectado en estas condiciones.
Y es que si bien los pulsos sísmicos se han registrado durante varias ocasiones durante los últimos veinte años –los investigadores cuentan con datos desde 2003–, «es la primera vez que la vemos de forma continua», recalca D’Auria. En concreto, durante la mañana del martes, la señal se prolongó durante casi una hora. La misma señal se volvió a producir más tarde entre 10 y 15 minutos y volvió a detectarse durante la madrugada otros minutos.
Como explica Domínguez, esta actividad no es rara per sé. De hecho, se ha detectado en «otros volcanes activos del mundo». En otras ubicaciones, donde las erupciones son mucho más recurrentes, estas vibraciones internas forman parte de su actividad natural. En el caso de Tenerife, la detección de esta señal anómala viene más a corroborar que la isla no se ha apagado, que a pronosticar una nueva erupción.
Una nueva erupción daría más señales
Para que ocurriera esto último, y a tenor de la información relativa al vulcanismo histórico de la isla, antes de que emerja un nuevo volcán habrán señales previas mucho más claras, tanto en lo que se refiere a sismicidad, como deformación y emisión de gases. «En otras erupciones se han producido terremotos sentidos en Tenerife durante días o meses», recuerda Domí nguez, que insiste en que la mayoría de los seísmos registrados durante los últimos diez años han sido imperceptibles por la población.
«Esto no significa que mañana no se puedan empezar a detectar estas señales preeruptivas, pero lo que está claro es que, con lo que estamos viendo ahora, podemos concluir que no va a ocurrir una erupción a corto o medio plazo», destaca Domínguez.
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