La ciencia y la tecnología han sido, durante siglos, campos dominados mayoritariamente por hombres. Sin embargo, la historia demuestra que las mujeres han realizado aportaciones fundamentales al progreso científico, aunque muchas veces su trabajo haya sido invisibilizado, infravalorado o directamente anulado. En la actualidad, promover la participación femenina en la ciencia no solo es una cuestión de justicia social, sino también una necesidad para el desarrollo sostenible y la innovación.
A lo largo de la historia, las mujeres que deseaban dedicarse a la ciencia se encontraron con numerosas barreras: acceso limitado a la educación, prejuicios sociales y falta de reconocimiento. Científicas como Marie Curie, Ada Lovelace o Rosalind Franklin lograron avances extraordinarios, pero en muchos casos sus contribuciones no fueron plenamente valoradas en su tiempo. Estos ejemplos muestran que el talento científico no depende del género, sino de las oportunidades disponibles.
Hoy en día, aunque se han logrado avances significativos, persisten las desigualdades. Las niñas suelen mostrar interés por la ciencia en edades tempranas, pero este interés disminuye con el tiempo, especialmente en áreas como la ingeniería, la física o la tecnología. Factores como los estereotipos de género, la falta de referentes femeninos y la escasa orientación vocacional influyen en esta pérdida de motivación. La brecha de género en las comunidades científicas y tecnológicas constituye una realidad a nivel mundial, y ahora tenemos la oportunidad de visibilizar la necesidad de apoyar a las niñas y a las mujeres para que tomen conciencia de su talento, innovación y creatividad.
Según organismos internacionales, las mujeres siguen estando infrarrepresentadas en las llamadas áreas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas), especialmente en los niveles más altos de investigación y liderazgo científico. Esto supone una pérdida de talento y de diversidad de perspectivas. La igualdad de género en estas disciplinas sigue siendo un objetivo pendiente, y la participación de las mujeres sigue siendo limitada. Menos de un 30% del personal científico e investigador lo constituyen mujeres. Además, tienen menos medios para publicar, sus remuneraciones por publicación son inferiores y sus carreras profesionales se ven paralizadas, impidiéndoles avanzar al mismo ritmo o ni tan siquiera alcanzar algunos puestos que sus homólogos masculinos sí consiguen, entre otras cosas porque las tareas de cuidados siguen recayendo, principalmente, sobre las mujeres, y las políticas de conciliación y medidas de corresponsabilidad siguen siendo una utopía.
Contar con modelos femeninos en la ciencia es clave para inspirar a niñas y jóvenes. Cuando las estudiantes conocen a científicas actuales o del pasado, pueden verse reflejadas y entender que la ciencia también es un camino posible para ellas. En este sentido, la escuela desempeña un papel fundamental, fomentando una educación libre de estereotipos y promoviendo la igualdad desde edades tempranas.
Además, es esencial que el profesorado, las familias y las instituciones trabajen conjuntamente para crear entornos que apoyen la curiosidad científica de las niñas y refuercen su confianza.
Cada 11 de febrero, desde el año 2016, se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, proclamado por las Naciones Unidas. Esta fecha tiene como objetivo visibilizar el papel de las mujeres en la ciencia y promover vocaciones científicas entre las niñas. A través de actividades educativas, charlas y proyectos, se busca concienciar a la sociedad sobre la necesidad de una ciencia más inclusiva e igualitaria. Este año, bajo el lema «Todas hacemos ciencia», podremos nuestro granito de arena para la consecución de este objetivo. Lograr la igualdad de género en la ciencia requiere un compromiso continuo. Es necesario impulsar políticas educativas inclusivas, apoyar la investigación con perspectiva de género y reconocer el trabajo de las científicas. Cuando las mujeres y las niñas tienen las mismas oportunidades para desarrollar su talento, toda la sociedad se beneficia.
La ciencia del futuro debe construirse con todas y todos. Fomentar la participación de mujeres y niñas en la ciencia no es solo un derecho, sino una inversión en conocimiento, progreso e innovación.
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