¿De dónde salen las canciones, en particular esas que encajan en una historia cinematográfica y cruzan los fantasmas del compositor y las exigencias del guion? Alba Flores situó en su centro la amistad “crucial” construida con Sílvia Pérez Cruz, aliadas ambas en el tema para el documental ‘Flores para Antonio’, sobre el padre de la primera. La misión era “muy personal” y “no hay tontería ahí”, añadió la ampurdanesa, comprometida con “acompañar el duelo y sanarlo” en un proceso, “un viaje”, en el que se vio “ayudando como en un parto” a Alba Flores a construir la composición.
Entramos en materia sin rodeos, y sin banalidad, este jueves en la sala Gatsby, en el evento en el que la Academia de Cine citó a los nominados a la mejor canción original de la 40ª edición de los premios Goya, que se entregarán el día 28 en Barcelona (en el CCIB). Sentados todos en fila, atendieron a las preguntas de Lourdes Hernández, supervisora musical, adentrándose en la naturaleza de esas creaciones que no son elementos de atrezo de las películas, sino bastante más que eso, su “guion emocional definitivo”, apuntó Luis Ivars, el nominado, junto a Blanca Paloma y José Pablo Polo, por la canción del filme ‘Parecido a un asesinato’. Un ‘thriller’ en el que ella juega un rol no menor, dio a entender entre risas: “Parece que mi vocecita ayuda a rebajar la intensidad del crimen”.
Canto político con risas
En el tema de Paloma Peñarrubia Ruiz (para la producción ‘¡Caigan las rosas blancas!’), con su pulso hip-hop y su lírica deslenguada, la motivación fue muy concreta. “Albertina Carri es una directora de temática ‘queer’ y yo quería reivindicar la libertad sexual lésbica a través de la canción”, explicó. Para ello, acudió a “esos términos despectivos que se aplican a las mujeres lesbianas: camioneras, machorras, invertidas…” Así que la pieza, titulada ‘La arepera’, es “un canto político, pero riéndose y apropiándose del insulto”.
Víctor Manuel aseguró que recibir el encargo de escribir una canción “es lo mejor que te puede pasar”, aunque puede ocurrir que luego quien manda tome decisiones desagradables. “En ‘La cena’, Manolo (Manuel Gómez Pereira, el director) me pidió dos canciones y la que más me gusta no está en la película”, lamentó. La elegida fue ‘Y mientras tanto canto’, que no interpreta él sino Nora Hernández, nominada al Goya a la mejor actriz revelación. Pero dejó claro su “ilusión” por componer y la intimidad radical en la que elabora sus creaciones. “He hecho mis canciones en la más absoluta oscuridad”, confesó. “Cuando noto que puede haber alguien escuchando al otro lado de la puerta, paro inmediatamente, porque me resulta insoportable. Nunca he permitido que mi familia me vea componer canciones”.
Obligado a escribir
Leiva, protagonista del documental ‘Hasta que me quede sin voz’, y de la canción homónima, sobre el pulso que vive con su cuerda vocal izquierda, contó que nunca pensó en contar esa historia en una película, pero que una especie de conspiración de amigos le acabó a participar del proyecto y a “obligar a escribir una canción”.
En un ambiente de comprensión mutua entre todos compositores congregados, sí que se observaron diferencias entre el modo de afrontar la música por parte de Leiva y de Sílvia Pérez Cruz. Para él, componer es “buscar algo que no encuentras y que sabes que está en la habitación”, lo cual “multiplica la ansiedad”. Para ella es distinto. “A mí, la música no me hace sufrir. Estoy a salvo ahí. ¿Hacer la canción perfecta? Uf… La imperfección que tú eres está ahí, y está bien”. Víctor Manuel aportó una nota bibliográfica para profundizar en el debate: ‘El misterio de la creación artística’, de Stefan Zweig. Un libro de 1938. “Clarificador y reconfortante”.
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