Once años después de su fallecimiento, el cabo Francisco Javier Soria Toledo por fin tiene una calle en su honor en el distrito de Campanillas. El militar malagueño se encontraba realizando una misión humanitaria internacional de Naciones Unidas en el Líbano en enero de 2015, cuando el ejército israelí bombardeando la zona donde estaba y que acabaría con su vida. La familia del difunto pide justicia desde entonces. Entre otras acciones, solicitaron una calle en la que fue su ciudad, pero no en las condiciones en las que finalmente se ha puesto.
«Esto es un insulto a la memoria de mi hijo», ha señalado Margarita Toledo, madre del cabo. Margarita ha denunciado públicamente la zona en la que se ha instalado la placa: una calle prácticamente intransitada que rodea un descampado. Aún así, lo que más afecta a la familia es la cercanía con otra vía que homenajea al Estado responsable de la muerte de Soria Toledo, la calle Israel. «Parece que está escondida. Ahí, metido en un cuartillo. O sea, ni una calle siquiera. ¿Es que no se ha merecido eso?», ha lamentado.
«Despropósito» municipal
La madre del militar difunto ha criticado al Ayuntamiento de Málaga la tardanza de la calle, además de su localización y la falta de un homenaje institucional que honre la memoria de su hijo. La mujer no ha dejado de pasar la oportunidad de reprochar también que se haya prescindido de su segundo apellido, Toledo. «Fue el alcalde de Málaga el que prometió que le iban a hacer un acto, porque era de Málaga, y han tenido que pasar ocho años y yo me he enterado de casualidad «, ha insistido Margarita, a lo que también ha añadido las palabras textuales de su marido justo antes de salir de casa y descubrir la ubicación del homenaje: «Coge la placa y tráetela», le ha dicho.
La portavoz del grupo municipal Con Málaga, Toni Morillas, se ha sumado a las palabras de Margarita Toledo y ha calificado la gestión municipal como un «despropósito» e «insulto» a la familia y a la memoria del soldado malagueño. «Han tenido que transcurrir 8 años desde que se tomó aquel acuerdo plenario para que se le haya puesto su nombre a esta calle. Pero es un insulto aún mayor que se haya hecho omitiendo su segundo apellido, el apellido de Margarita Toledo, y que se haya hecho, además, a escasos 200 metros de otra calle que, precisamente, lleva el nombre de Israel«, añade.
«Mi mujer, mi hijo y mi bandera»
Francisco Javier Soria Toledo tenía 36 años cuando falleció y estaba a punto de ser padre. Margarita ha confesado que lo último que les dijo fue: «Lo único que me importa es mi mujer, mi hijo y mi bandera». «Y esto es lo único que le ha dado España», se ha lamentado. «En el Líbano sí hay una calle con el nombre de mi hijo. La pusieron al poco tiempo», ha añadido.
A pesar del desencanto y la incansable lucha de la familia por hacer justicia, tienen claro lo que más les duele: «Que Israel matase a mi hijo y que la calle esté aquí puesta».
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