El Ártico, auténtico barómetro del clima global, está dando una señal de alarma, clara y contundente: ha cruzado un umbral crítico. Ya no se trata solo de que el hielo se derrita o de que las temperaturas promedio suban; ha entrado oficialmente en lo que los científicos denominan una «nueva era de extremos bioclimáticos», con graves consecuencias para plantas, animales y humanos.
La frecuencia de eventos meteorológicos devastadores –olas de calor, sequías y lluvias torrenciales sobre nieve– se ha disparado sin control en las últimas décadas, empujando a los ecosistemas hacia un territorio totalmente desconocido, como revela una investigación publicada en la revista Science Advances.
El estudio, liderado por el Instituto Meteorológico Finlandés y que abarca siete décadas de datos (1950-2022), confirma un cambio acelerado: en los últimos 30 años, la intensidad y frecuencia de estos eventos ha roto todos los registros históricos.
Expansión del caos climático
El hallazgo más alarmante es comprobar la expansión geográfica de este caos climático. Aproximadamente el 30% de la superficie terrestre del Ártico ya sufre eventos extremos que no ocurrían en esas zonas durante el periodo de referencia (1950-1979).
Tasiilaq, en Groenlandia. / Pixabay
Los datos del análisis hablan por sí solos respecto al aumento del área afectada por estos fenómenos durante los 73 años estudiados: el territorio afectado por olas de calor intenso se ha multiplicado por 3,4; las zonas bajo estrés hídrico severo o sequía se han triplicado; el área afectada por eventos de lluvia sobre nieve en invierno, un fenómeno capaz de congelar pastos enteros, ha aumentado 1,7 veces.
Hasta ahora, la ciencia se había enfocado mayormente en el aumento gradual de las temperaturas medias. Sin embargo, este nuevo análisis subraya que el peligro real reside en la volatilidad. «Los cambios en las temperaturas medias ocultan cambios importantes en la variabilidad», explican los autores en el estudio, que señalan que los promedios mensuales no logran capturar eventos agudos de corta duración que pueden ser letales para la vida.
‘Oscurecimiento ártico’
Este nuevo escenario bioclimático está provocando efectos visibles, como el ‘oscurecimiento ártico’ (Arctic browning), un fenómeno con el que la vegetación muere masivamente, contrarrestando el esperado reverdecimiento por el calor y pintando de marrón el territorio.

Cassiope tetragona muerta por lluvia sobre nieve. / R Treharne.
Los mecanismos de daño son múltiples:
- Inviernos traicioneros: Los eventos de calentamiento invernal (WWE), en los que la temperatura supera los 2°C en pleno invierno, pueden derretir la capa de nieve protectora. Cuando el frío regresa, las plantas quedan expuestas y mueren congeladas.
- Hambre sobre el hielo: Los eventos de lluvia sobre nieve (ROS) crean capas de hielo impenetrables sobre el suelo. Esto impide que animales como los renos y caribúes accedan a los líquenes, su principal fuente de alimento, provocando hambrunas y colapsos poblacionales.
- La ‘borealización’: Las especies del sur se desplazan hacia el norte, reorganizando por completo las comunidades biológicas del Ártico.
‘Puntos Calientes’ del cambio
El estudio ha identificado ‘hotspots’ (puntos de acceso), en los que convergen tanto el cambio en los promedios estacionales como el aumento de los eventos extremos. Las regiones más afectadas incluyen las montañas escandinavas, las costas de Groenlandia y el archipiélago del alto ártico canadiense.
Hay un dato sorprendente: aunque el hielo marino ha protegido parcialmente al archipiélago canadiense del calor de principios de verano, esa zona está sufriendo un calentamiento otoñal e invernal masivo, con un aumento rápido en la frecuencia de olas de calor intensas. Asimismo, las lluvias invernales, antes típicas de zonas costeras de Escandinavia, ahora se están expandiendo hacia el interior continental de Siberia, una zona históricamente seca y fría. El patrón familiar se desdibuja.

El Empetrum nigrum muere debido al calentamiento invernal extremo. / R. Treharne
La conclusión de los expertos es clara y sobrecogedora: el Ártico se enfrenta a condiciones meteorológicas sin precedentes para las cuales su biota no está evolutivamente adaptada. Este cambio no es solo un problema local, ni remoto. La alteración de estos ecosistemas mina su capacidad para almacenar carbono, lo que podría acelerar aún más el cambio climático global, además de poner en riesgo la supervivencia de los pueblos indígenas.












