Un artículo intenso

Nunca me han gustado las series españolas. Creo que a lo largo de mi vida he visto una, a lo sumo dos, que merecieran la pena. Tristemente, los productos audiovisuales que se realizan en nuestro país, en algunas ocasiones, son casposos, irrespetuosos e intelectualmente planos a lo que, además, ahora añado, ilegales. Me explico con detenimiento. El otro día empecé a ver con mi marido la serie Machos alfa, que en un principio parecía graciosa. En cada capítulo criticaban con ironía la sociedad actual: la monotonía del matrimonio, los nuevos estilos de relaciones (parejas abiertas), lo que se esconde detrás del mundo influencer y los conceptos de éxito y fracaso. Hasta ahí, normal. Me empezó a chirriar cuando la hija de dieciséis años de uno de los protagonistas le abre un Tinder al padre, gestiona sus citas y hablan con naturalidad de las cosas que su progenitor hace en la cama con las mujeres con las que queda.

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