su historia de amor y sus dos hijos

Triste noticia la que se ha conocido este miércoles, día 11 de febrero. Xisco Quesada, el futbolista mallorquín de 28 años que luchaba contra un cáncer de páncreas con metástasis, ha fallecido.

La enfermedad, que se le diagnosticó en junio de 2025, ha centrado en este tiempo el contenido que ha compartido en sus redes sociales.

En las últimas semanas, el deportista había pedido ayuda económica, a través de un crowdfunding, para poder seguir pagando sus tratamientos contra el cáncer. Hace cuatro días, publicaba una fotografía en silla de ruedas, dando un paseo por la calle.

Quesada, pese a todo, conservaba la esperanza. Pero no ha podido ser. El deceso de Xisco ha dejado rota a una familia muy unida. Por un lado, su mujer, Noelia Garcés, y sus dos hijos pequeños, además de sus padres y hermanos, que han acompañado de cerca una batalla contra el cáncer.

Futbolista formado en las categorías regionales de Baleares y padre volcado en sus niños, Xisco se convirtió, casi sin querer, en el rostro de una lucha que miles de personas siguieron a través de las redes sociales.

En su Instagram, Xisco relató sin filtros el avance de su enfermedad. Su fallecimiento, comunicado por la familia con un escueto «Con enorme tristeza queremos comunicar que Xisco ha fallecido», ha caído como un mazazo en Mallorca.

El 5 de junio de 2025 marcó el antes y el después para esta familia. Ese día, los médicos le diagnosticaron un cáncer de páncreas en estadio IV, con metástasis en el hígado, y le dijeron que no se podía operar y que, con suerte, la quimioterapia podría alargar la vida solo unos meses.

Xisco tenía entonces 28 años, dos hijos pequeños y una vida en marcha como jugador en categorías regionales -Ferriolense, Platges de Calvià- y autónomo, y tuvo que encajar de golpe la idea de que el tiempo se le acortaba drásticamente.


Xisco, junto a sus hijos y su mujer, en una imagen de sus redes sociales.

Apenas 48 horas después de recibir aquel pronóstico, decidió concentrar todo lo importante: le pidió matrimonio a su pareja, Noelia, se casaron al día siguiente y, media hora después del ‘sí, quiero’, firmó su testamento.

Desde entonces, la vida familiar se reorganizó por completo. Noelia pasó de compañera de vida a cuidadora principal, gestora de citas médicas y sostén emocional, mientras procuraba que los niños mantuvieran la mayor normalidad posible.

Xisco decidió que sus hijos no recordarían solo a un padre enfermo, sino a un hombre que intentó exprimir cada minuto que le quedaba, y por eso compartió en redes tanto la dureza de los tratamientos como los pequeños momentos de felicidad con ellos.

Paseos cortos, juegos en casa, celebraciones adaptadas a su estado físico. «¿Vives o solo respiras?», escribía en su biografía de Instagram, convertida en lema de una familia que eligió vivir intensamente pese al pronóstico.

La exposición pública fue, para los Quesada, una forma de canalizar el miedo y de buscar recursos para seguir peleando. Cuando los tratamientos disponibles en Mallorca dejaron de ser suficientes, la familia se volcó en conseguir un costoso protocolo en la Clínica Universidad de Navarra.

Para pagarlo, Xisco lanzó un crowdfunding en el que pedía ayuda «con toda la vergüenza del mundo pero sin más opciones«, y la respuesta fue abrumadora: más de 500.000 euros en menos de 12 horas, y más de 700.000 en un día.

Xisco junto a su mujer, Noelia.


Xisco junto a su mujer, Noelia.

Detrás de cada donación, su familia veía un mensaje: no estaban solos en aquella habitación de hospital, aunque físicamente Xisco tuviera que pasar largos periodos ingresado lejos de los suyos.

Esos ingresos prolongados, especialmente en Navarra, fueron la parte más dura para la familia. Durante semanas, Xisco permaneció hospitalizado, en ocasiones sin poder ver a sus hijos por las restricciones sanitarias y la distancia, algo que él mismo señalaba como lo más doloroso.

Noelia viajaba cuando podía, repartida entre la habitación de hospital y la crianza en Mallorca, mientras abuelos y otros familiares asumían el cuidado diario de los pequeños para que ellos no sintieran que su mundo se desmoronaba.

Aun así, los niños crecían sabiendo que su padre «tenía un bicho» del que él les hablaba con una naturalidad adaptada a su edad, porque Xisco repetía que no quería esconderles nada y deseaba que, cuando sean mayores, pudieran ver sus vídeos y entender que «su padre no tuvo miedo de vivir«.

El matrimonio, besándose.


El matrimonio, besándose.

Tras la noticia de su muerte, Noelia, hoy viuda, tan sólo ha compartido la muerte en un story de Instagram, junto al siguiente mensaje: «Para siempre, Papi«.

Los clubes en los que jugó, como el CD San Pedro o el Platges de Calvià, han publicado imágenes suyas con el brazalete de capitán y han enviado condolencias a su familia, recordando que, dentro del vestuario, Xisco era «un líder positivo», y que hablaba constantemente de sus niños.

Para sus padres y sus hermanos, la pérdida llega acompañada de un cierto consuelo: «Se ha ido rodeado de amor«, resume la familia en el comunicado, una frase sencilla que resume el esfuerzo de todos para que, incluso en la fase más avanzada del cáncer, Xisco no se sintiera nunca solo.

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