La Real Sociedad se aprovecha de las dudas del Athletic Club y da el primer paso para meterse en la final de la Copa del Rey

La Real Sociedad está a un partido de confirmar su presencia el 18 o el 19 de abril en el Estadio de La Cartuja, sede de la final de la Copa del Rey. Los de Pellegrino Matarazzo hurgaron en la herida aún sin cicatrizar del Athletic Club y tras asaltar San Mamés, se jugarán el pase delante de su afición [Narración y estadísticas del Athletic Club 0 – 1 Real Sociedad].

El conjunto txuri-urdin, en líneas generales, fue mejor que el equipo rojiblanco. No obstante, los leones deben estar ‘satisfechos’ por estar a un solo gol de igualar la eliminatoria después de que su portero fuera el mejor jugador del partido.

No obstante, el protagonismo lo acaparó Beñat Turrientes. El canterano vivió una noche mágica al marcar el gol que acabaría dando la victoria a su equipo ante el eterno rival y tras hacerlo en un escenario imponente como el de San Mamés.

Apenas habían pasado 10 días desde que ambos equipos se habían visto las caras en un San Mamés vestido de gala para las grandes ocasiones, aunque el escenario era diferente. En juego había algo mucho más importante que tres puntos: el golpe encima de la mesa en busca de disputar la final.

Porque para los leones y los txuri-urdines esta no es una competición más, es ‘la competición’. La mejor oportunidad de poder levantar un título y bajo esa exigencia ofrecieron 90 minutos de máxima intensidad.

El derbi tuvo de todo: un gol, ocasiones, paradones, un ritmo alto de juego y hasta polémica. Porque ni Sánchez Martínez ni el VAR vieron punible una mano de Laporte al evitar el remate de Caleta-Car al filo del descanso.

Precisamente en esa acción se podría resumir la ida de la primera semifinal de la Copa del Rey: el quiero y no puedo de la Real Sociedad ante un Athletic que caminaba al filo de la navaja, sostenido únicamente por la gran actuación de Álex Padilla, el protagonista del encuentro.

Y es que a pesar de que rojiblancos y txuri-urdines realizaron una calcomanía con el mismo número de llegadas al área rival, ocasiones y disparos a puerta, fueron los de Pellegrino Matarazzo quienes reflejaban una mayor claridad en las jugadas de ataque y transmitían la sensación de que el gol iba a llegar.

La amenaza txuri-urdin

Con ambos equipos disputando cada balón como si fuera una batalla, Gonçalo Guedes quiso emular el golazo que marcó hace poco más de una semana en Liga, cuando recibió en tres cuartos de campo y lanzó un misil imparable para Unai Simón, aunque este guion no tenía el mismo final.

Los de Ernesto Valverde dieron el primer aviso en un remate de cabeza de Guruzeta que atrapó sin apenas dificultades Remiro, pero esa ocasión fue únicamente un espejismo ante el peligro de la Real.

Álex Padilla mantenía vivos a los leones mientras Pablo Marín perdonaba una ocasión en la que pecó de egoísmo al jugar en solitario cuando tenía completamente solo a Sergio Gómez.

El canterano fue de nuevo protagonista al inicio de la segunda parte. El portero rojiblanco sacó una mano espectacular para evitar el golazo de Mikel Oyarzabal y en el rechace, con todo a su favor y con Álex Padilla vendido, Pablo Marín perdonó. Su disparo se estrelló en la madera.

No reaccionaron los leones, sí lo hizo el ‘Txingurri’ al revolucionar el partido con cuatro cambios, entre ellos el de Nico Williams. El extremo entró al encuentro y dio una vocanada de aire fresco al atascado ataque rojiblanco con su desequilibrio y su calidad para irse en el uno contra uno.

Sin embargo, al Athletic le faltó claridad en los últimos metros, cualidad que explotaron los de Matarazzo a la perfección. Recuperó la Real en la salida de los leones y Carlos Soler metió un balón filtrado para la llegada de Guedes, quien la picó por encima de Padilla antes de ser arrollado.

No marcó el portugués pero sí lo hizo Beñat Turrientes para empujar el balón con la portería vacía después de haber estado acompañando la acción.

Quiso más el conjunto txuri-urdin. Impulsados por el 0-1 olieron la sangre ante un Athletic sin capacidad de respuesta y con un San Mamés enmudecido. Nico Williams, en una jugada aislada, tuvo el empate en un cabezado picado que se fue pegadito al palo. La mejor ocasión de los leones en toda la segunda parte.

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