La vida en el interior del Balneario de Panticosa transcurre con normalidad a la espera de que la carretera de acceso pueda volver a abrir. El alud que se produjo el martes no ha borrado la sonrisa de trabajadores y huéspedes. Si la evolución es favorable, este jueves a primera hora de la tarde los servicios de limpieza de la nieve acumulada darán el visto bueno para que los vehículos circulen. La inestabilidad del manto nivoso ha obligado a cerrar los accesos y ha retrasado unas horas los trabajos.
Los 350 huéspedes, entre ellos varios grupos de escolares, están disfrutando de su estancia a pesar de todo. “Están animados y aprovechando los servicios del centro, así como la nieve”, explica Martí Rafel, director general de Nozar Hotels & Resorts, quien incide en que la decisión de cerrar la carretera fue la correcta: “No ha habido que lamentar daños ni personales ni materiales, que es lo importante”.
Los clientes alojados están bien atendidos. No han podido esquiar en Formigal-Panticosa, como tenían previsto, pero la estancia está siendo positiva. “Tenemos unos 350 clientes y cerca de 100 trabajadores, lo que supone un ratio de atención muy alto”, señala. “Los escolares han contado con equipos de animación del balneario, e incluso algunos grupos tenían sus propios monitores. El nivel de atención ha sido elevado”, añade.
El responsable del balneario mantiene contacto continuo con el Gobierno de Aragón. Si nada cambia, este jueves se reabrirá la carretera tras los trabajos de limpieza. “Es lo que estaba programado. Antes no se podía actuar”, reconoce.
Eso sí, la apertura será únicamente para permitir la salida de los clientes alojados y de parte del personal. Después, y ante las previsiones meteorológicas, volverá a cerrarse hasta el miércoles 18 de febrero.
La previsión apunta a que el viernes y el sábado podrían acumularse hasta 50 centímetros de nieve. Las temperaturas bajarán, lo que estabilizará el manto, pero volverán a subir a partir del domingo, generando nueva inestabilidad. “Ese es el riesgo”, apostilla Rafel.
Cuatro niños juegan con la nieve en el exterior del balneario de Panticosa. / Servicio Especial
El verdadero problema para el balneario llega ahora. “Este fin de semana teníamos muy buena ocupación. Coinciden San Valentín y el inicio de los carnavales. Había cenas programadas y muchas reservas. Ahora toca reubicarlas, gestionar cambios y devoluciones. El equipo central de reservas está desbordado. Aun así, lo afrontamos con filosofía. Es una situación excepcional. Cuando se amplíen las viseras antialudes, estos contratiempos deberían quedar resueltos de forma definitiva”, expone.
Lo esencial, reitera, es que no hay daños personales: “Estamos viendo episodios meteorológicos muy duros en distintos puntos de España: Si todo queda en pérdidas económicas y cortes puntuales de carretera, lo asumimos como un mal menor”.
500 clientes diarios
El cierre supone un golpe para la economía de la zona. “En un día normal de febrero recibimos a muchas personas. Cada jornada de cierre son 500 clientes menos, especialmente en fin de semana y en plena temporada alta. El impacto no es solo para el balneario, sino también para el valle: pistas, comercios y restauración. Somos uno de los establecimientos hoteleros más grandes del valle de Tena y el efecto es directo”.
“El equipo comercial ya trabaja para recuperar terreno el resto del año. Las pérdidas serán importantes, pero lo primero es garantizar la seguridad y resolver esta situación de forma estructural. Con las viseras ampliadas, el problema debería quedar atrás”, concluye Rafel.
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