El manjar gallego que triunfa este invierno y no es ni pulpo ni potaje

Un embutido ancestral que resurge con fuerza

El botelo, también conocido como butelo, es un embutido cocido elaborado a base de costilla de cerdo adobada que se introduce en el estómago del propio animal. Aunque su origen se remonta a tiempos antiguos, su consumo ha vuelto a popularizarse en los meses más fríos.

Este plato tradicional del interior de Galicia, especialmente en Orense y zonas limítrofes con León o El Bierzo, representa mucho más que una simple receta: es una celebración de la matanza, de la vida rural y de la cocina lenta y contundente. Su preparación requiere varias semanas de curación y un cocinado pausado que potencia su sabor y textura.

Botelo: de comida humilde a símbolo cultural

Durante años, el botelo fue considerado un alimento de subsistencia ligado a las familias del rural gallego. Sin embargo, en la actualidad se ha convertido en un emblema gastronómico que goza de festivales propios, como la popular Festa do Botelo en la localidad de O Barco de Valdeorras, declarada de Interés Turístico de Galicia.

La singularidad del botelo no reside solo en su elaboración, sino en su forma de consumo: se sirve caliente, acompañado de cachelos o grelos, y su interior desbordante de carne adobada lo convierte en un festín para los carnívoros más exigentes.

Una alternativa invernal al caldo gallego

En los meses de frío, el botelo se alza como una alternativa potente al clásico caldo gallego o al omnipresente pulpo. Su textura gelatinosa, su intensidad de sabor y su aporte calórico lo convierten en la elección perfecta para afrontar las bajas temperaturas.

Además, su carácter estacional, ligado a la tradición de la matanza entre noviembre y febrero, potencia su demanda en estas fechas. Cada invierno, miles de familias gallegas rescatan esta receta que, lejos de desaparecer, se consolida como una de las más identitarias del patrimonio culinario regional.

Origen y evolución del botelo

El botelo tiene raíces en la cocina de aprovechamiento. Las costillas y otras partes del cerdo que no se destinaban a embutidos curados se adobaban con ajo, pimentón y sal, y se embutían en el estómago del animal. Tras una curación breve, se cocía lentamente en agua, permitiendo que las grasas se fundieran y que el resultado final fuera meloso y reconfortante.

Hoy en día, el botelo ha dado el salto a los restaurantes gallegos que reivindican la cocina tradicional. También puede encontrarse en tiendas gourmet y carnicerías especializadas, tanto dentro como fuera de Galicia.

Reconocimiento oficial y protección

El botelo de O Barco de Valdeorras cuenta con la protección de una indicación geográfica protegida (IGP), lo que garantiza que el producto cumple con unos requisitos de calidad, trazabilidad y elaboración tradicional. Este reconocimiento ha contribuido a la recuperación de su prestigio, así como a impulsar su difusión fuera del entorno local.

Gracias a esta protección, se han establecido normas claras sobre los ingredientes permitidos, los tiempos de curación y los métodos de elaboración, evitando así falsificaciones y manteniendo viva una de las joyas más singulares del recetario gallego.

Un ritual familiar y social

Más allá de lo culinario, el botelo también implica un componente social. En muchas casas gallegas, su preparación y consumo se convierten en una excusa para reunir a la familia, compartir mesa y revivir las costumbres ligadas a la matanza del cerdo. Este ritual colectivo ha permitido que el botelo perviva generación tras generación.

Con cada invierno, Galicia vuelve a rendirse a los sabores de su tierra. El botelo se posiciona como el plato fetiche de los carnívoros en Orense, ganando terreno incluso frente a recetas tan emblemáticas como el pulpo a feira. Una delicia que, más que una moda pasajera, parece haber regresado para quedarse.

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