Los investigadores han logrado describir cómo la corteza visual de alto nivel almacena y activa “huellas» que permiten reconocer imágenes casi al instante, en forma de «destellos» de intuición. El hallazgo abre nuevas vías clínicas y tecnológicas.
Los científicos de la Universidad de Nueva York, en Estados Unidos, han identificado por primera vez que la región del cerebro llamada corteza visual de alto nivel (HLVC) es el lugar donde se accede a la información visual acumulada en el pasado, que permite el aprendizaje perceptivo de una sola vez, también conocido como «destello de intuición».
Según el estudio publicado en la revista Nature Communications, el circuito cerebral responsable de esos destellos de intuición que nos permiten reconocer algo con apenas una mirada podría arrojar luz sobre alucinaciones y otros fenómenos ligados a trastornos psicológicos, además de tener aplicaciones en el campo de la Inteligencia Artificial (IA).
Almacenamiento de marcas visuales que facilitan la intuición
El trabajo localiza las «huellas» o “priors”, que son las marcas visuales guardadas por experiencias previas, en la corteza visual de alto nivel y describe cómo esa región las aplica para convertir una «visión borrosa» en una percepción inmediata y correcta.
Los autores emplearon una combinación de técnicas: pruebas conductuales con imágenes de Mooney (fotos difuminadas que se vuelven reconocibles), resonancia magnética funcional (fMRI), electroencefalografía intracraneal (iEEG) en pacientes sometidos a monitoreo neuroquirúrgico y modelos específicos de IA.
Al comparar cambios de comportamiento con patrones de actividad cerebral, el equipo demostró que la HLVC no solo almacena las huellas o priors sino que las “pesa” de forma muy temprana para influir en el reconocimiento perceptual, según explican en una nota de prensa.
Aplicaciones clínicas y tecnológicas del hallazgo sobre la intuición visual
La investigación revela propiedades específicas de esas marcas visuales: están codificadas para reconocer patrones físicos, como la forma o la orientación, pero no conceptos abstractos. Los experimentos mostraron que cambiar el tamaño de una imagen no alteraba los destellos de intuición, mientras que rotarla o desplazarla parcialmente sí lo hacía: esos resultados coincidían con los códigos neuronales observados en la HLVC.
Referencia
Neural and computational mechanisms underlying one-shot perceptual learning in humans. Ayaka Hachisuka et al. Nature Communications (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s41467-026-68711-x
Una pieza clave del estudio fue el uso de un modelo de IA tipo “vision transformer”, que replicó el comportamiento humano al dividir la tarea en dos módulos: uno que acumula huellas y otro que integra esa información con la entrada visual actual. Cuando el modelo se entrenó con ese diseño, consiguió capacidades de aprendizaje de “un único disparo” semejantes a destellos de intuición, comparables o superiores a las de otros algoritmos, lo que sugiere una convergencia fructífera entre neurociencia computacional e inteligencia artificial.
Comprender cómo las priors actúan abre una vía para investigar patologías en las que la percepción se desequilibra, como en algunas formas de esquizofrenia y Parkinson, donde estos «destellos» pueden imponerse y producir alucinaciones. En tecnología, se podrán incorporar módulos de priors en modelos de IA para permitir diseños que aprendan con muy pocos ejemplos, acercando a las máquinas a la eficiencia del cerebro humano.













