Mil partidos de consejero, 26 años de directivo y la frase de los yogures. Nicolás Ortega, vicepresidente de la UD Las Palmas y presidente de la cadena de filiales, fue agasajado en el palco el pasado sábado en el descanso del pulso contra el Burgos en el Gran Canaria. El empresario de 72 años es un superviviente, llegó en 2003 al consejo de la UD con Ricardo Ríos como principal mandatario en una época convulsa, y el sucesor natural ante una hipotética marcha de Miguel Ángel Ramírez –21 temporadas en el cargo–. «Está capacitado para relevarme», ha detallado Ramírez en reiteradas ocasiones.
Figura silenciosa y con urticaria a las polémicas, Ortega, en compañía de Juan Manuel Rodríguez –el técnico grancanario con más recorrido en la historia de la UD con 125 duelos oficiales–, dejó una frase lapidaria cuestionado por la falta de platanitos en la partitura de Luis García Fernández. «Apostar por un canterano es un proceso, exige paciencia y se debe tener en cuenta muchos factores. No es como abrir la nevera y sacar dos yogures. Esta institución ha demostrado de forma sobrada que cree y apuesta por los jugadores de la tierra como son los casos de Pedri, Viera, Vitolo, Moleiro, Kirian, Álex Suárez, Nauzet Alemán, Roque Mesa, Vicente Gómez, los gemelos Javi y Dani Castellano, David Simón, Tana, Guayre, Ángel López, Eric Curbelo, Fabio González, Raúl Lizoain o Saúl Coco –todos jugaron en Siete Palmas de amarillo ante los ojos de Ortega–.
Este vicepresidente es el gran valedor de Manuel Rodríguez Tonono, director del área de Formación y Captación de la UD. Un área marcada siempre por la controversia, por la edad que ascienden los jugadores y las goleadas. El método Tonono se ha destapado como el mayor de los negocios en el ciclo de Ramírez con los traspasos de Viera (vendido por 28 millones al Beijing), Pedri (que dejó 25 kilos del Barça por un contrato de objetivos), Moleiro (16 al Villarreal), Roque Mesa (12 al Swansea de la Premier), Saúl Coco (siete al Torino) o el meta Josep Martínez (2,5 al RB Leipzig de la Bundesliga).
Con tres ascensos (dos a Primera y uno a Segunda, todos en esa sociedad con Ramírez), la inauguración de la Ciudad Deportiva de Barranco Seco del 8 de julio de 2019 fue el día más feliz del ciclo Ortega. Un volver a nacer. La modernización de la factoría conforma el principal reto de este ejecutivo que presenció el hito de un filial luchando por subir a Segunda.
Medicina contra el Cordobazo
Las Palmas Atlético, dirigida por Víctor Afonso, disputó la fase de ascenso al fútbol profesional en la 13-14 tras finalizar el curso en la cuarta posición del Grupo II de Segunda B. Eliminados por el Hoya de Lorca, conforma un hito sin precedentes en la historia de la vela chica. En ese curso maldito, con la rabia del Cordobazo en la venas de los incondicionales, la temporada de Afonso sirvió para formar a los Roque Mesa, David Simón, Tyronne del Pino, Asdrúbal Padrón, Benito Ramírez, José Artiles, Héctor Figueroa o Nili para la esfera profesional. El trampolín en los instantes más dramáticos. Tirar del vivero nunca falla y es la mejor garantía para hacer negocio.
Mil partidos y una ciudad deportiva que muta. El nuevo Gran Canaria de los cien millones en el horizonte (2030) como industria para generar beneficios. La trágica muerte del lateral del filial y el Regional C de la cadena Zeben Ramos fue uno de los instantes más delicados. Las lágrimas por el diamante que soñaba con debutar en el Gran Canaria. «Ahí jugaré yo», le gritó el jugador galdense a Tonono la misma mañana del trágico fallecimiento. A la hora de elegir un jugador, el consejero de los mil partidos tiene una debilidad como Roberto Trashorras (64 duelos de amarillo de 2006 a 2008). Diplomático y de perfil bajo. La sombra de Ramírez que tiene el escudo como una extensión de su cuerpo.













