Bad Bunny quería celebrar su cultura en la Super Bowl, icono de la América más americana posible. De la más estadounidense posible. Y plantó en medio del Levi’s Stadium de Santa Clara (California, EEUU) un Puerto Rico en miniatura, con su casita, su colmado, su puesto de venta de cocos y, claro, también esos malditos postes de electricidad que tienen a la isla en vilo cada dos por tres por los apagones que sufren. El astro puertorriqueño aprovechó el escenario más grande del mundo para firmar una actuación brillante y cargada de mensajes: el de no dejar de creer en uno mismo (mírenme a mí, vino a decir) o, sobre todo, el de la unión, la hermandad, la empatía y el de huir del odio y la diferencia. Más información
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