En 13 segundos, ¡pam!, el anhelo de contemplar una hazaña histórica mutó en un profundo y colectivo silencio de preocupación. Fue estremecedor observar el cuerpo inmóvil de Lindsey Vonn sobre la nieve de Cortina d’Ampezzo, gritando desconsolada de dolor. No merecía la leyenda estadounidense semejante desenlace en estos Juegos Olímpicos, pero el esquí alpino tiene la crueldad tatuada en su identidad.
Pretendía Vonn un imposible al que solo ella podía borrar el sufijo. Con 41 años y una rodilla de titanio ya era asombroso su rendimiento sobre la nieve, todavía ganando, tras seis temporadas retirada. La realidad le colocó hace nueve días un desafío todavía mayor, pues en la última prueba de la Copa del Mundo previa a estos Juegos, se rompió el ligamento cruzado anterior de su rodilla sana, la izquierda.
Tercera en los entrenamientos
Vonn se negó a la renuncia, no había llegado hasta aquí para no cruzar la última puerta, aunque fuera coja. Confirmó su presencia en el descenso de este domingo, en su prueba predilecta, y demostró su capacidad de volver a alcanzar la gloria en el último de los entrenamientos oficiales, finalizando tercera. No era un resultado extrapolable, pero sí una demostración de que podía presentar batalla.
Dos espectadores, tras la caída de Vonn. / Robert F. Bukaty / AP
Y ahí se lanzó Vonn, con el dorsal 13 en el pecho, hay quien pensará que eso era un mal fario. Por la radio le narraron que el recorrido estaba en perfectas condiciones, que apretara. Todo en sus manos. Mejor escrito, todo en su rodilla y en la capacidad que tuviera para soportar un dolor para el que, dice, no ha necesitado medicarse.
13 segundos
13 segundos después, sin embargo, el horror. En el primer salto del circuito, sencillo, su bastón se golpeó contra una de las puertas cuando acababa de despegar de la nieve. Su cuerpo se giró hacia atrás, perdiendo un equilibrio ya imposible de recuperar. Todo el peso de su cuerpo cayó sobre esa rodilla izquierda que se había destrozado hace poco más de una semana. ‘Game over’.
Todo el público que aguardaba su llegada en la tribuna de la meta cambió el júbilo por el estremecimiento, de inmediato por el silencio. De fondo, mientras acudían los equipos de rescate, se escuchaban los desgarrados gritos de dolor de Vonn, inmóvil sobre la nieve, la peor de las derrotas.

Vonn abandonó Cortina en helicóptero. / Robert F. Bukaty / AP
La última imagen que estos Juegos Olímpicos observaron de Vonn fue tumbada sobre una camilla surcando el cuelo de Cortina, evacuada por el helicóptero de rescate rumbo al hospital más cercano. La hazaña resultó ser un drama.
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