La Unión Deportiva Las Palmas, por ocasiones, mereció ganar, sí, pero volvió a quedarse sin reacción ante su afición y prolongó su mala racha. Se encontró con un Burgos práctico, sólido en defensa y sostenido por un portero que fue el mejor del partido. La dinámica negativa ha dejado de ser una simple advertencia para convertirse en un problema estructural que, de no corregirse a corto plazo, amenaza con desgastar de forma casi irreversible la figura del entrenador, con un margen de confianza cada vez más estrecho y un futuro en el banquillo lleno de interrogantes.
Las distancias en la tabla aún ofrecen cierto margen de maniobra, pero lo verdaderamente preocupante es la incapacidad para frenar la sangría: apenas tres puntos de los últimos quince en juego. En este escenario entra en juego el factor mental, porque el calendario no concede tregua y se aproximan compromisos de máxima exigencia, más allá del mensaje de serenidad que el club ha tratado de sostener desde el tropiezo de Santander.
Luis García recompuso la línea defensiva e introdujo variantes en el once, pero el plan volvió a quedarse corto. El equipo transmitió, una vez más, la sensación de avanzar sin un fútbol reconocible y sin señales reales de mejora. La UD continúa sin desbloquear su bloqueo competitivo y esta nueva jornada sin victoria eleva el nivel de inquietud.
Luis García, en los prolegómenos del partido que enfrentó a la UD Las Palmas con el Burgos. / LaLiga
El reto inmediato pasa por evitar que esta inercia desemboque en una crisis deportiva de mayor calado. Se trata de un retroceso difícil de explicar, que empieza a condicionar tanto la gestión diaria como el liderazgo del técnico, falto de respuestas para interpretar lo que está ocurriendo, aunque insiste en que este es el camino. El punto de inflexión llegó cuando el equipo fue exigido de verdad; desde entonces se esperaba que Luis García respondiera con decisiones firmes y soluciones tácticas. Ocurrió justo lo contrario. La idea que llevó a Las Palmas a coliderar la clasificación al término de la primera vuelta ha dejado de ofrecer respuestas.
La incertidumbre ya se ha instalado entre quienes deben tomar decisiones y el próximo partido, con visita al colista Mirandés, se presenta como una auténtica prueba de credibilidad para Luis García: un fusible que apenas alumbra y que una derrota más podría terminar de fundir. Mientras el vestuario trata de recuperar una solidez hoy inexistente, la fe de la afición sigue siendo incalculable, aunque empieza a rozar el hastío al no percibir respuestas convincentes, mientras se atisba un cónclave deportivo anticipado que muchos ya consideran inevitable.
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