Aragón volverá a tomar la medida este domingo de las fuerzas por separado del Partido Popular y de Vox, actualmente muy enfrentados. Ambos suman una cómoda mayoría unidos, pero no podrán gobernar por separado porque no suman con ninguna otra formación política. Al mismo tiempo, el PSOE contiene la respiración para evitar un descalabro como el de Extremadura. Y lo hace en el que será el primer test de la apuesta de Pedro Sánchez por poner al frente de las candidaturas autonómicas a sus propios ministros, como también hará antes del verano en Andalucía.
El PSOE vuelve a asomarse al abismo este domingo. Tanto la dirección federal como la cúpula del partido en Aragón asumen que el domingo tendrán un «mal resultado» comparado con el de hace tres años, cuando obtuvieron casi un 30% de los votos y 23 diputados.
Aun así, afirman que la campaña «de cercanía» de la candidata, Pilar Alegría, ha insuflado energía a un partido que comenzó la precampaña con las expectativas muy bajas, a contrapié y con la candidata todavía sentada en el Consejo de Ministros. El objetivo hoy es aguantar y no rozar el mínimo histórico de 2015, cuando consiguió solo 18 escaños. Aragón será, además, la primera reválida de la estrategia de Pedro Sánchez de presentar en las comunidades autónomas a su núcleo duro, a sus ministros más relevantes, una táctica criticada por una parte de la formación, que piensa que la gestión del Gobierno de España no suma votos en estos momentos.
En Ferraz y en Moncloa descartan que se pueda producir una debacle como la de Extremadura (el PSOE perdió 14 puntos y casi un tercio de sus diputados, de 28 a 18). Sus sondeos internos les dan entre 17 y 19 diputados. Además, como aseguran fuentes de la dirección de la campaña, los últimos escaños en varias provincias pueden variar fácilmente y favorecer o perjudicar a la lista de Alegría por un puñado de votos, con lo que algunas fuentes reconocen que podrían bajar de 18 en el peor de los casos o incluso llegar a 20 en el mejor. Los socialistas lo fían todo a conseguir «la máxima movilización» del voto progresista, como pidió Alegría en el mitin de fin de campaña del viernes. Una movilización que al menos hasta hace pocos días ha sido escasa.
Pilar Alegría ha tenido menos de dos meses para recorrerse las tres provincias. Al final lo ha hecho con el hándicap de que una parte importante de la formación en Aragón está muy desmovilizada -especialmente los más próximos al anterior secretario general y presidente autonómico, Javier Lambán-, lo que ha pesado sobre todo en la provincia de Teruel, donde los socialistas podrían ser la tercera fuerza, después del PP y de Vox, o incluso en Zaragoza capital.
Durante la campaña, el PSOE se ha presentado como la única formación capaz de enfrentarse a «las dos derechas» del Partido Popular y de Vox, que ha identificado como un único proyecto, ya que «no cabe otra opción de gobierno del PP que una coalición con la ultraderecha», afirman. Por ello, Alegría ha apelado al voto útil de todos los aragoneses que no quieren a Vox en el Ejecutivo: «Solo el PSOE puede liderar a las fuerzas políticas de Aragón que se sienten identificadas con la mejora de los servicios públicos», dicen en Ferraz.
Alberto Núñez Feijóo y el presidente de Aragón, Jorge Azcón, en un mitin en Teruel el 3 de febrero. / Javier Escriche / Europa Press
PP y Vox, a cara de perro
El Partido Popular (PP) se juega el domingo revalidar otro gobierno autonómico de los ganados en 2023, en este caso a un presidente socialista bastante consolidado, Javier Lambán, fallecido el año pasado. Y de nuevo Jorge Azcón tendrá que llegar a algún tipo de acuerdo con Vox, salvo que diese la campanada de obtener una mayoría absoluta, posibilidad que no le da ninguna de las encuestas publicadas.
Ambos partidos han acabado la campaña aragonesa fuertemente enfrentados, a cara de perro. Santiago Abascal acusó el viernes a Alberto Núñez Feijóo de utilizar la «guerra sucia» contra Vox y de esparcir «mensajes ridículos contra Vox para que no se hable de su estafa y para que no se hable de su corrupción reciente en Almería o en Alicante», en alusión a varios casos de corrupción política que afectan a los populares.
Después de los comicios del domingo y según todas las encuestas, el actual presidente, Jorge Azcón, dado el candidato de la extrema derecha, Alejandro Nolasco, tendrá que volver a la casilla de salida de hace tres años, pues se trata de quien fue su vicepresidente hasta que un año después Santiago Abascal decidió romper abrupta y unilateralmente todas las coaliciones con el PP, aduciendo su discrepancia sobre el reparto de menores inmigrantes llegados a Canarias entre el resto de comunidades autónomas. Pero el enconamiento de los últimos meses con Abascal, a quien conoce desde el tiempo en que ambos coincidieron en Nuevas Generaciones, la organización juvenil del PP, será un lastre para el actual presidente aragonés a partir del lunes. Al líder de Vox no le sentó nada bien lo que consideró una maniobra artera de Azcón, cuando exigió a Vox la destitución de un asesor del que habían trascendido opiniones pro nazis que, según la versión de Vox, ya se iba a producir sin que lo exigiera el dirigente popular. El enfado llegó al punto de que Abascal sopesó seriamente que, llegado el caso, podría vetar a Azcón como candidato. Aunque a estas alturas ese episodio en concreto parece superado.
Lo cierto es que las encuestas, como la última de Gesop publicada por los diarios de Prensa Ibérica, otorgan una holgada mayoría a la suma de PP y Vox, aunque sin que tampoco se disparen excesivamente los primeros que, según este sondeo apenas podrían mejorar en dos escaños, de 28 a 30, su resultado de 2023, y eso en la horquilla alta, pues en la baja obtendrían el mismo número exacto de representantes en las Cortes aragonesas.
Todo lo contrario que los de Nolasco, que crecerían con cuatro o cinco asientos más en la nueva cámara autonómica. Algo que, como en Extremadura, elevará las exigencias de los de Abascal y su actitud ante la negociación, que en el mencionado caso fue especialmente dura la misma noche electoral y al día siguiente.
La posible desaparición del PAR e incluso la de Teruel Existe reflejan también el crecimiento exponencial de la derecha que, ocurra lo que ocurra después, se evidenciará en las urnas este domingo. Baste observar cómo el candidato de la segunda de esas formaciones, el ex diputado Tomás Guitarte, se ha dejado ver durante la campaña en medios conservadores que en otras ocasiones había rehuido.

La candidata de Podemos-Alianza Verde en Aragón, María Goikoechea, y el ex vicepresidente Pablo Iglesias, durante un mitin el 4 de febrero en Zaragoza. / Ramón Comet / Europa Press
Pugna en la izquierda
La cita de este domingo también será un hito en la pugna abierta a nivel nacional a la izquierda del PSOE. Aragón será la primera parada donde Podemos por un lado, e IU-Sumar por otro, se midan en las urnas en este ciclo electoral, después de la excepción de Extremadura, donde mantuvieron su alianza. Este primer enfrentamiento testará las fuerzas de unos y otros en los prolegómenos de las generales, donde a día de hoy todo apunta a que irán por separado.
Los resultados de este domingo, unidos a los de Castilla y León en mazo y Andalucía en verano, podrán sin embargo llevar a replantear estos planes, ante las pobres expectativas electorales de la división de la izquierda. Aragón es un ejemplo paradigmático. Podemos irrumpió allí en 2015 con 14 diputados, llegando a formar uno de los primeros gobiernos de coalición con el socialista Javier Lambán. Pero desde entonces no ha hecho más que menguar.
En las últimas elecciones, el partido logró un único diputado que terminó rompiendo con la formación. Ahora, las encuestas le sitúan al borde de la desaparición en la región, quedando por debajo de la barrera del 3%, la cifra de voto necesaria para obtener representación.
La dirección nacional se ha echado la campaña al hombro para tratar de asegurar ese escaño y las dos ex ministras de Podemos, Irene Montero y Ione Belarra, han participado en una docena de actos durante la campaña y las semanas previas. En la recta final de campaña llegaron a movilizar al ex vicepresidente Pablo Iglesias a un mitin en Zaragoza.
Mantenerse en las Cortes de Aragón es vital en la estrategia de los morados, conscientes de que quedar sin representación les debilita en la guerra que se abre de aquí a las batallas finales de las generales. Y es por ello que han centrado toda su campaña en Zaragoza, que reparte más de la mitad de los escaños y donde esperan rascar al menos un diputado. Confían para ello en el empuje de la marca nacional en una campaña donde sus críticas al Gobierno han sido el buque insignia y con reproches constantes a todo lo que no consideran la «verdadera izquierda», desde IU a Sumar, pero también ERC o Bildu.
Por otro lado está IU, que nunca ha ido en coalición con Podemos en Aragón, y que en esta ocasión va junto a Movimiento Sumar. Las encuestas parecían premiar en un primer momento esta alianza, otorgándole hasta cinco escaños, pero los últimos sondeos le situaban en uno. Si Montero y Belarra han intensificado su presencia en Zaragoza, los principales dirigentes de Sumar han tenido una presencia más limitada, con un único acto de Yolanda Díaz y mítines de la candidata, Marta Abengochea, con Pablo Bustinduy y Sira Rego.
La idea era hacer desfilar a todos los ministros en campaña, pero finalmente no acudieron ni Mónica García ni Ernest Urtasun, de Más Madrid y Comuns. Los líderes orgánicos de ambas formaciones, Antonio Maíllo y Lara Hernández, sí han intensificado su presencia para intentar vender en campaña los logros del Gobierno. El objetivo pasa por ampliar la representación y tratar de validar su teoría de que la unión de los partidos se traduce en una suma electoral. Una tesis que se someterá a examen este domingo y podrá marcar el camino a las siguientes paradas electorales.
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