La Real está en un estado de felicidad total. La goleada ante el Elche en un Anoeta entregado, con un gran partido pese a venir de una batalla copera el miércoles e ir a otra en cuatro días, y pese a que el rival también generó porque sabe hacerlo, es sólo la constatación de que la ‘RinoReal’ tiene algo. Tiene fútbol, porque está convirtiendo al equipo txuri urdin en un arma letal en el fútbol vertical y rápido, tiene aura, porque ya juega y compite como equipo grande, tiene capacidad de adaptación y reacción porque lo viene demostrando, tiene mucho gol porque promedia 2,13 tantos por encuentro en 2026, y tiene resultados porque continúa sin saber lo que es una derrota y coleccionando grandes triunfos pese al paso de los encuentros y las semanas. Ese estado casi de éxtasis, eso sí, puede ser efímero si el equipo cae en las semifinales de la Copa contra el eterno rival. Es lo que tienen las rivalidades así y lo que ha deparado el sorteo. El miércoles es la primera batalla y, pese a que los derbis no entienden de dinámicas, no hay mejor manera de llegar a semejante cita en San Mamés que con un chute de alegría, energía e ilusión como el vivido ante el Elche en Anoeta en una noche llena de buenas noticias más allá de la lesión de un Sucic que marcó antes de irse roto. La despedida, con vuelta de honor recibiendo el calor del público antes del primer ‘main event’ del curso en Bilbao, habla de la importancia de la cita. Orri Óskarsson, que volvió a marcar, ha sido designado como la ‘superstar’ que lleve a la Real a Sevilla. Que no pare el ‘Café con Ron’.












