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A María Jesús Crespo, la huella del rural en el ADN se la dejaron sus abuelos, que eran ganaderos. La siguiente generación, la de sus padres y sus tíos, ya fue más de asfalto, igual que ella, que desde su Redondela natal acabó haciendo vida en Santiago de Compostela, donde quizás muchos recuerden su rostro en el céntrico Palacio de las Alfombras. Hasta que un día del año 2012 el gen rural volvió a aflorar y María Jesús puso rumbo al norte, hacia la localidad coruñesa de Aranga.

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