A María Jesús Crespo, la huella del rural en el ADN se la dejaron sus abuelos, que eran ganaderos. La siguiente generación, la de sus padres y sus tíos, ya fue más de asfalto, igual que ella, que desde su Redondela natal acabó haciendo vida en Santiago de Compostela, donde quizás muchos recuerden su rostro en el céntrico Palacio de las Alfombras. Hasta que un día del año 2012 el gen rural volvió a aflorar y María Jesús puso rumbo al norte, hacia la localidad coruñesa de Aranga.
«Me fui allí con mi marido, que tenía unas tierras y cuatro ovejas». Con esa decisión, cumplió un sueño y confirmó que el campo y el pastoreo eran su vocación. Hoy tiene un rebaño de más de medio centenar de cabezas, un conjunto mestizo de razas para carne que gestiona con la ayuda de sus mastines. Son pocas reses, pero la base territorial en Aranga, sin concentración parcelaria y fuertemente ‘eucaliptizada’, tampoco le permite crecer mucho más. «Si tengo para darles de comer, amplío hasta 2.000», bromea Crespo, que a sus 58 años no duda en definirse como una «medio profesional» del sector.
Eso no impide, sin embargo, que desde 2025 sea la presidenta de la Asociación de Criadores de Ovino y Caprino de Galicia (Ovica), y antes de la asociación Vélaro, demostrando una enorme pasión por el oficio.
«Yo mis horas de pastoreo no las cambio por nada», reflexiona a pie de prado. «Me pones 3.000 euros al mes por sentarme en una oficina y te digo que no; aunque con las ovejas no gane eso ni en todo el año».
Presentación de la Escuela de Pastores en el Inorde. / Cedida
«La Escuela de Pastores es muy necesaria»
Convencida de que hay más vocaciones como la suya ocultas en Galicia, María Jesús Crespo destaca la importancia de que afloren y de ayudar a todo aquel que quiera emprender en el rural. Y por eso Ovica ideó e impulsó, gracias a un proyecto de La Caixa, la puesta en marcha de una Escuela de Pastores en Galicia, en colaboración con la Consellería do Medio Rural de la Xunta y otras instituciones.
«La escuela es algo muy interesante y era muy necesario», indica. Aunque estos centros ya existen en otras autonomías con más tradición ovina y caprina, en Galicia arrancará por fin este año. Y lo hace con buenas perspectivas, ya que una semana después de su presentación, y sin apenas promoción, ya suma 25 inscritos, desbordando las expectativas más optimistas.
La escuela ofrecerá formación reglada y oficial para formar a los alumnos en la explotación extensiva de ovejas y cabras, desde la gestión empresarial a la sanidad animal, la sostenibilidad, la alimentación, la comercialización… «Se trata de preparar a la gente para trabajar en el siglo XXI», incide Crespo. «No se puede trabajar hoy como lo hacían nuestros abuelos».
Como la escuela combinará 250 horas teóricas en Xinzo de Limia con 320 horas prácticas y residencias en explotaciones asociadas a Ovica en 19 concellos de Ourense (tiene 160 socios en toda Galicia), los alumnos podrán «comprobar, testar, sentir, experimentar y aprender» a ser pastores en todos los aspectos. «Una cosa es aprender en los libros y otra estar en una explotación y manejar el ganado, atender un parto, saber tratar una cojera…». Una prueba de fuego y un filtro definitivo que decidirá si esa persona acaba dedicándose o no al sector ovino y caprino, que tiene en Galicia «mucho más potencial» del que muestran las cifras oficiales.

‘Zar’, pastoreando en Aranga. / Cedida
«No podemos pastorear como en el siglo XV»
La Escuela de Pastores de Galicia de Ovica y Medio Rural no es, en todo caso, una iniciativa con el único fin de crear nuevos puestos de trabajo en el campo, sino que se trata de profesionalizar el sector y dignificar la profesión
«Hay que acabar con ese pensamiento, cuando dices que eres pastora, de ‘pobriño, mira a que se tiene que dedicar‘». «La profesión de pastor debe dignificarse y ganar el respecto de la sociedad», como ya ocurre en otros puntos de España, recuerda María Jesús Crespo. Y eso también pasa por las mejoras laborales: «El pastor debe tener los mismos derechos que cualquier otro trabajador a nivel de conciliación y tiempo libre».
La Escuela de Pastores es el primer paso para ir generando ese ecosistema profesionalizado como el que existe hoy en el vacuno de leche. «No podemos pastorear hoy como en el siglo XV», insiste la presidenta de Ovica, que admite que ella cuida de sus rebaño con el móvil. «Las nuevas tecnologías son clave».

Crespo y el mastín leonés vigilan las ovejas. / Cedida
«El oficio de pastor lleva siglos en la Tierra»
María Jesús Crespo saca sus ovejas a diario. En invierno las guarda de noche, pero en cuanto mejora el tiempo a veces la deja también de noche en fincas bien cerradas, con sus mastines para evitar los ataques del lobo, algo que no siempre logra, lamenta. «Tuve ataques hasta el casa».
Estas y otras cuestiones del día a día son la que aprenderán los alumnos en la Escuela de Pastores. El tiempo dirá si es un éxito y, en caso de serlo, si es efímero o duradero. Potencial hay, porque Galicia tiene terreno, tradición ovina y caprina y fuera existe un mercado emergente para productos como los lácteos o los fermentados de leche de oveja y cabra, además de la carne y, aunque hoy devaluada, también de la lana.
«Hay mucha gente con ganas de hacer cosas y gente joven que quiere empezar. A esa gente hay que ayudarle», argumenta María Jesús Crespo. Hay ejemplos ya en Galicia de grandes explotaciones del sector que incluso necesitan mano de obra cualificada que cuesta encontrar. Pastores, como los que formará la escuela de Xinzo a partir de esta primavera. «Una profesión que lleva siglos en la Tierra y que transmitió su saber de generación en generación», cuenta Crespo desde un monte de Aranga, acompañada por su mastín leonés Zar, con el paraguas y la vara en mano y los ojos puestos en el rebaño.














