El candidato del PP que se juega este domingo la presidencia de Aragón, Jorge Azcón, ha intentado sacudirse la presión del adelanto electoral reconociendo abiertamente que no logrará la mayoría absoluta. En realidad, el tablero político aragonés lo hace casi imposible, como lo demuestra el hecho de que sea la única autonomía sin mayorías absolutas en 43 años. La histórica fragmentación de las Cortes regionales (en el hemiciclo saliente había ocho partidos) y la competencia con Vox le complica mucho el hito al PP. El sueño de Azcón sería crecer lo suficiente como para que le bastase el apoyo de una o varias formaciones minoritarias y, así, dar esquinazo a los ultras. Pero tampoco será un objetivo fácil en unas elecciones que pueden decidirse por un puñado de votos en la provincia emblema de la España vaciada: Teruel.
Siempre que el PSOE no acepte ayudar al PP con su abstención, la única alternativa de Azcón para eludir a Vox sería que la suma con Aragón-Teruel Existe y el Partido Aragonés (PAR) llegase a los 34 escaños que brindan la mayoría absoluta en las Cortes aragonesas. Tanto el CIS como el promedio de las todas las encuestas dejan esa suma en los 31 diputados, pero la encuesta del GESOP para ‘El Periódico de Aragón’ la subía hasta los 33. Cierto es que esos dos posibles socios llegan a las urnas con malas perspectivas. El PAR, el histórico partido bisagra que llegó a presidir la comunidad de 1987 a 1993, podría desaparecer del Parlamento autonómico por primera vez, lastrado más aún por el hecho de que las autonómicas no coincidan con las municipales, donde tienen su cantera electoral. Y a Aragón-Teruel Existe, la marca que enarbola la bandera contra la despoblación, le ha salido mucha competencia en su tierra natal.
El sistema electoral aragonés, reformado por unanimidad en 2022, otorga a los 14 escaños turolenses un valor muy preciado. La explicación es sencilla: esta provincia reparte el 21% de los diputados pese a tener solo el 10% del censo electoral. En estos comicios, en los que votarán 1.036.321 aragoneses, se adjudican 67 diputados: 35 en Zaragoza, 18 en Huesca y 14 en Teruel. El censo zaragozano representa el 73% del total, pero solo decide el 52% del hemiciclo. Y los oscenses eligen al 27% de las Cortes con solo el 17% del censo. La consecuencia de este sesgo es que lograr un diputado en Zaragoza requiere el triple de votos que en Teruel. Con unas 7.500 papeletas ya tienes un escaño en Teruel, mientras que en Zaragoza necesitas más de 21.500.
Hasta cinco de los ocho partidos de las Cortes se disputan los escaños de Teruel, lo que explica que tres cabezas de lista (los de Vox, Aragón-Teruel Existe y PAR) concurran por esa circunscripción, y que haya sido el territorio más visitado por las caravanas electorales. Si en muchos feudos el voto protesta contra PP y PSOE suele concentrarse en Vox, en esta provincia puede acabar en manos de otras formaciones en cuestión de pocas papeletas. De eso puede depender, por ejemplo, que Azcón y Pilar Alegría salven la cara, que los ultras suban más o menos, o que sobrevivan Podemos y PAR.
Por eso la despoblación ha sido uno de los grandes ejes de la campaña: de los 747 municipios de Aragón, 543 tienen menos de 500 habitantes, y 204 tienen menos de 100 habitantes. La densidad de población no llega a los 29 habitantes por km2, frente los 97 de media estatal. El peso del voto rural suaviza la influencia de la otra cara de la moneda: Zaragoza. Más de la mitad de la población de Aragón vive en la capital y su anillo metropolitano. Las últimas citas electorales reflejan una derechización de esta urbe, tradicionalmente más progresista, que medirá bien la resistencia o no del PSOE. De confirmarse un nuevo batacazo, esta vez el golpe también lo recibiría directamente Pedro Sánchez, pues su estrategia de enviar a sus ministros a las autonómicas empezaría con un revés.
‘Aragón es nuestro Ohio‘ es el título de un libro que un grupo de politólogos publicó en 2015 para analizar el comportamiento electoral de España. La conclusión era que, al igual que Ohio suele clavar el resultado de las elecciones en Estados Unidos, Aragón era el termómetro electoral español. La incógnita actual es si mantiene esa condición una década después. Los politólogos advierten de que el contexto político ha cambiado mucho (por ejemplo, hay menos bipartidismo y más abstención) y no se pueden hacer las mismas extrapolaciones. Pero unos u otros las harán. Seguro.
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